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Pasión por el Triunfo 3 Reparto de Placer

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Pasión por el Triunfo 3 Reparto de Placer

El estudio de grabación en Televisa San Ángel bullía de energía esa tarde. Las luces calientes iluminaban el set de Pasión por el Triunfo 3, donde el reparto entero sudaba bajo el reflector mientras ensayábamos la escena clave del capítulo quince. Yo, Ana López, era la protagonista femenina, la ambiciosa Lucía que luchaba por su triunfo en el mundo de los negocios y el amor. Pero neta, la pasión que sentía no era solo por el guion.

Diego Ramírez, mi coestrella, el galán que interpretaba a mi rival y amante en la trama, me clavaba la mirada desde el otro lado del set. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que hacía derretir a las fans en las redes. Su camisa blanca se pegaba a su pecho musculoso por el sudor, y yo no podía evitar imaginar cómo se sentiría esa piel caliente contra la mía. Órale, Ana, contrólate, me dije mientras el director gritaba "¡Corten!".

¿Por qué carajos me pone así este wey? Es solo trabajo, pero su voz grave cuando dice "Lucía, tu triunfo será nuestro" me eriza la piel toda.

El reparto de Pasión por el Triunfo 3 era un desmadre de química explosiva fuera de cámaras. Todos éramos adultos, profesionales, pero la tensión sexual flotaba en el aire como el olor a café de máquina y maquillaje fresco. Después del ensayo, Diego se acercó con una botella de agua en la mano.

—Ey, Ana, ¿neta que esa escena de la beso te dejó temblando o qué? —dijo con ese acento chilango que me volvía loca, guiñándome el ojo.

Me reí, sintiendo el calor subir por mis mejillas. —Pendejo, tú eres el que no para de meter lengua de más. Si el director no corta, termino jadeando en vivo.

Nos miramos un segundo de más, y su mano rozó mi brazo al pasarme la botella. Ese toque fue eléctrico, como un chispazo que me recorrió hasta el ombligo. Olía a su colonia, esa mezcla de sándalo y hombre sudado que me hacía agua la boca.

La noche cayó sobre la Ciudad de México con sus luces neón parpadeando como promesas. Terminamos de grabar tarde, y el reparto se dispersó hacia sus trailers o hoteles. Yo iba a mi camerino, exhausta pero con el pulso acelerado, cuando Diego tocó la puerta.

—Pásale, carnal —le dije, abriendo con una toalla alrededor del cuello.

Entró, cerrando la puerta con un clic que sonó como un secreto. El espacio era chiquito, con espejos por todos lados reflejando su figura imponente. —Ana, no aguanto más. Esa pasión por el triunfo que interpretamos... neta se siente real contigo.

Mi corazón latía como tambor en desfile. Me acerqué, sintiendo el calor de su cuerpo irradiar hacia mí. —Diego, ¿y si nos cachan? Somos el reparto estrella de Pasión por el Triunfo 3.

—Que nos cachen triunfando juntos —murmuró, y sus labios capturaron los míos.

El beso fue fuego puro. Sus manos grandes en mi cintura, atrayéndome contra él. Sabía a menta y a deseo reprimido, su lengua explorando la mía con la misma intensidad que ponía en las escenas. Gemí bajito, mis dedos enredándose en su cabello negro y revuelto. El roce de su barba incipiente raspaba delicioso mi piel, enviando ondas de placer directo a mi entrepierna.

Me levantó como si no pesara nada, sentándome en el tocador. Las botellas de maquillaje cayeron con un estruendo, pero ni pedo. Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando la clavícula mientras desabotonaba mi blusa. Sentí el aire fresco contra mis pechos liberados, mis pezones endureciéndose al instante bajo su mirada hambrienta.

Chingado, qué bien se siente esto. Su aliento caliente en mi piel, el olor de su excitación mezclándose con el mío. Quiero más, todo.

—Eres una diosa, Ana —ronroneó, lamiendo un pezón antes de succionarlo con fuerza. Arqueé la espalda, un jadeo escapando de mis labios. Sus manos bajaron a mi falda, subiéndola hasta las caderas, dedos hábiles quitándome las panties con un tirón suave.

Estaba empapada, mi humedad brillando bajo la luz tenue del camerino. Diego se arrodilló, su aliento cálido rozando mi centro antes de que su lengua me probara. Sabía a sal y miel, pensé mientras sus labios me devoraban. Lamía despacio al principio, círculos tortuosos alrededor de mi clítoris, luego chupando con avidez. Mis muslos temblaban, apretándose alrededor de su cabeza. El sonido húmedo de su boca en mí era obsceno, excitante, mezclado con mis gemidos que rebotaban en las paredes.

