Relatos
Inicio Erotismo El Color de la Pasión Cap 119 El Color de la Pasión Cap 119

El Color de la Pasión Cap 119

7525 palabras

El Color de la Pasión Cap 119

Valeria se recostó en la hamaca de la terraza privada de su villa en Playa del Carmen, el sol del atardecer tiñendo el cielo de un rojo ardiente, como si el mar Caribe conspirara para encender su piel morena. El aire olía a sal y coco, mezclado con el aroma dulce de las flores de bugambilia que trepaban por las paredes de la hacienda. En su tablet, el episodio de su telenovela favorita acababa de empezar: El Color de la Pasión Cap 119. Ahí estaba Rebeca, la protagonista, con los ojos llameantes de deseo, confesando su amor prohibido a su amante en una escena que le erizaba la piel.

Órale, neta que esta vieja sabe cómo meterle pasión, pensó Valeria, sintiendo un cosquilleo traicionero entre las piernas. ¿Por qué carajos no soy yo la que besa así?
Su cuerpo se tensó bajo el bikini rojo que apenas contenía sus curvas generosas. Hacía calor, pero no era solo el trópico; era esa química en la pantalla, ese rojo intenso del vestido de Rebeca que parecía sangrar deseo.

Diego salió de la piscina infinita, el agua chorreando de su torso esculpido por horas en el gym de la Ciudad de México. Era alto, con esa barba recortada que le daba un aire de galán de telenovela, y un tatuaje de águila en el pecho que Valeria adoraba lamer. Se sacudió como perro callejero, salpicándola un poco, y se rio con esa voz grave que le hacía vibrar el vientre.

¿Qué wey, Val? ¿Otra vez con tus novelitas? ¿Ya te pusiste caliente con el Cap 119? —bromeó, acercándose con una cerveza fría en la mano, el sudor brillando en su piel bronceada.

Valeria levantó la vista, mordiéndose el labio inferior. Sus ojos negros lo devoraron de arriba abajo, deteniéndose en el bulto prometedor de su short de baño.

Cállate, pendejo. Esta escena está chingona. Mira cómo la besa, como si quisiera comérsela viva. Tú nunca me besas así.

Él se acercó más, el olor a cloro y hombre macho invadiendo su espacio. Se inclinó, rozando su nariz contra la de ella.

¿Quieres que te lo demuestre, mamacita?

El corazón de Valeria latió como tambor de banda sinaloense. El episodio seguía sonando de fondo, la música dramática subiendo de volumen mientras Rebeca gemía en los brazos de su galán. Diego le quitó la tablet con gentileza, pausándola justo en el beso eterno.

Después de esto, nuestro turno. El color de la pasión no espera.

La tensión creció como marea alta. Diego la cargó en brazos, sus músculos flexionándose bajo el peso de ella, y la llevó adentro a la suite king size, donde el aire acondicionado susurraba fresco contra su piel ardiente. La depositó en la cama con dosel de gasa blanca, flotando como nube. Valeria sintió el colchón hundirse bajo ellos, las sábanas de algodón egipcio suaves como caricia de amante secreto.

Chin, este cuate me trae loca. Su piel sabe a sal y aventura, pensó, mientras él se cernía sobre ella, gotas de piscina cayendo en su escote.

Diego besó su cuello primero, lento, saboreando el sabor salado de su sudor mezclado con loción de vainilla. Sus labios eran firmes, exigentes, pero tiernos, como si pidiera permiso con cada roce. Valeria arqueó la espalda, sus uñas clavándose en sus hombros anchos.

Desnúdate, chulo. Quiero verte todo. —susurró ella, voz ronca de anticipación.

Él obedeció, quitándose el short con un movimiento fluido. Su verga saltó libre, dura y venosa, apuntando al techo como bandera de rendición. Valeria la miró con hambre, el color púrpura de la cabeza hinchada recordándole el rojo pasión del episodio. Extendió la mano, envolviéndola con dedos temblorosos. Estaba caliente, palpitante, como pulso vivo.

