Johnny y June Pasión y Locura
La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a jazmín salvaje, con el rumor de las olas rompiendo contra la arena como un latido constante. Yo, June, había llegado esa tarde huyendo del ajetreo de la ciudad, buscando un poco de viento en el pelo y tequila en las venas. El bar playero estaba a reventar de risas y música ranchera fusionada con algo más eléctrico, luces de neón parpadeando sobre cuerpos sudorosos que se movían al ritmo. Ahí lo vi por primera vez: Johnny, con su guitarra colgada al hombro, tocando como si el mundo se acabara esa noche. Alto, moreno, con ojos que brillaban como estrellas en el Pacífico y una sonrisa pícara que me erizó la piel.
Órale, ¿qué onda con este wey? pensé, mientras pedía un michelada fría que me resbalaba por la garganta, refrescante y picosa. Él levantó la vista del mástil de la guitarra y me clavó la mirada. Nuestros ojos se engancharon como imanes, y supe que la noche iba a cambiar. Terminó la rola con un rasgueo furioso, el público aplaudiendo, y se acercó a la barra como si supiera exactamente dónde yo estaba parada.
—¿Qué tal, reina? ¿Te late mi música o nomás vienes a verte el paisaje? —dijo con voz ronca, oliendo a sudor limpio y a colonia barata que me mareaba.
Reí, sintiendo el calor subir por mi pecho. —Neta, carnal, me pusiste a bailar desde acá. ¿Y tú, qué? ¿Siempre conquistas con esa guitarra?
Johnny se recargó en la barra, su brazo rozando el mío, piel contra piel, un chispazo eléctrico que me hizo apretar las piernas. Hablamos de tonterías: de cómo él era músico callejero recorriendo la costa, de mis días en Guadalajara diseñando joyería que nadie compraba. Pero entre risas, sus ojos bajaban a mis labios, a mis pechos apretados por el vestido ligero que se pegaba a mi cuerpo por el bochorno. El deseo flotaba en el aire como humo de fogata, espeso y adictivo.
Este pendejo me va a volver loca, neta. Su voz es como terciopelo raspado, y huele a aventura prohibida.
La tensión crecía con cada trago. Bailamos pegados en la arena, sus manos en mi cintura, mis caderas girando contra las suyas. Sentí su dureza presionando, dura y caliente, y un gemido se me escapó disimulado en la música. —Ven conmigo, murmuró al oído, su aliento caliente oliendo a tequila y menta. Asentí, el corazón tronándome en los oídos.
Acto dos: la escalada
Su cabaña estaba a unos pasos de la playa, una choza de palapa con hamaca y velas titilando. Entramos riendo, tropezando, y el mundo se achicó a nosotros dos. Johnny me jaló contra él, sus labios capturando los míos en un beso salvaje, lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y urgencia. Gemí contra su boca, mis manos enredándose en su pelo revuelto, oliendo a mar y hombre.
—June, me traes loco desde que te vi —gruñó, bajando besos por mi cuello, mordisqueando la piel sensible que erizaba hasta mis pezones duros como piedras.
Lo empujé al colchón desordenado, cubierto de sábanas frescas que olían a lavanda salvaje. Me quité el vestido de un tirón, quedando en tanga negra que apenas cubría mi humedad creciente. Él se incorporó, ojos devorándome, y se desvistió lento, provocador. Su pecho ancho, marcado por tatuajes de olas y guitarras, bajando a un abdomen firme y esa verga erguida, gruesa, palpitando con venas marcadas que me hicieron salivar.
¡No mames! Es perfecto, como hecho para romperme en mil pedazos de placer.
Me tiré sobre él, piel contra piel, el calor de su cuerpo quemándome, sudor mezclándose en un aroma almizclado y dulce. Mis tetas rozaban su pecho, pezones sensibles enviando descargas a mi clítoris hinchado. Lamí su cuello, saboreando sal, bajando a sus pezones oscuros que chupé hasta hacerlo jadear. Sus manos grandes amasaban mis nalgas, dedos hundiéndose, separándome para rozar mi entrada húmeda.
—Estás chingona, June. Tan mojada por mí —dijo, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hacía arquear la espalda y gritar. El sonido de mi coño chorreando era obsceno, jugos resbalando por sus dedos, oliendo a excitación pura, almizcle y deseo.
Lo monté, guiando su verga a mi entrada, bajando despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme hasta el fondo. Ay, cabrón, pensé, el placer doliendo rico, paredes apretándolo como guante. Empecé a moverme, subiendo y bajando, tetas rebotando, sus manos guiándome, pellizcando mis pezones. El colchón crujía, olas rompiendo afuera como eco de mis gemidos.
Cambié de posición, él encima, embistiéndome fuerte, verga golpeando profundo, bolas chocando contra mi culo. Sudor goteaba de su frente a mi boca, salado y caliente. Mordí su hombro, dejando marca, mientras sus dedos frotaban mi clítoris en círculos rápidos. La tensión subía, espiral infinita, mi vientre contrayéndose, pulmones ardiendo.
—¡Ven conmigo, Johnny! ¡No pares! —grité, uñas clavadas en su espalda.
Él aceleró, gruñendo como animal, y explotamos juntos. Mi orgasmo me desgarró, coño convulsionando alrededor de su verga, chorros de placer mojando sábanas. Él se vació adentro, caliente y espeso, pulsando, llenándome hasta rebosar. El mundo se volvió blanco, solo sensaciones: temblores, latidos compartidos, olor a sexo crudo y satisfecho.
Acto tres: el eco
Caímos enredados, respiraciones jadeantes calmándose al ritmo de las olas. Su brazo alrededor de mi cintura, piel pegajosa enfriándose en la brisa marina. Besé su pecho, sintiendo su corazón ralentizarse contra mis labios.
—Esto fue... Johnny y June, pasión y locura pura —murmuró, riendo bajito, trazando círculos en mi espalda con dedos perezosos.
Sonreí, el cuerpo lánguido, satisfecho como nunca.
Pinche wey, me robó el alma en una noche. Pero qué chido, neta. ¿Y si esto es solo el principio?Afuera, el sol empezaba a asomarse, tiñendo el cielo de rosa y oro. Nos quedamos así, enredados, saboreando el afterglow, el sabor de su piel en mi lengua, el aroma de nosotros impregnado en todo. No sabía si sería para siempre, pero esa locura valía cada latido, cada gemido, cada roce.
Al amanecer, con café humeante y promesas susurradas, supe que Johnny y June pasión y locura era nuestro himno secreto, grabado en la arena y en la piel.