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Limpia Con Pasión Por Ahora Netflix

8037 palabras

Limpia Con Pasión Por Ahora Netflix

Estás solo en tu depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas. El aire huele a café recién hecho y a esa pereza de fin de semana que te tiene tirado en el sofá, con el control remoto en la mano. Netflix parpadea en la tele, pero nada te late, todo es lo mismo: series que no enganchan, películas que ya viste. Tu depa no es un desastre total, pero acumula ese desorden de soltero: calcetines por ahí, platos en el lavadero, polvo en los muebles. Piensas órale, ya estuvo, necesito una limpia con pasión. Sacas el celular y buscas en la app: "Limpia con pasión", un servicio que promete dejar todo impecable con verdadera dedicación. Llamas, y para tu sorpresa, te dicen que mandan a alguien en media hora.

El timbre suena puntual. Abres la puerta y ahí está ella: Karla, con su uniforme ajustado que marca curvas de infarto, el cabello negro recogido en una cola alta, piel morena que brilla bajo la luz del pasillo. Sus ojos cafés te recorren de arriba abajo, con una sonrisa pícara que dice yo sé lo que provoco. "Buenas, soy Karla de Limpia con pasión. ¿Listo para que te deje todo reluciente, carnal?" Su voz es ronca, con ese acento chilango que te eriza la piel. Huele a jabón de lavanda y algo más, como vainilla fresca. Le das la bienvenida, y mientras camina adentro, notas cómo sus caderas se mueven, el roce de sus jeans contra el piso de madera.

Empieza por la sala. Se agacha para aspirar la alfombra, y tú no puedes evitar mirar: el escote de su blusa deja ver el borde de un bra negro, su trasero redondo tensando la tela. El zumbido de la aspiradora llena el aire, mezclado con su tarareo bajito, una rola de Natalia Lafourcade que suena sensual en su boca. Te sientas en el sofá, fingiendo checar el cel, pero tu mente va a mil:

¿Qué chingados? Esta morra es fuego puro. Limpia con pasión de verdad, cada movimiento es como un baile erótico.
Ella se da cuenta de tus miradas, gira la cabeza y te guiña: "No te quedes nomás viendo, güey. ¿Quieres que limpie tu recámara también?" Asientes, la garganta seca, el corazón latiendo fuerte.

La sigues a la cocina. Limpia los platos con furia apasionada, el agua salpicando sus brazos, gotas resbalando por su cuello hasta perderse en su escote. El vapor del fregadero sube, cargado de olor a limón y detergente, pero tú solo percibes su aroma corporal, ese sudor ligero que se mezcla con su perfume. "Me gusta mi jale, ¿sabes? Limpio con pasión porque lo hago bien chido", dice mientras frota un sartén, sus músculos flexionándose. Te acercas, ofreciendo ayuda, y accidentalmente tu mano roza la suya bajo el chorro de agua. Calor eléctrico sube por tu brazo. Ella no se aparta, al contrario, aprieta un poco tus dedos. ¿Coqueteo o qué?

La tensión crece mientras pasa a los muebles. Usa un trapo húmedo para pulir la mesa de centro, inclinándose tanto que su blusa se abre más, revelando la curva de sus tetas firmes. Tú estás parado cerca, oliendo su cabello, sintiendo el calor de su cuerpo a centímetros. "Este polvo está cabrón, pero yo le entro con todo", murmura, y su aliento cálido te roza la piel. Tu verga ya despierta, presionando contra los boxers. Hablan: ella de su vida en la colonia Roma, tú de tu curro en una agencia de diseño. Risas, miradas que duran segundos de más.

Esta chava no es solo guapa, tiene chispa. Me cuenta que ama bailar salsa, que odia la rutina. Quiero tocarla ya, pero hay que ir despacio, carnal.

Termina la sala y se endereza, sudada, con las mejillas sonrojadas. "Listo por acá. ¿Y ahora?" Te mira con ojos que brillan de algo más que cansancio. El sol ya baja, tiñendo todo de naranja. "Por ahora Netflix", dices sin pensarlo, señalando la tele. "Si quieres, quédate un rato. Te invito una chela fría." Ella ríe, una carcajada que vibra en tu pecho. "Órale, suena chido. Limpia con pasión por ahora Netflix, ¿no?" Se quita el mandil, revelando su figura completa: cintura chica, nalgas que piden ser agarradas. Sacas dos coronas del refri, el pop del corcho rompiéndose como un beso.

