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Netflix Diario de una Pasion Ardiente

6605 palabras

Netflix Diario de una Pasion Ardiente

Estás recostada en el sofá de tu depa en la Condesa, con las luces bajitas y el olor a palomitas recién hechas flotando en el aire. La noche de viernes huele a libertad, a esas horas en que la ciudad allá afuera bulle con sus cláxones lejanos y risas de borrachos, pero aquí adentro solo existes tú y él. Marco, tu carnal del alma desde hace meses, el wey que te hace vibrar con solo una mirada. Llevan semanas coqueteando con la idea de una noche tranquis, y esta vez eligieron Netflix Diario de una Pasion, esa película romántica que prometía lágrimas y suspiros. "Órale, carnala, esto va a estar chido", te dice él con esa sonrisa pícara, mientras se acomoda a tu lado, su muslo rozando el tuyo de forma que sientes el calor subir por tu piel.

El menú de Netflix parpadea en la tele grande, y cuando das play, la pantalla se llena de esos paisajes sureños gringos, lluvia torrencial y una historia de amor que te atrapa de inmediato. Ryan Gosling sale mojado hasta los huesos, besando a Rachel McAdams como si el mundo se acabara ahí mismo. Tú sientes un cosquilleo en el estómago, el corazón latiéndote más rápido. Marco pasa un brazo por tus hombros, su mano grande y cálida bajando despacito por tu brazo. Huele a su colonia fresca, mezclada con el sudor ligero de su piel después de un día largo. Neta, este wey me prende con nada, piensas, mientras te acurrucas más contra él, tu cabeza en su pecho, oyendo los latidos firmes bajo la camiseta ajustada.

La peli avanza, y la tensión crece en la pantalla como un fuego lento. Allie y Noah discutiendo, reconciliándose en la lluvia, sus cuerpos chocando con urgencia. Tú notas cómo la respiración de Marco se acelera, su mano ahora en tu muslo desnudo, porque decidiste ponerte ese shortcito de algodón que deja ver tus piernitas suaves. "Mira nomás, qué pasión la de esos dos", murmura él cerca de tu oreja, su aliento caliente rozándote el lóbulo, enviando chispas directo a tu entrepierna. Quieres responder algo chistoso, pero solo sale un suspiro cuando sus dedos trazan círculos suaves en tu piel, subiendo poquito a poco.

El beso icónico llega: lluvia, gritos, deseo puro. En la pantalla, se devoran como animales hambrientos, y tú sientes que tu cuerpo responde igual. Marco te gira la cara con gentileza, sus ojos cafés clavados en los tuyos, brillando con esa hambre que conoces bien. "¿Sabes qué? Yo quiero mi propio diario de una pasión contigo", dice con voz ronca, y antes de que puedas contestar, sus labios caen sobre los tuyos. Suave al principio, explorando, saboreando el salado de las palomitas en tu lengua. Tú respondes abriendo la boca, enredando tu lengua con la suya, el beso profundizándose hasta que gimes bajito contra su boca.

¡Ay, wey, este beso sabe a promesas sucias, a noches que no terminan!

Sus manos no paran: una en tu nuca, jalándote más cerca, la otra metiéndose bajo tu blusita holgada, encontrando tus pechos libres, sin sostén. Tus pezones se endurecen al instante bajo sus palmas ásperas, y arqueas la espalda, presionándote contra él. "Estás rica, mi amor", gruñe él, rompiendo el beso para bajar la boca a tu cuello, lamiendo la sal de tu piel, mordisqueando suave hasta que jadeas. Hueles su excitación ahora, ese aroma masculino y almizclado que te moja entre las piernas. La peli sigue de fondo, pero ya nadie la ve; es solo ruido blanco para la sinfonía de suspiros y roces.

Te levantas a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra tu concha a través de la tela delgada. "¡Marco, pendejo, me estás volviendo loca!", le dices riendo entre jadeos, mientras le quitas la playera de un tirón, revelando su pecho moreno y musculoso, con ese tatuaje chiquito de un águila que siempre te ha gustado lamer. Él te mira como si fueras el postre más chingón, sus manos en tus caderas guiándote en un vaivén lento. "Quítate eso, ricura, déjame verte toda", pide, y tú obedeces, sacándote la blusa y el short, quedando en tanguita de encaje negro que ya está empapada.

Ahora él se pone de pie, cargándote como si no pesaras nada, tus piernas enroscadas en su cintura. Caminan al cuarto, besándose sin parar, tropezando con el sillón. La cama te recibe suave, sábanas frescas oliendo a detergente de lavanda. Marco te tumba con cuidado, pero sus ojos arden. Se quita el pantalón, y su verga salta libre, gruesa y venosa, apuntando a ti como un imán. Tú la agarras, sintiendo el pulso caliente en tu palma, el precum resbaloso en la punta. "Ven pa'cá, mi rey", lo invitas, y él se echa sobre ti, su peso delicioso aplastándote un poquito.

El escalamiento es puro fuego: su boca en tus tetas, chupando un pezón mientras pellizca el otro, enviando descargas eléctricas directo a tu clítoris hinchado. Tú le jalas el pelo, gimiendo "¡Más, cabrón, no pares!". Baja besando tu vientre, lamiendo el ombligo, hasta llegar a tu tanga. La aparta con los dientes, y su lengua encuentra tu concha mojada, lamiendo despacio las labios hinchados, saboreando tu jugo dulce y salado. "¡Pinche delicia, hueles a sexo puro!", dice antes de meter la lengua adentro, chupando tu clítoris con maestría. Tus caderas se alzan solas, frotándote contra su cara barbuda, el roce raspando rico. El orgasmo se arma rápido, como una ola, y explotas gritando su nombre, piernas temblando, visión borrosa.

Pero no para ahí. Tú lo volteas, montándolo como amazona, su verga resbalando fácil en tu resbaladero. Lo sientes llenarte por completo, grueso y caliente, golpeando ese punto que te deshace. Cabalgas lento primero, sintiendo cada vena, cada pulso, sus manos en tu culo amasándolo. "¡Sí, así, mi reina, cógeme duro!", ruega él, sudando, el olor a sexo impregnando el cuarto. Aceleras, tetas rebotando, pieles chocando con palmadas húmedas. Él se incorpora, mamándote los pezones mientras embistes desde abajo, profundo, salvaje. El clímax llega juntos: tú aprietas su verga con contracciones, él gruñe como bestia, llenándote con chorros calientes que sientes chorrear.

Caen exhaustos, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su semen tibio gotea entre tus muslos, y tú lo besas suave, saboreando el sudor salado en su labio. La tele aún suena lejana, la peli terminada hace rato. "Nuestro Netflix Diario de una Pasion fue mejor que la de ellos", bromeas, y él ríe, apretándote contra su pecho. Duermen así, piel con piel, con el corazón latiendo al unísono, sabiendo que esto es solo el principio de muchas noches así de ardientes.

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