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El Diario de una Pasión Película

7542 palabras

El Diario de una Pasión Película

La pantalla del tele parpadeaba con las luces tenues de el diario de una pasión película, esa historia que me tenía clavada al sofá de mi depa en la Condesa. El aire olía a jazmín del balcón y a mi crema de vainilla, pero mi piel ardía como si Noah y Allie estuvieran susurrándome al oído. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, soltera pero con el corazón latiendo por recuerdos que no se borran. Me recargué en los cojines suaves, mis piernas desnudas rozando la tela fresca del shortcito, y sentí un cosquilleo bajito en el estómago. Neta, esta película siempre me pone cachonda, pensé, mientras el sonido de la lluvia en la cinta me hacía imaginar dedos resbalosos sobre mi piel.

De repente, mi cel sonó. Era él, Marco, mi ex de la prepa que reapareció hace unas semanas como por arte de magia. "Órale, wey, ¿qué onda? ¿Viendo tele sola?", su voz ronca al otro lado, con ese acento chilango que me eriza los vellos. Le conté de la peli, de cómo Noah la besa bajo la lluvia, y él soltó una risa baja. "Suena a que necesitas compañía, mamacita. ¿Abro la puerta o qué?". Mi pulso se aceleró, el corazón retumbando como tambores en una fiesta. "Ven, pendejo, pero trae chelas". Colgué y me levanté, el piso de madera fría bajo mis pies descalzos, oliendo mi propia excitación mezclada con el perfume dulce.

Querido diario: Hoy vi de nuevo el diario de una pasión película. Me mojo solo de pensar en besos así, salvajes, sin freno. ¿Y si Marco viene? ¿Y si lo dejo entrar de verdad, no solo a mi depa, sino a mi cuerpo?

Minutos después, el timbre zumbó como un latido. Abrí la puerta y ahí estaba, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice "te voy a comer viva". Traía una six de coronas heladas, el sudor brillándole en el cuello de la playera ajustada. "¡Ey, guapa!", me abrazó fuerte, su pecho duro contra mis tetas, oliendo a colonia barata y a hombre. Cerramos la puerta y nos sentamos pegaditos en el sofá, la peli aún corriendo. Sus piernas rozaban las mías, el calor de su muslo subiendo como fuego lento. Tomamos chela, el líquido frío bajando por mi garganta, pero mis ojos no se despegaban de su boca, carnosa, imaginándola en mi piel.

"Esta escena, mira", le dije señalando la pantalla donde Allie y Noah se miran intensos. Él se acercó más, su aliento cálido en mi oreja. "¿Quieres que te bese así, Ana? Como en el diario de una pasión película". Mi cuerpo respondió antes que mi boca, un jadeo suave escapando mientras su mano subía por mi muslo, dedos ásperos rozando la piel suave. Qué rico se siente, neta, como si el tiempo no hubiera pasado. Lo volteé a ver, nuestros ojos chocando como chispas. "Hazlo, cabrón", murmuré, y sus labios cayeron sobre los míos, duros al principio, luego suaves, lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y deseo puro.

El beso se volvió hambre. Sus manos me levantaron como si no pesara nada, sentándome a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela delgada, un pulso caliente que me hizo gemir en su boca. "Te extrañé, wey", jadeó él, mordisqueando mi cuello, el roce de sus dientes enviando ondas de placer hasta mis entrañas. Yo le quité la playera, mis uñas arañando su pecho moreno, oliendo su sudor fresco mezclado con el mío. La peli seguía de fondo, lluvia y gemidos que se confundían con los nuestros. Sus dedos se colaron bajo mi blusa, pellizcando mis pezones endurecidos, un dolor dulce que me arqueó la espalda.

Diario mío: Su toque es como la película, intenso, eterno. Me tiene temblando, la concha palpitando por él. No pares, Marco, fóllame como si fuera la última vez.

Lo empujé al sofá, bajando de rodillas entre sus piernas. Le desabroché el cinto, el sonido metálico como un disparo en la quietud. Saqué su pinga gruesa, venosa, latiendo en mi mano. "Mira lo que me haces, mamacita", gruñó él, voz ronca de necesidad. La lamí desde la base, sabor salado de piel caliente, subiendo hasta la cabeza hinchada. Él metió los dedos en mi pelo, guiándome suave, gimiendo bajito. Chupé más hondo, mi lengua girando, saliva resbalando, el sonido húmedo llenando la sala. Mi clítoris latía ignorado, panocha empapada mojando el short. Qué chingón sabor, puro hombre mexicano.

No aguanté más. Me paré, quitándome la ropa como si quemara: blusa volando, short cayendo, quedando desnuda, tetas firmes, nalgas redondas temblando de anticipación. Él se desnudó rápido, su cuerpo atlético brillando bajo la luz azul de la tele. Me jaló hacia él, tumbándome en el sofá, su boca bajando por mi cuerpo. Besó mi ombligo, lamió mis caderas, hasta llegar a mi entrepierna. "Estás chorreando, Ana", murmuró, inhalando mi aroma almizclado de excitación. Su lengua tocó mi botón, un relámpago de placer, chupando suave luego fuerte, dedos abriéndose paso dentro de mí, curvándose en ese punto que me hace ver estrellas.

Gemí alto, "¡Sí, pendejo, así!", mis caderas moviéndose solas contra su cara, jugos cubriéndole la barba incipiente. El olor a sexo llenaba el aire, mezclado con el jazmín y la chela derramada. Sentí el orgasmo construyéndose, lento al principio, como una ola en la costa de Cancún. Él aceleró, dos dedos bombeando, lengua vibrando. Exploté gritando su nombre, cuerpo convulsionando, pulso retumbando en oídos, visión nublada de placer puro.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, nalgas al aire, y sentí su verga rozando mi entrada húmeda. "Dime que sí, mi reina", pidió, voz temblorosa. "¡Cógeme ya, Marco! Consiénteme como en la peli". Empujó despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo, un estirón delicioso que me hizo jadear. Empezó a moverse, lento, profundo, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. Sudor goteando de su pecho a mi espalda, pieles chocando con palmadas húmedas. "Estás tan apretada, neta", gruñó, manos apretando mis caderas, uñas clavándose leve.

Yo empujaba hacia atrás, queriendo más, el sofá crujiendo bajo nosotros. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando, sus manos amasándolas. Miré sus ojos, oscuros de lujuria, y vi el amor de la prepa mezclado con esta pasión animal. "Te amo, wey", susurré, acelerando, mi clítoris frotándose contra su pubis. Él se sentó, abrazándome, besando mientras follábamos sentados, cuerpos pegados, corazones latiendo al unísono. El clímax llegó juntos: él hinchándose dentro, caliente semen llenándome, yo contrayéndome alrededor, gritando en éxtasis, uñas en su espalda.

Caímos exhaustos, jadeando, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Su cabeza en mis tetas, mi mano en su pelo revuelto. La peli había terminado, créditos rodando mudos. Olía a sexo satisfecho, a nosotros. "Eso fue mejor que el diario de una pasión película", murmuró él, besando mi piel salada.

Final del día, diario: Hoy viví mi propia pasión película. Marco se queda esta noche, y quién sabe mañana. Pero esta entrada, la guardo para siempre. Ardiente, real, mía.

Nos envolvimos en una cobija suave, cuerpos entrelazados, el pulso calmándose lento. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, el mundo era nuestro, completo en esa calma postorgásmica, con promesas susurradas y besos perezosos. Esto es lo que necesitaba, pensé, cerrando los ojos, saboreando el afterglow.

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