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Pasión Telenovela Online Desatada

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Pasión Telenovela Online Desatada

Estaba recostada en mi cama king size de mi depa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a sábanas frescas de lavanda invadiendo la habitación. La noche caía pesada sobre la Ciudad de México, con ese ruido lejano de cláxones y murmullos de la calle que se colaban por la ventana entreabierta. Tenía mi laptop en las piernas, el brillo de la pantalla iluminando mi cara mientras daba play a Pasión Telenovela Online, esa serie web mexicana que me tenía enganchada como adicta al chile en nogada. El galán, Alejandro, con su mirada de fuego y ese cuerpo tallado a puro gym, aparecía en la pantalla besando a la protagonista en una hacienda lujosa. Sus labios se devoraban con hambre, las manos explorando curvas bajo la blusa vaporosa. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando directo a mi entrepierna. ¿Por qué carajos esta serie me pone tan caliente? me dije, mientras mis dedos rozaban mi piel desnuda bajo el camisón de satén.

La escena escalaba: ella gemía bajito, él le mordisqueaba el cuello, el sonido de sus respiraciones agitadas saliendo de los speakers como si estuvieran ahí conmigo. Mi mano se coló entre mis muslos, tocando esa humedad que ya se acumulaba. Olía a mi propia excitación, ese aroma dulce y salado que me volvía loca. Pero no era suficiente. Quería más. Cerré los ojos un segundo, imaginando que era yo la que Alejandro levantaba en brazos, su boca caliente en mi piel. Cuando volví a abrirlos, vi el chat de la plataforma parpadeando. Un usuario nuevo, AlexPassion87, escribía: "¿Te prende tanto como a mí esta escena, nena?" Sonreí, mordiéndome el labio. Tecleé rápido: "Sí, güey, me tiene mojadísima. ¿Tú quién eres?"

Él respondió al instante: "Alguien que quiere hacerla realidad. Dime qué sientes viendo a Alejandro..."

Empecé a chatear con él, las palabras fluyendo como tequila en una fiesta. Le conté cómo mi clítoris palpitaba con cada beso en pantalla, cómo mis pezones se endurecían contra la tela. Él describía lo que me haría, su voz imaginaria ronca en mi cabeza. "Te lamería despacito hasta que grites mi nombre", escribió. Mi corazón latía a mil, el pulso retumbando en mis oídos. Seguimos viendo Pasión Telenovela Online juntos, comentando cada gemido, cada roce. Era como si la serie nos uniera en una red de deseo invisible. Al final del capítulo, propuse: "¿Y si nos vemos? Hotel Marquis Reforma, mañana a las 8." Su respuesta: "Allá estaré, mi pasión." Cerré la laptop temblando, el cuerpo en llamas. Me masturbé pensando en él, en lo que vendría, hasta correrme con un jadeo ahogado que llenó la habitación.

La mañana siguiente, el sol de la CDMX pegaba fuerte en las banquetas de Paseo de la Reforma, con vendedores ambulantes gritando "¡Elotes!" y el aroma a café de las cafeterías flotando en el aire. Me puse un vestido rojo ceñido que marcaba mis curvas, sin bra ni calzón, sintiendo el roce de la tela contra mi piel sensible. En el lobby del hotel, con sus mármoles relucientes y fuentes borboteando, lo vi. Era alto, moreno, con ojos que ardían igual que los de Alejandro. ¡No mames! ¿Es él? Mi pulso se aceleró, las palmas sudadas. Se acercó sonriendo, oliendo a colonia cara y hombre. "Soy Alex, el del chat. Y tú eres más rica que en Pasión Telenovela Online", dijo con voz grave, tomándome la mano. Su tacto era eléctrico, cálido, enviando chispas por mi espina.

Subimos al elevador en silencio, la tensión crepitando como tormenta. Sus ojos devoraban mis piernas, mi escote. Cuando las puertas se cerraron, no aguanté: lo besé. Sus labios eran suaves pero firmes, sabían a menta y deseo puro. Me apretó contra la pared, su erección dura presionando mi vientre. "Te quiero desde anoche, chula", murmuró en mi oído, su aliento caliente erizándome la piel. Llegamos a la suite, una habitación con vistas al Ángel de la Independencia, cama enorme y velas ya encendidas por el room service. Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mi cuerpo desnudo. Sus manos grandes recorrieron mis senos, pellizcando pezones con justo la presión que me hacía gemir. "Qué tetas tan perfectas, nena", gruñó, bajando la boca a chuparlos. Sentí su lengua áspera, húmeda, el placer punzando como rayos.

Caímos en la cama, las sábanas crujiendo bajo nosotros. Le arranqué la camisa, oliendo su sudor limpio, ese olor masculino que me volvía perra en celo. Mis uñas rasguñaron su pecho definido, bajando a su pantalón. Saqué su verga, gruesa y venosa, palpitando en mi mano. La lamí desde la base, saboreando el precum salado, mientras él jadeaba "¡Qué chingona mamada!". Me miró con ojos enloquecidos, volteándome para ponerme a cuatro. Su lengua invadió mi concha, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con maestría. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mis jugos corriendo por sus labios. "Estás deliciosa, como miel de mezcal", dijo, metiendo dos dedos que me follaban despacio, curvándose en mi punto G.

En mi mente: No pares, cabrón, dame todo.

La intensidad subía como el volcán en erupción. Me volteó boca arriba, abriéndome las piernas. Su verga rozó mi entrada, untándose en mi humedad. "Dime si quieres que te coja", pidió, respetuoso pero hambriento. "Sí, métemela ya, papi", supliqué, arqueando la cadera. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El dolor placer mezclado me hizo gritar. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida rozando mis paredes internas. El slap slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi culo, el olor a sexo impregnando el aire. Aceleró, mis tetas rebotando, sus manos en mis caderas marcándome. Sudábamos, cuerpos resbalosos uniéndose en frenesí. Lo monté después, cabalgándolo como amazona, su verga hundiéndose profundo mientras yo giraba las caderas. Sus manos amasaban mi culo, un dedo rozando mi ano juguetón. "¡Me vengo!", grité primero, el orgasmo explotando en olas, contrayendo mi concha alrededor de él. Él rugió, llenándome de semen caliente, pulsos y pulsos que sentía adentro.

Colapsamos jadeantes, cuerpos entrelazados, el corazón martillando al unísono. Su piel pegada a la mía, sudor enfriándose, el aroma de nuestro clímax flotando. Me besó la frente, suave. "Eso fue mejor que cualquier telenovela", susurró riendo bajito. Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. ¿Fue solo un polvo o algo más? pensé, pero no importaba. Me sentía empoderada, viva, como si hubiera protagonizado mi propia Pasión Telenovela Online. Nos duchamos juntos después, el agua caliente lavando el sudor, sus manos jabonosas explorando de nuevo, pero tiernas. Salimos del hotel tomados de la mano, la ciudad bullendo a nuestro alrededor. Sabía que lo vería otra vez, que esta pasión no se apagaría fácil. En mi mente, el capítulo continuaba, abierto a más noches de fuego.

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