Se sientan en el sofá, cerca, piernas rozándose. Pones una serie cualquiera, pero nadie presta atención. La chela fría baja por tu garganta, refrescante, mientras su muslo presiona el tuyo, piel contra piel porque se subió la pierna del pantalón. Hablan de todo: de lo que les prende, de fantasías. "A mí me gusta cuando las cosas se calientan de golpe, como ahora", confiesa ella, su mano en tu rodilla. El aire se carga de electricidad, el olor a su excitación sutil, almizclado, mezclándose con la levadura de la cerveza. Tu pulso acelera, sientes el calor entre sus piernas cuando se acerca más.

El beso llega natural. Sus labios suaves, saboreando a chela y menta de su chicle. Te devora con pasión, lengua explorando tu boca, manos enredándose en tu pelo. Gimes bajito, el sonido ahogado por su boca. La recuestas en el sofá, su blusa subiéndose, revelando abdomen plano y terso. Besas su cuello, lamiendo el sudor salado, inhalando su esencia. "Sí, carnal, así", jadea, arqueando la espalda. Tus manos bajan a sus jeans, desabrochando el botón con dedos temblorosos de deseo. Ella te ayuda, quitándoselos de un tirón, quedando en tanga negra que apenas cubre su coño depilado, ya húmedo, brillando.

La tocas por encima de la tela, sintiendo el calor húmedo, sus labios mayores hinchados. Ella gime, un sonido gutural que te pone más duro. "Quítamela ya, pendejo caliente", ordena juguetona, y obedeces. Su coño rosado, jugoso, te invita. Bajas la cabeza, lengua lamiendo su clítoris hinchado, sabor salado-dulce que te enloquece. Ella agarra tu cabeza, caderas moviéndose contra tu boca, chupando aire entre gemidos. "¡Qué rico, no pares! Limpias con la lengua como yo con el trapo, con pura pasión." Ríes contra su piel, vibrando, y ella explota: temblores, jugos inundando tu boca, gritos que rebotan en las paredes.

Ahora ella te voltea, experta. Te baja los calzones, tu verga saltando libre, venosa y palpitante. "Mira qué chulada", dice, lamiendo desde la base hasta la punta, lengua girando en el glande. El placer es fuego líquido, su saliva caliente resbalando. Te chupa profundo, garganta apretando, ojos fijos en los tuyos.

Esto es el paraíso, carnal. Su boca es terciopelo mojado, succionando como si quisiera tragarte entero.
Agarras sus tetas, pellizcando pezones duros como piedras, ella gime alrededor de tu pija, vibrando más placer.

No aguantas más. La pones a cuatro en el sofá, oliendo su espalda sudada, besándola mientras embistes. Entrar en ella es éxtasis: apretada, caliente, paredes vaginales masajeando cada centímetro. "¡Dame duro, sí!", grita, empujando contra ti. El slap-slap de carne contra carne, sudor goteando, sus nalgas rebotando contra tu pelvis. Cambian: ella encima, cabalgando salvaje, tetas saltando, uñas en tu pecho. El olor a sexo impregna todo, almizcle y fluidos. Sientes el orgasmo subir, bolas tensándose.

"Me vengo, Karla..." Ella acelera, coño contrayéndose. Explotas juntos: chorros calientes llenándola, ella temblando, gritando tu nombre. Colapsan, jadeando, piel pegajosa, corazones tronando al unísono. Besos lentos, caricias suaves. "Eso fue limpia con pasión total", susurra ella, riendo. Tú la abrazas, oliendo su cabello, sintiendo paz profunda.

Después, Netflix sigue encendido, olvidado. Se duchan juntos, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo, pero suave. Salen envueltos en toallas, piden unos tacos por app – carnitas suaves, salsa verde picosa que quema la lengua. Comen en la cama, hablando de repetir. Ella se va al rato, con un beso largo en la puerta. "Por ahora Netflix, pero la próxima limpia será más intensa." Te quedas solo, el depa impecable, el cuerpo saciado, mente flotando en afterglow. Chido, la vida es pasión limpia.

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