—Diego... ay, wey... no pares —supliqué, mis uñas clavándose en sus hombros.

Se levantó, desabrochándose el pantalón con urgencia. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando de necesidad. La tomé en mi mano, sintiendo su calor y dureza, la piel suave sobre el acero. Lo masturbé lento, viendo cómo sus ojos se cerraban de placer.

—Métemela ya —le pedí, guiándolo hacia mi entrada.

Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno, perfecto. Empezó a moverse, embestidas profundas que me hacían botar en el tocador. El slap slap de su pelvis contra la mía, el sudor goteando entre nosotros, el olor almizclado del sexo llenando el aire. Sus manos en mis nalgas, amasándolas, mientras me besaba con fiereza.

Cambié de posición, queriendo control. Lo empujé al sofá del camerino y me monté encima. Su verga se hundió más profundo así, tocando spots que me volvían loca. Cabalgué con ritmo, mis caderas girando, pechos rebotando. Diego gruñía, manos en mi cintura guiándome.

—¡Qué rico te sientes, pinche Ana! Tu coño es puro triunfo.

Reí entre jadeos, acelerando. El clímax se acercaba, una ola creciendo en mi vientre. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotando en círculos. Exploté primero, un grito ahogado mientras mi cuerpo convulsionaba, paredes apretándolo como vicio. Él me siguió segundos después, gruñendo mi nombre, llenándome con chorros calientes que sentí palpitar dentro.

Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor. Su corazón tronaba contra mi oreja mientras lo abrazaba. El camerino olía a nosotros, a sexo satisfecho y promesas.

Después, nos vestimos entre risas y besos suaves. —Esto no termina aquí, ¿verdad? —preguntó, peinándome un mechón rebelde.

—Neta que no, Diego. En Pasión por el Triunfo 3, el reparto tiene su propia historia de triunfo.

Siento su calor aún dentro de mí, el eco de su toque. Mañana en el set, cada mirada será un secreto ardiente. Este triunfo sabe a él, a nosotros.

Salimos por separado, pero con sonrisas cómplices. La noche mexicana nos envolvió con su brisa tibia y el lejano rumor de la ciudad. Mi cuerpo zumbaba de placer residual, cada paso recordándome el roce de su piel, el sabor de su boca. En el ascensor del hotel, me miré en el espejo: ojos brillantes, labios hinchados. Soy la reina de mi propio triunfo.

Al día siguiente, el set vibraba con la misma energía, pero ahora compartida. Durante el break, Diego me pasó un café, sus dedos rozando los míos intencional. El director gritó acción, y en la escena de reconciliación, nuestro beso fue real, cargado de la pasión del reparto de Pasión por el Triunfo 3. Las cámaras capturaron chispas, pero el verdadero fuego ardía fuera de ellas.

Semanas después, mientras el rating subía, nosotros nos escapábamos a rooftops con vista al Popo humeante, cuerpos enredados bajo las estrellas. Su risa resonaba en mi oído, sus caricias trazando mapas de deseo en mi espalda. Cada encuentro era más intenso: en su departamento en Polanco, con velas de vainilla perfumando el aire; en mi auto estacionado en Reforma, niebla empañando cristales mientras lo montaba con urgencia.

Una noche, después de un maratón de grabaciones, terminamos en su cama king size, sábanas de algodón egipcio arrugándose bajo nosotros. Exploramos lento esta vez, lenguas trazando constelaciones en pieles húmedas. Él besó cada curva, deteniéndose en mis muslos internos, inhalando mi aroma como droga. Yo lo devoré igual, lamiendo su pecho salado, bajando hasta su miembro endurecido, succionándolo con devoción hasta que rogó misericordia.

Nos fusionamos de lado, él detrás, embistiendo profundo mientras su mano jugaba con mi pecho. Susurros al oído: "Te amo, Ana, en el triunfo y en el placer". El orgasmo nos golpeó simultáneo, olas rompiendo en unisono, cuerpos temblando en éxtasis compartido.

Despertamos enredados, el sol filtrándose por cortinas. Su aroma a hombre dormido me envolvía, pacífico. Esto es más que pasión por el triunfo, pensé. Es nuestro reparto perfecto.

El final de la temporada llegó con fiesta en el foro. El reparto brindó por Pasión por el Triunfo 3, pero Diego y yo sabíamos el verdadero éxito. Bailamos pegados, su mano en mi baja espalda prometiendo noches eternas. La pasión no acababa; solo renacía, más fuerte, en cada mirada, cada toque.

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