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Pasión y Muerte de Jesús Resumen Carnal

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Pasión y Muerte de Jesús Resumen Carnal

La noche de Jueves Santo envolvía la casa en Guadalajara con un calor pegajoso, como si el aire mismo estuviera cargado de secretos. Yo, Ana, estaba sola en la sala, con el ventilador zumbando perezosamente sobre mi cabeza. Afuera, las procesiones lejanas resonaban con tambores y murmullos de matrices devotas, pero adentro, mi mente bullía con algo más profano. Había pasado la tarde buscando en internet un pasion y muerte de jesus resumen, pensando en refrescar mi fe católica de toda la vida. Pero lo que encontré fue un texto que me revolvió las tripas de una forma que no esperaba: descripciones del sufrimiento de Cristo que, en mi cabeza cachonda, se retorcían en imágenes de cuerpos entrelazados, sudor y éxtasis.

Me recosté en el sofá de cuero suave, con las piernas abiertas descaradamente, sintiendo cómo el aire fresco lamía mi piel bajo la falda corta. El olor a incienso de la iglesia vecina se colaba por la ventana, mezclándose con mi propio aroma almizclado que empezaba a despertar. ¿Por qué carajos esto me prende tanto? pensé, mientras mis dedos rozaban el borde de mis panties. La pasión de Jesús, ese resumen que leí, hablaba de flagelación y coronas de espinas, pero yo lo veía como caricias ásperas, mordidas que duelen rico. Mi carnal, Luis, llegaría en cualquier momento del trabajo. Él era el único que sabía cómo canalizar mi fuego interno sin quemarnos.

La puerta se abrió con un chirrido familiar, y ahí estaba él, alto y moreno, con la camisa pegada al pecho por el sudor de la calle. "¡Qué onda, mamacita! ¿Ya estás en tus chingaderas religiosas?" dijo riendo, quitándose los zapatos con un movimiento chido. Le conté del pasion y muerte de jesus resumen que me había puesto caliente, y sus ojos se iluminaron con esa picardía mexicana que tanto me gustaba. "Órale, pues hagamos nuestro propio resumen, pero versión carnal", murmuró acercándose, su aliento a cerveza y tabaco fresco rozando mi cuello.

Esto va a ser la buena, Ana. Deja que te flagelé con mis besos hasta que grites como en la cruz.

Su voz grave me erizó la piel, y sentí un pulso acelerado entre las piernas. Me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome a la recámara donde las velas de parafina ardían con una luz temblorosa, proyectando sombras danzantes en las paredes blancas. El colchón king size nos recibió mullido, y él me tumbó con gentileza, pero firme, como un dominador juguetón. "Consiente que te haga mía esta noche, mi reina", susurró, y yo asentí, empoderada en mi deseo mutuo.

Empezó despacio, besando mi cuello con labios calientes y húmedos, el sabor salado de su sudor en mi lengua cuando lo lamí. Sus manos grandes exploraban mis curvas, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. Pendejo delicioso, pensé, arqueándome contra él. El sonido de su respiración agitada se mezclaba con el zumbido del ventilador y los cohetes lejanos de la procesión. Desabotonó mi blusa, liberando mis tetas llenas que rebotaron libres; él las tomó en sus palmas ásperas de mecánico, pellizcando los pezones hasta que dolieron placenteramente, como espinas que pinchan pero excitan.

"Recuérdame ese resumen que leíste", jadeó mientras bajaba por mi vientre, su barba raspando mi piel sensible. Le conté entre gemidos: la traición en el huerto, el beso de Judas que en mi mente era un beso traicionero pero ardiente. Él rio bajito y metió la cabeza entre mis muslos, inhalando profundo. "Hueles a pecado puro, chula", gruñó, y su lengua caliente trazó mi raja húmeda, saboreando mi jugo dulce y salado. Sentí cada lamida como un latigazo de placer, mi clítoris hinchándose bajo su atención experta. Mis uñas se clavaron en su espalda musculosa, dejando marcas rojas que él adoraba.

La tensión crecía como una tormenta de verano en Jalisco. Me volteó boca abajo, y el peso de su cuerpo sobre el mío era una corona pesada pero deseada. Sus dedos juguetearon con mi ano, untados en mi propia humedad, mientras su verga dura, gruesa y venosa, rozaba mis nalgas. "Dime si quieres parar, mi amor", siempre chequeando, siempre respetuoso. "¡No, cabrón, métemela ya!", rogué, y él obedeció, empujando lento al principio, el estiramiento ardiente llenándome por completo. El sonido húmedo de piel contra piel llenó la habitación, junto con mis alaridos ahogados: "¡Más fuerte, como si me crucificaras de placer!".

Nos movíamos en ritmo frenético, su pelvis chocando contra mi culo con palmadas sonoras. Sudor goteaba de su frente a mi espalda, caliente y pegajoso, mientras yo apretaba mis paredes internas alrededor de su pija palpitante. En mi mente, el pasion y muerte de jesus resumen se transformaba: el vía crucis era nuestro coito interminable, cada embestida un paso cargado de éxtasis. Él me volteó de nuevo, cara a cara, para mirarnos a los ojos. "Eres mi Virgen María hecha puta santa", dijo con voz ronca, y yo reí entre jadeos, sintiendo el orgasmo aproximarse como la muerte misma.

La escalada fue brutal. Sus bolas peludas golpeaban mi perineo, el olor a sexo crudo impregnaba el aire, mezclado con el jazmín del jardín que entraba por la ventana entreabierta. Mis pezones rozaban su pecho velludo, chispas de placer eléctrico. Me voy a morir en sus brazos, pensé, recordando esa "pequeña muerte" del clímax. Él aceleró, gruñendo como animal: "¡Ven conmigo, pinche diosa!". El mundo se nubló; mi concha se contrajo en espasmos violentos, chorros de placer mojando las sábanas. Él explotó dentro, su leche caliente inundándome, pulso tras pulso, hasta que colapsamos exhaustos.

En el afterglow, yacíamos enredados, el corazón latiéndonos a mil por hora calmándose poco a poco. Su mano acariciaba mi cabello revuelto, y el sabor de nuestros besos post-sexo era a sal y satisfacción. Afuera, las campanas de la catedral tañían la medianoche, anunciando la muerte de Jesús, pero para nosotros era renacer. "Ese resumen tuyo nos salvó la noche, carnala", murmuró él, y yo sonreí, sintiendo una paz profunda, empoderada en nuestra conexión.

Nos quedamos así hasta el amanecer, con el sol filtrándose rosado, oliendo a promesas nuevas. La pasión y la muerte, en su versión carnal, nos unían más que cualquier rezo. Y yo sabía que la próxima Semana Santa, buscaría otro pasion y muerte de jesus resumen para encender el fuego de nuevo.

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