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Diario de una Pasión Elenco Prohibida

7730 palabras

Diario de una Pasión Elenco Prohibida

Querido diario, hoy empecé este cuaderno con el corazón latiéndome como tambor en las fiestas de pueblo. Soy Ana, la protagonista de Corazones en Llamas, esa telenovela que nos tiene a todo el elenco sudando bajo las luces del foro en Televisa. Neta, el calor de los reflectores es nada comparado con la mirada de Luis, mi galán. Él es el wey que hace de mi amor imposible, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hace mojarme sin tocarme. En la primera escena de hoy, me tomó de la cintura para el beso de práctica. Sus manos grandes, callosas de tanto gym, se clavaron en mi piel a través de la blusa. Olía a colonia barata mezclada con sudor fresco, ese aroma macho que te revuelve las tripas. ¿Por qué carajos me afecta tanto? pensé mientras mis pezones se paraban como soldaditos.

El director gritó "¡corten!" y todos aplaudimos, pero yo no podía soltar su mirada. "Buen trabajo, morra", me dijo bajito, su aliento cálido rozándome la oreja. Sentí un cosquilleo que bajaba directo a mi panocha. El elenco entero estaba ahí: la villana Marta con sus tetazas operadas, el comparsa chistoso Pedro que siempre anda de pendejo, y nosotras las actrices sudando en maquillaje corrido. Pero solo existía él. Esa noche, en mi depa en Polanco, me masturbé pensando en su verga dura presionando contra mí en ese abrazo falso. Mis dedos resbalaban en mi humedad, imaginando su lengua en mi cuello. Neta, esto va a ser un desmadre.

Hoy el diario de una pasión elenco prohibida comienza. No sé si contarlo todo, pero ya valió, lo necesito sacar.

Los días siguientes fueron puro fuego lento. En el guion, mi personaje lo rechaza, pero en la vida real, yo lo buscaba con la mirada en cada pausa. Durante el almuerzo en el comedor del foro, se sentó a mi lado. "Oye, Ana, ¿te late el pozole de aquí? Está cañón", dijo mientras me pasaba el plato. Nuestros dedos se rozaron y fue como chispazo eléctrico. Su piel áspera contra la mía suave, olía a chile y a hombre. Mastiqué despacio, saboreando el maíz picante, pero lo que quería probar era él. ¿Se dará cuenta de que lo miro como loba en celo?

Pedro, el pendejo del elenco, nos vio y soltó: "¡Uy, miren a los tortolitos! ¿Ya van por el capítulo caliente?" Todos rieron, pero Luis solo me guiñó el ojo. Esa tarde, en una escena de pleito, me acorraló contra la pared del set. El director pedía más intensidad, así que él se pegó más, su pecho duro aplastando mis tetas. Sentí su pinga semi-dura contra mi muslo, gruesa y caliente. Mi respiración se aceleró, el corazón me martilleaba las costillas. "Lo siento, carnala", murmuró, pero su voz ronca decía todo lo contrario. Yo solo atiné a morderme el labio, oliendo su sudor mezclado con el polvo del foro. Cuando cortaron, me fui al baño a tocarme rápido, jadeando contra el espejo empañado. Mis jugos chorreaban por mis piernas, el espejo reflejaba mi cara de puta en deseo.

El elenco murmuraba: Marta me dijo en confidencia, "Cuidado, mija, los galanes son puro fuego pero queman". Pero yo ya estaba chamuscada. Esa noche, en el after del rodaje en un bar de la Condesa, la cosa escaló. Cervezas frías, mariachi de fondo con rancheras que ponían románticas las almas. Luis me invitó a bailar. Sus manos en mi cintura baja, guiándome al ritmo. Mi culo rozaba su paquete, duro como piedra. "Estás rica, Ana", me susurró al oído, su aliento con tequila quemándome la piel. Bailamos pegados, sudor perlando nuestras frentes, el olor a cuerpos calientes llenando el aire. Mis pezones rozaban su camisa, enviando ondas de placer a mi clítoris hinchado.