Diego gimió bajito, un sonido gutural que vibró en el cuarto. Se inclinó para desatar su bikini, liberando sus pechos llenos, pezones oscuros endurecidos por el deseo. Los succionó uno a uno, lengua girando en espirales húmedas, dientes rozando lo justo para hacerla jadear. El sabor de su piel era dulce, como mango maduro, y él lo devoraba con avidez.

Valeria deslizó la mano más abajo, tocándose a sí misma por encima del bikini inferior. Estaba empapada, el tejido pegajoso de jugos que olían a mujer en celo, almizclado y embriagador. Diego lo notó, sonrió pícaro.

Estás chorreando, ricura. ¿Es por el Cap 119 o por mí?

Por ti, cabrón. Siempre por ti.

La besó en la boca entonces, profundo, lenguas enredándose en baile salvaje. Sabían a cerveza y tequila de la botella que habían compartido antes, un picor alcohólico que avivaba el fuego. Sus manos exploraron: él amasando sus nalgas firmes, ella arañando su espalda, dejando surcos rojos como el color de la pasión.

La tensión escaló cuando él le quitó lo último, exponiendo su sexo depilado, labios hinchados brillando de humedad. Diego se arrodilló entre sus piernas, inhalando su aroma íntimo, embriagador como incienso prohibido. Su lengua la lamió despacio, desde el clítoris hasta la entrada, saboreando cada gota. Valeria gritó, caderas elevándose, el sonido de su boca chupando obsceno y delicioso en la quietud de la villa.

¡Virgen de Guadalupe, esto es el paraíso! Cada lamida me quema por dentro, como lava roja.
Sus muslos temblaban, envolviéndolo, mientras él introducía un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía ver estrellas.

Valeria no aguantó más. Lo empujó hacia arriba, montándolo como amazona. Su verga la penetró de un solo embiste, llenándola hasta el fondo, gruesa y perfecta. El estiramiento ardía placentero, paredes internas apretándolo como guante de terciopelo. Se movieron al unísono, ella cabalgando con ritmo feroz, pechos rebotando, sudor perlando sus cuerpos.

El sonido era sinfonía erótica: piel contra piel chapoteando, gemidos entremezclados, la cama crujiendo como barco en tormenta. Diego la sujetaba por las caderas, embistiendo desde abajo, su glande golpeando su cervix con precisión letal. El olor a sexo impregnaba el aire, almizcle y sudor, con toques de su perfume y el mar lejano rugiendo olas.

¡Más fuerte, Diego! ¡Dame todo, como en El Color de la Pasión! —gritó ella, visión nublada por placer.

Él la volteó sin salir, poniéndola a cuatro patas. Entró de nuevo, profundo, una mano en su clítoris frotando círculos rápidos, la otra jalando su cabello negro en coleta improvisada. Valeria sintió el orgasmo construyéndose, una ola roja, ardiente, desde el estómago hasta la punta de los pies. Sus paredes se contrajeron, ordeñándolo, jugos chorreando por sus muslos.

¡Me vengo, chingado! ¡Sí!

Diego rugió, embistiendo salvaje, su propia liberación explotando en chorros calientes dentro de ella, pintando sus entrañas de blanco pasión. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos enredados en sábanas revueltas.

En el afterglow, él la besó la frente, suave ahora, mientras el sol se hundía en el horizonte, tiñendo la habitación de púrpura. Valeria sonrió, trazando círculos en su pecho con el dedo.

Esto fue mejor que cualquier Cap 119. Nuestro color de la pasión es eterno, pensó, sintiendo su semilla tibia escurrir entre sus piernas.

¿Listo para el 120? —murmuró ella, ojos brillantes.

Él rio, atrayéndola más cerca.

Siempre, mi reina.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.