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Pasion Vaginal Com Desbordante

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Pasion Vaginal Com Desbordante

En el calor bochornoso de una noche veraniega en Playa del Carmen, el aire olía a sal marina mezclada con el dulce aroma de las buganvillas que trepaban por las paredes de nuestra cabaña rentada. Yo, Ana, una morra de veintiocho años con curvas que volvían locos a los vatos, acababa de llegar de un día en la playa con mi carnal, no, con mi amor, Javier. Él era ese tipo alto, moreno, con ojos que te desnudaban antes de que te quitaras la ropa. Habíamos estado casados dos años, pero esa noche algo en el aire nos picaba diferente. Neta, wey, pensé mientras me quitaba el pareo, quiero que me coja como nunca.

Javier entró al cuarto con una cerveza en la mano, su piel bronceada brillando bajo la luz tenue de las velas que había encendido. "Órale, mi reina, ¿lista pa'l desmadre?", me dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel. Me acerqué, sintiendo el roce de mis pezones endurecidos contra la tela ligera de mi bikini. Nuestros labios se encontraron en un beso salado, con gusto a mar y a deseo acumulado. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. ¡Ay, cabrón, ya me tienes mojada!, grité en mi mente mientras su lengua exploraba mi boca, saboreando el tequila de su aliento.

Nos dejamos caer en la cama king size, con sábanas de algodón fresco que contrastaban con el calor de nuestros cuerpos. Javier me miró fijo, sus ojos negros como pozos de pasión. "Ana, hoy vi un sitio chingón en el cel, se llama pasion vaginal com, puro fuego pa' inspirarnos". Reí bajito, sintiendo un cosquilleo en el vientre. No era la primera vez que jugábamos con ideas locas de internet, pero esa noche prometía. Sus dedos trazaron un camino lento desde mi cuello hasta el borde de mi bikini inferior, rozando la piel sensible de mi monte de Venus. El sonido de las olas rompiendo afuera se mezclaba con mi respiración agitada, como un ritmo que nos guiaba.

Empecé a desvestirlo, quitándole la camisa con urgencia contenida. Su pecho musculoso olía a protector solar y sudor varonil, un perfume que me volvía loca. Lamí su piel, saboreando la sal, mientras mis uñas arañaban suavemente su abdomen marcado. Él gimió, un sonido gutural que vibró en mi clítoris. "Eres una diosa, mi amor", murmuró, y me volteó boca arriba. Con delicadeza, desató mi bikini, exponiendo mis tetas llenas al aire cálido. Sus labios capturaron un pezón, chupándolo con succión experta, enviando descargas eléctricas directo a mi coño.

¡Qué rico, no pares, pendejo caliente!
, pensé, arqueando la espalda.

La tensión crecía como una tormenta en el Caribe. Javier bajó más, besando mi ombligo, mi pelvis, hasta llegar al triángulo de vello recortado. El aroma de mi excitación llenaba el cuarto, almizclado y dulce, invitándolo. Separó mis muslos con manos temblorosas de anticipación, y su aliento caliente rozó mis labios vaginales hinchados. "Mírate, tan húmeda pa' mí", dijo, y metió la lengua plana, lamiendo desde el perineo hasta el clítoris en una caricia larga. Grité, el placer agudo como un latigazo. Mis jugos lo cubrían, y él los sorbía con avidez, el sonido chapoteante mezclándose con mis jadeos. Pasion vaginal com, recordé sus palabras, y sí, era eso: pura pasión en mi centro, latiendo por él.

Pero no quería correrme aún. Lo jalé del pelo, poniéndolo de rodillas. Saqué su verga dura como piedra de los boxers, venosa y palpitante, oliendo a macho puro. La masturbé lento, sintiendo su grosor en mi palma, el calor irradiando. "Ahora tú me das, wey", le ordené juguetona. Él se recostó, y me subí encima, frotando mi raja mojada contra su tronco. El roce era eléctrico, mi clítoris deslizándose en su piel suave. Gemí fuerte, el sudor perlando mi frente, goteando en su pecho. Nuestros ojos se clavaron: el suyo lleno de hambre, el mío de poder femenino.

La intensidad subía. Bajé despacio, empalándome en su pija centímetro a centímetro. Sentí cada vena estirando mis paredes internas, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, Diosito, qué chido! El estiramiento ardía delicioso, mi coño apretándolo como un guante caliente. Empecé a mover las caderas en círculos, sintiendo su glande besando mi cervix. Javier gruñía, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones. El slap-slap de piel contra piel resonaba, sincronizado con las olas. Olía a sexo crudo, a jugos mezclados, a nosotros dos fundidos.

Internamente, luchaba con el placer abrumador. No tan rápido, Ana, hazlo durar, me dije, mientras aceleraba el ritmo. Él se incorporó, abrazándome, y rodamos. Ahora él encima, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi culo. Cada thrust era un estallido: el roce interno, el roce de clítoris contra su pubis. Sudábamos como locos, piel resbaladiza, bocas chocando en besos desordenados. "Te amo, mi reina, tu pasion vaginal com me mata", jadeó, y eso me encendió más. Mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas de pasión.

El clímax se acercaba como un tren. Cambiamos a perrito: yo de rodillas, culo en pompa, él detrás penetrándome con furia controlada. Sentía su verga curvándose justo en mi punto G, frotando sin piedad. El sonido de mis gritos era animal, el cuarto temblaba con nosotros. "¡Córrete conmigo, cabrón!", exigí. Él aceleró, su mano bajando a mi clítoris, frotando en círculos rápidos. El orgasmo me golpeó como una ola gigante: contracciones violentas en mi coño, ordeñando su pija, jugos squirteando. Él rugió, llenándome con chorros calientes, su semen mezclándose con mis fluidos, goteando por mis muslos.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de sudor y placer. El aire olía a clímax cumplido, a paz post-sexo. Javier me besó la nuca, su verga aún semi-dura dentro de mí, pulsando suave.

Eso fue épico, neta. Pasion vaginal com en su máxima expresión
, pensé, sonriendo. Nos quedamos así, escuchando el mar, sintiendo nuestros corazones latir al unísono. Mañana volveríamos a la playa, pero esta noche era nuestra, eterna en la memoria. Él era mi todo, y yo la suya: pasión desbordante, vaginal y total.

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