Imágenes Ardientes de Jesús en la Pasión
Tú caminas por las calles empedradas de San Miguel de Allende durante la Semana Santa el aire cargado con el aroma dulce del copal quemándose y el murmullo lejano de procesiones. El sol de la tarde calienta tu piel morena bajo el huipil ligero que ondea con la brisa. Entras a la Parrocha esa iglesia colonial con sus altas bóvedas y vitrales que pintan el piso de colores santos. El fresco de incienso te envuelve como un abrazo prohibido y el eco de oraciones susurradas te eriza la piel.
Te detienes frente al altar lateral donde están expuestas las imágenes de Jesús en la pasión. Ahí está él flagelado el cuerpo tenso cubierto de llagas rojas el sudor brillando en su torso musculoso como perlas de deseo. La corona de espinas sangrante y esa mirada de sufrimiento que parece clavar directamente en tu alma.
Neta ¿por qué me pone así? Ese dolor tan crudo tan expuesto me hace apretar los muslos. Es como si su agonía gritara por alivio y yo supiera exactamente cómo dárselo.Tu respiración se acelera el calor sube desde tu vientre y sientes esa humedad traicionera entre las piernas.
De repente una voz grave rompe tu trance. "¿Te gustan las imágenes wey? Son de un artista local restauradas hace poco." Te volteas y ahí está él Javier alto fornido con ojos cafés intensos y una sonrisa pícara que dice que sabe más de pecados que de rezos. Lleva una camisa ajustada que marca sus pectorales y jeans desgastados. Es el encargado del mantenimiento neta un chulo con manos callosas de trabajar la madera.
"Sí la neta son impresionantes" respondes con la voz ronca mordiéndote el labio. "Ese Jesús parece tan... vivo tan sufriente." Él se acerca su olor a jabón y sudor masculino invadiéndote. "¿Sufriente? Yo diría que apasionado carnalmente. Mira cómo brilla la piel cómo se arquea el cuerpo. La pasión duele pero también prende fuego." Sus palabras te golpean como un latigazo y sientes tus pezones endurecerse bajo la tela.
Hablan bajito entre las sombras de las imágenes. Él te cuenta cómo al restaurarlas tocaba cada curva del cuerpo de Jesús sintiendo la madera cálida bajo sus dedos. Tú confiesas que siempre has sentido algo más que devoción un cosquilleo pecaminoso. La tensión crece sus miradas se enredan y accidentalmente su mano roza la tuya. Chispa eléctrica.
Órale este pendejo me va a volver loca aquí mismo en casa del Señor.
Te invita a ver el taller trasero donde guarda las piezas delicadas. "Ven son más íntimas allá." Sigues su paso firme el corazón latiéndote como tambor en procesión. El taller es un cuartito escondido con velas parpadeantes y más imágenes de Jesús en la pasión apiladas: el Ecce Homo con el pecho abierto el Nazareno cargando la cruz los músculos tensos el sudor escurriendo. El aire huele a trementina y cera derretida.
Javier cierra la puerta de madera gruesa el cerrojo chasquea como promesa. Se acerca lento sus ojos devorándote. "¿Sabes? A veces imagino aliviar ese dolor besar esas llagas." Su aliento caliente en tu cuello. Tú no respondes solo te pones de puntitas y lo besas. Sus labios carnosos saben a café y pecado la lengua invade tu boca explorando con hambre santa. Sus manos grandes recorren tu espalda bajan a tus nalgas apretándolas con fuerza. Gimes contra su boca el sonido reverbera en el espacio sagrado.
Te empuja suave contra la mesa de trabajo rodeada de las imágenes. Sus dedos desabrochan tu huipil lento dejando al aire tus tetas firmes pezones duros como piedras preciosas. "Qué chingonas estás morra." Los chupa lame succiona el placer te recorre como rayo. Tú metes mano en sus pantalones liberas su verga gruesa venosa palpitante ya goteando precum.
Es enorme como el madero de la cruz pero para mi gozo puro.La acaricias sientes su calor su pulso acelerado él gruñe ronco.
Se arrodilla imitando al Nazareno pero en reverencia a ti. Baja tu falda y panties oliendo tu excitación almizclada. "Hueles a paraíso prohibido." Su lengua ataca tu clítoris lame chupa sorbe tus jugos que corren como sangre redentora. Tus caderas se menean gemidos escapan "¡Ay Javier no pares wey!" El roce áspero de su barba en tus muslos internos te vuelve loca dedos entran curvándose tocando ese punto que te hace ver estrellas. La tensión sube olas de placer rompiendo contra tu resistencia.
Lo jalas de pie lo volteas contra la mesa ahora tú dominas. Inspirada en las imágenes besas su pecho lames sus pezones mordisqueas suave imaginando aliviar su pasión. Bajas lento besando el vientre plano hasta esa verga orgullosa. La engulles saboreas su salmuera el glande suave la vena latiendo. Él agarra tu pelo gime "¡Chingado qué boca tan bendita!" Chupas profundo garganta relajada saliva escurriendo el sonido obsceno llenando el aire.
Pero quieres más lo guías a un colchón viejo en el rincón entre santos de madera. Te acuestas abre las piernas invitándolo. Él se posiciona la verga rozando tu entrada húmeda. "¿Estás lista para la pasión completa?" "Cógeme ya pendejo hazme tuya." Empuja lento centímetro a centímetro estirándote llenándote hasta el fondo. El placer duele exquisito como las llagas del Señor. Se mueve rítmico primero suave después feroz piel contra piel sudor mezclándose olores de sexo crudo impregnando todo.
Sus embestidas profundas tocan tu alma gemidos se funden "¡Más duro!" "¡Sí así mi reina!" Tus uñas marcan su espalda él chupa tu cuello deja morados como coronas. La mesa cruje las velas parpadean sombras de las imágenes danzan en las paredes testigos mudos. Sientes el orgasmo acercarse esa espiral apretada en tu vientre.
Es como resucitar en éxtasis puro fuego divino.
Explota primero él gruñendo derramándose dentro caliente inundándote. Eso te lanza al borde gritas arqueas la espalda olas y olas rompiendo deshaces en temblores. Se queda quieto encima pulsando aún besándote tierno el sudor chorreando como lágrimas de redención.
Después se acuestan jadeantes cuerpos enredados el aroma de sexo y copal mezclándose. Él acaricia tu pelo "Neta nunca había sentido algo tan intenso como rezar con el cuerpo." Tú sonríes
Las imágenes de Jesús en la pasión nos unieron en este ritual carnal bendito.Fuera suena el tañido de campanas anunciando el Viacrucis pero aquí dentro es paz absoluta. Sabes que volverás no por devoción sola sino por este fuego que encienden esas figuras eternas. La pasión no acaba con la cruz sigue en la carne viva.