Salimos del bar tambaleantes, riendo como pendejos. En su coche, un Tsuru viejo pero chido, me besó. Sus labios carnosos devorando los míos, lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y pasión. Gemí bajito, mis manos en su nuca, tirando de su pelo negro. Aparcó en un callejón oscuro cerca de Chapultepec, las luces de la ciudad parpadeando como estrellas. "Te quiero, morra", gruñó mientras bajaba los tirantes de mi vestido. Sus manos amasaron mis tetas, pulgares en los pezones duros. Yo arqueé la espalda, oliendo su excitación almizclada. Esto es el paraíso, wey.

Diario de una pasión elenco: hoy cruza la línea. No hay vuelta atrás.

En el asiento trasero, nos desnudamos con prisa. Su cuerpo esculpido, abdominales marcados, verga erguida gruesa venosa apuntando al techo. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, latiendo caliente. "Chúpamela, Ana", pidió con voz ronca. Me arrodillé torpe en el espacio chiquito, mi lengua lamió la punta salada de precum. Sabía a hombre puro, musgoso. Lo engullí despacio, succionando, mis labios estirados alrededor de su grosor. Él gemía, "¡Qué chido, pinche rica!", manos en mi pelo guiándome. El sonido de su placer, jadeos guturales, me ponía más mojada. Mi panocha palpitaba, jugos resbalando por mis muslos.

Me recostó, abrió mis piernas. "Mírate, toda abierta pa' mí". Su aliento caliente en mi concha, lengua plana lamiendo desde el ano hasta el clítoris. Gruñí como animal, caderas alzándose. Saboreó mis labios hinchados, chupando mi botón con maestría. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi espina. "¡Sí, Luis, no pares, cabrón!", chillé. Metió dos dedos gruesos, curvándolos en mi punto G, mientras su boca no soltaba. Olía a sexo, a mi excitación dulce y salada. Explosé en orgasmo, cuerpo convulsionando, chorros mojando su cara. Él lamía todo, sonriendo como diablo.

Ahora era mi turno de montarlo. Me subí a horcajadas, frotando mi entrada resbalosa en su punta. "Métetela, mami", urgió. Bajé despacio, su verga abriéndome centímetro a centímetro. Llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Gemí largo, paredes vaginales apretándolo. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sus manos en mi culo guiando. El carro se mecía con nosotros, cristales empañados por nuestro aliento. "¡Qué apretadita, neta me vas a hacer venir!", rugió. Sudor goteaba de su pecho al mío, salado en mi lengua cuando lo lamí. El ritmo aceleró, piel contra piel chapoteando, mis jugos lubricando todo.

Me volteó a cuatro patas, el espacio angosto pero perfecto. Embistió desde atrás, verga golpeando profundo. Sus bolas peludas chocando mi clítoris, manos jalando mi pelo. "¡Dame duro, amor!", supliqué. Cada thrust enviaba placer punzante, mi ano expuesto al aire fresco. Olía a cuero del asiento y nuestro sexo crudo. Él gruñía mexicano, "¡Pinche conchita rica, te voy a llenar!". Sentí su verga hincharse, palpitando. Mi segundo orgasmo llegó como tsunami, paredes ordeñándolo. Él se hundió profundo, corriéndose dentro, chorros calientes bañando mi útero. Gemidos mezclados, cuerpos temblando pegados.

Caímos exhaustos, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Su cabeza en mis tetas, besando suave. "Eres lo máximo, Ana. Esto no fue de una vez". Yo acaricié su espalda, oliendo nuestro amor mezclado. El elenco mañana chismeará, pero que se jodan. Esta pasión es nuestra.

Fin del día en el diario de una pasión elenco prohibida. Pero solo es el principio. Mañana más.

Han pasado semanas, y cada rodaje es pretexto pa' follar en secreto. En el baño del foro, contra el tráiler, incluso en el estacionamiento. Su verga es mi adicción, su semen mi elixir. El elenco sospecha, Pedro bromea "¡Ya vi el elenco extra en sus ojos!", pero nos vale. Esta pasión nos consume, pero qué chingón consumirse así. Mi cuerpo lleva sus marcas: chupetones escondidos, panocha sensible. Y el alma, llena. Gracias, diario, por guardar mis secretos ardientes.

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