Relatos
Inicio Erotismo Pasion de Gavilanes Capitulo 85 Fuego en la Hacienda Pasion de Gavilanes Capitulo 85 Fuego en la Hacienda

Pasion de Gavilanes Capitulo 85 Fuego en la Hacienda

6756 palabras

Pasion de Gavilanes Capitulo 85 Fuego en la Hacienda

El sol se ponía sobre la hacienda Los Gavilanes tiñendo el cielo de rojos y naranjas que parecían llamas vivas. Tú, Gabriela, caminas por el corral con el corazón latiéndote como tambor de fiesta. El aire huele a tierra húmeda después de la lluvia de la tarde, mezclado con el aroma dulce del agave que crece silvestre al borde del terreno. Tus botas crujen sobre la grava y cada paso te acerca más a él, a Javier, el Gavilán, como todos lo llaman por esa mirada afilada y ese cuerpo fuerte que parece tallado en roble mexicano.

Han pasado meses desde la última vez que se vieron. Tú eres la dueña de esta tierra fértil, viuda desde hace dos años, y él, el capataz que regresó de trabajar en el norte con más músculos y menos paciencia para las miradas que te lanzaba de reojo. Órale, Gabriela, ¿por qué carajos no lo mandas al diablo si te pone así de caliente? piensas mientras ves su silueta recortada contra el horizonte, ajustándose el sombrero vaquero. Pero no puedes. Ese hombre te despierta algo primitivo, un fuego que te quema las entrañas.

Esto es como Pasion de Gavilanes Capitulo 85, esa novela que veíamos de morros, donde los hermanos Reyes se comían con los ojos a las hermanas Reyes. Solo que aquí no hay venganza, solo puro deseo que me moja las piernas.

Javier se gira y te ve venir. Sus ojos oscuros brillan como carbones encendidos. —Mamacita —dice con esa voz ronca que te eriza la piel—, ¿qué haces aquí tan solita? El corral ya está vacío, los peones se fueron a cenar.

Tú te detienes a unos pasos, sintiendo el pulso acelerado en el cuello. El viento trae su olor: sudor limpio mezclado con cuero y tabaco. —Vine por ti, wey. No aguanto más verte de lejos como si fueras un sueño.

Él suelta una risa baja, gutural, que vibra en tu pecho. Se acerca despacio, como un gavilán cazando, y te toma de la cintura con manos callosas que conocen el trabajo duro. Su toque es eléctrico, quema a través de tu blusa de algodón. —¿Y tu orgullo, reina? ¿Se lo tragó la tierra?

Tú levantas la cara, tus labios rozan los suyos apenas. —Al diablo el orgullo. Solo quiero sentirte dentro de mí, Javier. Como en esas noches que soñamos.

Acto primero cerrado. El beso llega como tormenta. Sus labios son firmes, con sabor a cerveza fría y a hombre de verdad. Tú gimes bajito, enredando los dedos en su cabello negro revuelto. Él te aprieta contra la cerca de madera, el roce áspero contra tu espalda despierta nervios dormidos. Lenguas que bailan, húmedas y urgentes, el sonido de respiraciones jadeantes rompiendo el silencio del atardecer. Grillos cantando de fondo, un caballo relinchando lejano. Todo sensorial, todo vivo.

Él te levanta sin esfuerzo, tus piernas se envuelven en su cadera. —Eres un demonio, Gabriela —murmura contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. Sientes su erección dura presionando entre tus muslos, a través de los jeans. Qué rico, piensas, el calor subiendo desde tu centro como lava.

Pero no aquí. Javier te baja y te toma de la mano, corriendo hacia la caballeriza abandonada al fondo de la hacienda. El aire dentro es cálido, huele a heno fresco y a caballos que ya no están. Él cierra la puerta con un tablón, y en la penumbra solo iluminada por la luz que se filtra por las rendijas, te empuja contra un montón de paja suave.

Acto segundo. La escalada. Javier se arrodilla frente a ti, sus manos suben por tus piernas, desabrochando despacio los botones de tu falda vaquera. —Déjame verte, chula. Quiero olerte, probarte. Tú asientes, el corazón retumbando. Él baja tu ropa interior, el aire fresco besa tu intimidad húmeda. No mames, qué mojada estás ya, dice con voz ronca, y su aliento caliente te hace arquear la espalda.

Su lengua toca primero, un roce ligero como pluma sobre tu clítoris hinchado. Gimes fuerte, agarrando su cabeza. Él lame despacio, saboreando cada gota de tu excitación, que sabe salada y dulce como tequila con limón. Circulos, chupadas suaves, dedos que se hunden en ti explorando paredes calientes y palpitantes. Tú sientes cada nervio encendido, el placer subiendo en olas.

¡Virgen de Guadalupe, este pendejo sabe lo que hace! Me va a matar de gusto.

Pero quieres más. Lo jalas arriba, desabrochando su camisa. Su pecho ancho, cubierto de vello oscuro, brilla con sudor. Lo besas ahí, lamiendo el sabor salado de su piel. Tus manos bajan a su cinturón, liberando su verga gruesa y venosa, que salta dura como hierro. La tocas, sientes el pulso en tus palmas, el calor que emana. —Te quiero adentro, Gavilán. Fóllame ya.

Él gruñe, un sonido animal que te excita más. Te voltea de espaldas sobre la paja, levantando tu falda. Entras en él de un empujón lento, milimétrico, estirándote deliciosamente. Qué chingón se siente, lleno, profundo. Empieza a moverse, embestidas firmes que te hacen jadear. El sonido de carne contra carne, húmedo y obsceno, llena el espacio. Sudor goteando, mezclándose, olores de sexo crudo y heno. Tú empujas hacia atrás, clavando uñas en sus muslos. Ritmo que acelera, respiraciones sincronizadas en gemidos.

Interno: luchas con el placer abrumador. No pares, cabrón, dame todo. Él te gira de frente, piernas sobre sus hombros, penetrando más hondo. Ojos en ojos, almas conectadas en este baile primitivo. Besos mordidas, pechos rozando su torso. El clímax se acerca, tensión en espiral. Tus paredes lo aprietan, él hinchándose dentro. —Vente conmigo, Gabriela —ordena, y explotas. Oleadas de éxtasis sacudiendo tu cuerpo, grito ahogado que sale del alma. Él se corre segundos después, chorros calientes llenándote, gruñendo tu nombre como oración.

Acto tercero. Afterglow. Caen juntos sobre la paja, jadeando, cuerpos entrelazados pegajosos de sudor y fluidos. El aire se enfría, pero su calor te envuelve. Javier acaricia tu cabello, besando tu frente. —Eres mi hacienda, mi todo, susurra. Tú sonríes, el corazón lleno, el cuerpo saciado pero con eco de deseo.

Se visten despacio, risas bajitas, promesas de más noches. Salen a la noche estrellada, mano en mano. La hacienda duerme, pero en ti arde el recuerdo.

Esto fue nuestro Pasion de Gavilanes Capitulo 85, pero con final feliz y orgasmos de verdad. ¿Habrá capítulo 86? Claro que sí, órale.

El viento nocturno lleva el aroma de jazmines del jardín, y caminan hacia la casa grande, listos para lo que venga. El fuego no se apaga; solo espera la chispa siguiente.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.