Relatos
Inicio Erotismo Diario de una pasion que es lo que quieres Diario de una pasion que es lo que quieres

Diario de una pasion que es lo que quieres

6460 palabras

Diario de una pasion que es lo que quieres

Querido diario, hoy es uno de esos días en que el calor de la Ciudad de México se mete hasta los huesos, pero no es el sol el que me quema, es él. Me llamo Ana, tengo veintiocho años y vivo en un departamento chido en la Condesa, rodeada de cafés hipsters y parques llenos de parejas besándose sin pudor. Llevo semanas escribiendo aquí sobre mi vida, pero nada como esto. Diario de una pasión que es lo que quieres, así le puse a esta libreta nueva, porque neta, esto es lo que andas buscando, lector imaginario, esa chispa que te hace sudar de anticipación.

Todo empezó hace un mes en un antro de Polanco. Yo iba con mis morras, vestida con un vestido negro ajustado que me hacía sentir como diosa, mis curvas mexicanas al aire, tetas firmes y culo redondo que volteaba cabezas. Ahí lo vi: Carlos, alto, moreno, con esa sonrisa pícara de güey que sabe lo que trae entre manos. Ojos cafés profundos, brazos tatuados con calacas estilizadas, y un olor a colonia barata mezclada con sudor fresco que me pegó directo en la nariz. Bailábamos reggaetón, cuerpos rozándose accidentalmente al principio, pero pronto sus manos en mi cintura, mi espalda arqueándose contra su pecho duro. Sentí su verga semi-dura contra mis nalgas, y órale, el pulso se me aceleró como si hubiera tomado un trago de tequila puro.

¿Qué carajos me pasa? Este pendejo me tiene loca con solo un toque. Quiero más, pero no voy a ser fácil, no señor.

Al día siguiente, me escribió por WhatsApp. "Neta me encantaste anoche, Ana. ¿Café?". Acepté, claro. Nos vimos en un café de la Roma, con mesas de madera y aroma a pan dulce recién horneado. Hablamos de todo: de cómo él es diseñador gráfico freelance, de mis clases de yoga en un estudio fancy, de telenovelas que nos marcaron de niños. Su voz grave, con ese acento chilango puro, me erizaba la piel. Tocó mi mano al pasar el azúcar, y fue como electricidad, chispas subiendo por mi brazo hasta el coño, que ya se humedecía solo de imaginarlo.

La tensión creció esa semana. Mensajes calientes de noche: "Pienso en tus labios en mi cuello". Yo respondía con fotos sutiles, mi escote profundo, mis piernas cruzadas en shorts cortos. El viernes, cena en su depa en la Juárez, vista al Ángel de la Independencia iluminado. Cocina mexicana casera: tacos al pastor con piña jugosa que chorreaba salsa, guacamole cremoso que lamí de sus dedos sin pensarlo. El vino tinto nos soltó la lengua, risas flojas, miradas que prometían fuego.

Su aliento huele a cilantro y chile, delicioso. Quiero probarlo más abajo.

Nos besamos en el sofá, lento al principio. Sus labios carnosos devorando los míos, lengua explorando mi boca con hambre, sabor a tequila reposado. Manos por todos lados: las mías en su cabello negro revuelto, tirando suave; las suyas subiendo mi blusa, pellizcando pezones que se endurecieron al instante como piedras. Gemí bajito, "¡Ay, cabrón!", y él rio contra mi piel. Me cargó a la cama, colchón king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Desnudos ya, su cuerpo atlético encima del mío, piel morena contra mi tono canela, sudor empezando a perlar.

El medio acto de esta pasión fue puro tormento delicioso. Me besó el cuello, mordisqueando suave, dejando marcas rojas que mañana dolerán chido. Bajó a mis tetas, chupando un pezón mientras masajeaba el otro, mi espalda arqueándose, uñas clavándose en sus hombros anchos. "Eres tan rica, nena", murmuró, voz ronca. Sus dedos juguetones bajaron a mi panocha depilada, resbaladiza de jugos, rozando el clítoris hinchado. Jadeé, caderas moviéndose solas, "Más, pendejo, no pares". Introdujo dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas, mientras su boca volvía a la mía, tragando mis gemidos.

Esto es lo que quiero, diario. Su pasión es mía, mutua, ardiente. No hay vuelta atrás.

Yo no me quedé atrás. Lo volteé, besando su pecho velludo, lamiendo el sudor salado. Bajé despacio, torturándolo, hasta su verga erecta, venosa, gruesa como mi muñeca. La olí primero, aroma almizclado de hombre excitado, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado. "¡Chingada madre, Ana!", gruñó, manos en mi cabeza guiándome. La chupé hondo, garganta relajada, bolas peludas en mi barbilla, hasta que tembló.

La intensidad subió como volcán. Me puso a cuatro patas, nalgas en pompa, y entró de un jalón suave, llenándome completa. "¡Sí, así!", grité, paredes vaginales apretándolo como guante. Embestidas rítmicas, piel chocando con palmadas húmedas, sonido obsceno que rebotaba en las paredes. Sudor goteando, olor a sexo puro invadiendo la habitación, mezclado con su colonia. Agarró mis caderas, acelerando, mi clítoris rozando la sábana áspera. Gemidos convirtiéndose en gritos: "¡Más fuerte, carnal! ¡Dame todo!". Él respondía con gruñidos animales, "Te voy a romper de gusto, mi reina".

Cambié posiciones, montándolo como amazona, tetas rebotando, manos en su pecho para impulsarme. Veía su cara de éxtasis, ojos cerrados, boca abierta jadeando. Mis jugos chorreando por sus bolas, lubricando cada subida y bajada. El clímax se acercaba, tensión en el vientre como nudo apretado. "Me vengo, ¡ahora!", chillé, espasmos sacudiéndome, coño contrayéndose alrededor de su verga, olas de placer cegador, visión borrosa, gusto metálico en la boca.

Él se volteó encima, embistiendo salvaje las últimas veces, "¡Me corro, nena!". Calor inundándome adentro, semen caliente salpicando profundo, su cuerpo colapsando sobre el mío, pulsos sincronizados latiendo fuerte contra mi pecho. Respiraciones agitadas, piel pegajosa, besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas.

En el afterglow, acostados enredados, ventana abierta dejando entrar brisa nocturna con ecos de cláxones lejanos y olor a elotes asados de la calle. Acaricié su espalda, él mi cabello. "Esto fue chingón, Ana. Quiero más", susurró. Yo sonreí, "Yo también, pero despacio, que la pasión no se apague de golpe".

Diario, esta es mi pasión, la que él quiere y yo doy. Mutua, libre, nuestra. Mañana más, prometo.

Ahora duermo con su brazo alrededor, cuerpo satisfecho, alma plena. Mañana el sol saldrá diferente, con promesas de más noches así. Fin de entrada, por hoy.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.