Imagenes de Pasion para Mi Esposo
Me miro en el espejo del baño, con el vapor del agua caliente aún flotando en el aire como un velo misterioso. Mi piel brilla, suave y tibia, después de la ducha. Hoy es el día, mi amor. Quiero que sientas el fuego que arde dentro de mí solo para ti. Imagenes de pasion para mi esposo, pienso mientras me unto loción de vainilla y jazmín, ese aroma que tanto te gusta, dulce y embriagador, que se pega a la piel como una promesa.
Estamos casados hace cinco años, tú y yo, en esta casita en las afueras de Guadalajara, con su jardín de bugambilias que florecen como mi deseo por ti. Eres mi rey, mi chulo, el que me hace temblar con solo una mirada. Últimamente, con tu trabajo en la fábrica llevándote temprano y trayéndote tarde, hemos tenido poco tiempo para nosotros. Pero hoy, neta, voy a cambiar eso. Te mando unas fotitos que te van a volver loco, y cuando llegues, te espero lista para devorarte.
Me pongo el conjunto de lencería roja que compré en el mercado de San Juan de Dios, encaje fino que abraza mis curvas como tus manos fuertes. El sostén deja ver justo lo suficiente, mis pezones ya duros de anticipación, rozando la tela con cada respiración. La tanguita se hunde entre mis nalgas, un secreto húmedo que palpita por ti. Me paro frente a la cámara del celular, ángulo perfecto: una mano en la cadera, la otra levantando el pelo, labios entreabiertos en una invitación silenciosa. Click. La imagen captura el brillo en mis ojos, el rubor en mis mejillas. Te la mando con un mensaje: "Para mi rey, pensando en ti todo el día".
Tu respuesta llega en segundos: "¡Órale, mi reina! Ya me tienes parado aquí en el camión. Aguanta, llego en una hora y te como viva". Sonrío, el corazón latiéndome fuerte, un cosquilleo bajando por mi espinazo hasta el centro de mi ser. Me imagino tu verga endureciéndose bajo los pantalones, esa forma gruesa que conozco de memoria, venosa y caliente. El deseo me moja ya, un calor líquido que empapa la tela.
Para la segunda imagen, me recuesto en nuestra cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi piel ardiente. Levanto una pierna, dejando que la cámara enfoque el triángulo rojo entre mis muslos, mis dedos rozando apenas el borde. El flash ilumina el cuarto, y el sonido del obturador es como un susurro pecaminoso. Te la envío: "Ven por más, mi amor". Tu reply: "Pendejo el jefe por no dejarme salir ya. Te voy a chingar hasta que grites". Río bajito, el sonido vibrando en mi pecho, mientras mi mano baja sola, tocándome suave, círculos lentos sobre el clítoris hinchado. Huele a sexo en el aire, a mi excitación mezclada con la loción.
La tercera es la más atrevida. Me quito el sostén, mis tetas liberadas, redondas y pesadas, pezones oscuros erguidos como picos listos para tu boca. Apoyo la espalda contra la cabecera, piernas abiertas, tanguita corrida a un lado revelando mi panocha rosada, labios hinchados y brillantes de jugos. Click. El espejo del armario refleja mi rostro extasiado, mordiéndome el labio. Mensaje: "Esta es tuya, espósito. Date prisa". Tu voz en nota de audio: "¡Ay, wey, mi morra! Ya cerré temprano. En 20 minutos estoy ahí. Prepárate". Mi pulso se acelera, un tambor en mis oídos, el vientre contrayéndose en espasmos de anhelo.
Me levanto, el piso de loseta fría bajo mis pies descalzos contrastando con el fuego interno. Prendo velas de vainilla alrededor de la cama, su luz parpadeante bailando en las paredes color crema. Pongo música de fondo, un corrido romántico de Los Tigres del Norte, bajo, sensual, con esa guitarra que rasga el alma. Rocío pétalos de rosa en las sábanas, su perfume intenso invadiendo el cuarto. Me miro una vez más: pelo suelto en ondas salvajes, maquillaje smoky eyes que grita sexo, labios rojos como mi lencería.
La puerta se abre y ahí estás, mi esposo, alto y moreno, con esa barba de tres días que me raspa delicioso. Tus ojos se clavan en mí como dagas de fuego, recorriendo mi cuerpo desnudo salvo por la tanguita. "¡Mira nada más qué imagenes de pasion para mi esposo me mandaste!", dices con voz ronca, cerrando la puerta de un golpe. Te quitas la camisa, revelando ese pecho musculoso de tanto trabajo, vello oscuro que quiero lamer. Avanzas, y yo retrocedo juguetona hasta la cama.
Primera acto de pasión: Tus manos me atrapan las muñecas, presionándome contra el colchón. Tu boca devora la mía, lengua invadiendo, saboreando a menta de tu chicle y a mi gloss de fresa. Gemidos se escapan, sonidos húmedos de besos voraces. Hueles a sudor limpio del día, a hombre, a mío. "Te extrañé tanto, mi reina", murmuras contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible, enviando chispas directas a mi clítoris.
Libero mis manos y te bajo los pantalones. Tu verga salta libre, dura como piedra, goteando precúm que lamo ansiosa, salado y almizclado en mi lengua. "¡Qué rica verga tienes, carnal!", digo, chupándola profunda, garganta relajada por práctica, tus gemidos roncos como música. Tus dedos se enredan en mi pelo, guiándome, pero suave, siempre consensual, siempre nuestro ritmo.
Escalada: Me volteas boca abajo, nalgas en pompa. Sientes mi calor cuando separas mis labios, "Estás chorreando, mi amor". Dos dedos entran, curvándose en mi punto G, salpicando jugos en tus nudillos. Grito tu nombre, "¡Juan, sí, así!", caderas moviéndose solas. El sonido es obsceno, chapoteos en el silencio roto por nuestras respiraciones agitadas. Me volteas de nuevo, entras de un empujón lento, estirándome delicioso, paredes apretándote como guante.
El ritmo crece, embestidas profundas, pelotas golpeando mi culo. Sudor perla tu frente, gotea en mis tetas que rebotan con cada choque. Rozo mis pezones contra tu pecho, fricción eléctrica.
"Más fuerte, mi rey, hazme tuya", suplico en tu oído, mordiendo el lóbulo. Aceleras, gruñendo, "¡Te voy a llenar, morra!". El orgasmo me arrasa primero, olas convulsivas, uñas clavadas en tu espalda, gritando incoherencias en mexicano puro: "¡Ay, cabrón, me vengo!".
Tú sigues, prolongando mi placer con roces en el clítoris, hasta que explotas dentro, chorros calientes bañando mis profundidades, tu cuerpo temblando sobre el mío. Colapsamos, enredados, piel pegajosa, corazones galopando al unísono. El aroma a sexo impregna todo, vainilla quemada de las velas, nuestros jugos mezclados.
En el afterglow, me acurruco en tu pecho, tu brazo protector alrededor. "Esas imagenes de pasion para mi esposo fueron el detonante perfecto", dices riendo bajito, besando mi frente. Yo sonrío, trazando círculos en tu piel. "Y esto es solo el principio, mi amor. Mañana más". El mundo afuera puede esperar; aquí, en nuestra cama, somos eternos, pasión infinita como las bugambilias del jardín.