Abismo de Pasion Capitulo 106 Fuego en el Alma
El sol del atardecer en Puerto Vallarta teñía el cielo de tonos naranjas y rosados, como si el mismo mar Caribe conspirara para encender la pasión. Elisa caminaba por la playa desierta, el arena tibia aún bajo sus pies descalzos, oliendo a sal y a yodo. Llevaba un vestido ligero de algodón blanco que se pegaba a su piel sudada por el calor húmedo del Golfo. Hacía meses que no veía a Damián, su amor de toda la vida, el hombre que la hacía temblar con solo una mirada. ¿Y si esta vez es diferente? pensó, mientras el viento jugaba con su cabello negro y largo.
Damián la esperaba en la cabaña de palafitos que habían rentado para escaparse del bullicio de Guadalajara. Él, con su camisa desabotonada dejando ver el pecho moreno y musculoso, bronceado por horas bajo el sol trabajando en su taller de esculturas. Cuando la vio llegar, su corazón latió fuerte, como tambores taquileros en una fiesta patronal.
¡Órale, qué chula se ve mi reina! Esa piel canela brillando como miel fresca.Se acercó despacio, el olor a coco de su loción mezclándose con el aroma salino del aire.
—Mi vida —murmuró él, tomándola de la cintura con manos callosas pero tiernas—. Te extrañé tanto que duele aquí adentro.
Elisa se derritió en sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Sus labios se encontraron en un beso suave al principio, probando el sabor salado de la piel, el dulzor de la fruta que él había comido antes. La tensión acumulada de meses separados se encendía como yesca seca. Ella deslizó las manos por su espalda, arañando levemente, oyendo su gemido ronco que vibraba en su pecho.
Entraron a la cabaña, donde el ventilador zumbaba perezosamente moviendo el aire cargado de jazmín del jardín. La cama king size con sábanas de lino blanco los invitaba, deshecha como si supiera lo que vendría. Damián la recostó con cuidado, besando su cuello, inhalando el perfume natural de su sudor mezclado con vainilla de su crema. Esto es nuestro abismo de pasion capitulo 106, pensó ella, recordando cómo siempre numeraban sus encuentros apasionados como capítulos de su telenovela privada.
En el principio de su historia, todo había sido inocente: miradas en la plaza, bailes en las ferias. Ahora, en este capítulo, el deseo rugía como el mar en tormenta. Sus dedos exploraban mutuamente, quitando ropa con urgencia contenida. El vestido de ella cayó al piso con un susurro suave, revelando sus curvas generosas, pechos firmes coronados de pezones oscuros que se endurecían al aire fresco. Damián se quitó la camisa, sus abdominales contraídos por la anticipación, el bulto en sus shorts boxer traicionando su excitación creciente.
—Qué rico hueles, nena —dijo él, lamiendo la curva de su hombro, saboreando la sal—. Quiero comerte entera.
Elisa rio bajito, un sonido gutural y sensual, jalándolo hacia ella. Sus lenguas danzaban, húmedas y calientes, mientras manos vagaban. Ella sintió su erección presionando contra su muslo, dura como madera de roble, palpitante.
¡Ay, carnal, cómo me pones! Este fuego no se apaga nunca.Él bajó la boca a sus senos, succionando un pezón con delicadeza al principio, luego con hambre, mordisqueando lo justo para hacerla arquear la espalda. El placer era un cosquilleo eléctrico que bajaba por su espina hasta su centro húmedo.
La tensión crecía con cada caricia. Damián deslizó la mano entre sus piernas, encontrándola empapada, resbalosa de jugos que olían a almizcle femenino, embriagador. Sus dedos juguetearon con el clítoris hinchado, círculos lentos que la hacían jadear, el sonido de su respiración agitada llenando la habitación junto al rumor lejano de las olas. Elisa lo tocó a su vez, metiendo la mano en sus shorts, agarrando su verga gruesa, venosa, sintiendo cómo latía en su palma. La piel era suave sobre la dureza, el prepucio retrayéndose para mostrar el glande brillante de precúm.
—Te quiero dentro, ya, mi rey —suplicó ella, voz ronca de necesidad.
Pero él, pícaro, la hizo esperar. La volteó boca abajo, besando su espalda, lamiendo la hendidura de sus nalgas redondas y firmes. El olor a sexo puro lo volvía loco. Separó sus piernas, hundiendo la cara entre ellas, lengua ávida lamiendo labios vaginales hinchados, saboreando su esencia dulce y salada. Elisa gemía alto, ¡chinga, qué rico!, empujando las caderas contra su boca, el placer acumulándose como ola gigante. Sus bolas se tensaban contra su barbilla, listas para explotar.
El conflicto interno de Damián era dulce: quería prolongar esta delicia eterna, pero el abismo de pasión los jalaba al borde.
Si me corro ya, ¿qué? No, aguántate, hazla volar primero.Volteó de nuevo, posicionándose. Ella lo guio, frotando la punta contra su entrada resbaladiza. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gruñeron al unísono, sintiendo la fricción ardiente, el calor envolvente. Él llenaba cada rincón, pulsando dentro.
Comenzaron a moverse, ritmo lento al principio, piel contra piel chapoteando sudor. El colchón crujía bajo ellos, sábanas enredándose. Elisa clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas que él adoraba. Más fuerte, cabrón, pedía en silencio, y él obedecía, embistiendo profundo, golpeando su punto G con precisión. El sonido era obsceno: carne chocando, jugos chorreando, gemidos mezclados con ¡ay, sí! ¡órale!. Olía a sexo crudo, sudor, feromonas mexicanas puras.
La intensidad escalaba. Él la levantó, sentándola a horcajadas, ella cabalgando como jinete en palenque. Sus tetas rebotaban hipnóticas, él las amasaba, pellizcando pezones. Elisa sentía el orgasmo acercándose, un nudo apretado en el vientre, pulsos acelerados en oídos como mariachi furioso.
Este es el clímax de nuestro abismo de pasion capitulo 106, no hay vuelta atrás.Gritó su nombre, contrayéndose alrededor de él, chorros calientes mojando sus pelvis unidos.
Damián no aguantó más. Con un rugido gutural, ¡me vengo, mi amor!, se vació dentro, semen espeso y caliente inundándola, pulsación tras pulsación. Colapsaron juntos, jadeantes, corazones galopando al unísono. El afterglow era paz profunda: él besando su frente sudada, ella acurrucada en su pecho velludo, oliendo su esencia masculina.
—Eres mi todo, Elisa. Cada capítulo contigo es mejor que el anterior —susurró él, acariciando su cabello.
Ella sonrió, saboreando el beso post-sexo, salado y tierno. Abismo de pasion capitulo 106: el que nos une para siempre. Afuera, la noche caía suave, estrellas testigos de su amor eterno, mientras el mar susurraba promesas de más capítulos ardientes.