Las 24 Horas de la Pasion de Luisa Piccarreta Libro
Yo soy Luisa Piccarreta una escritora de cuarenta años que vive en un departamento luminoso en la colonia Condesa de la Ciudad de México. Afuera el bullicio de los cafés y las risas de las parejas se mezclaba con el aroma a café de olla que subía desde la cocina. Había pasado semanas encerrada terminando mi libro Las 24 horas de la pasion de Luisa Piccarreta libro un diario erótico disfrazado de confesiones íntimas donde narraba veinticuatro horas de deseo puro con mi amante Alejandro. Las palabras en las páginas olían a tinta fresca y a mi perfume de jazmín pero al hojearlo sentía un cosquilleo en la piel como si las fantasías cobraran vida.
¿Y si lo vivo de verdad? ¿Y si llamo a Alejandro y le digo que venga a devorarme hora por hora?Mi corazón latió fuerte el teléfono en la mano sudada marqué su número.
"¿Qué onda güey? " contestó él con esa voz ronca que me ponía la piel chinita. "Luisa nena ¿todo bien?" Le conté del libro del desafío de las veinticuatro horas de pasión ininterrumpida. "Ven ahorita carnal. Vamos a hacer que este libro sea real." Colgué sin esperar respuesta mi cuerpo ya ardía de anticipación. Me puse un vestido negro ajustado sin nada debajo el roce de la tela contra mis pezones duros era como una promesa.
Alejandro llegó en menos de media hora oliendo a colonia fuerte y a moto caliente. Era alto moreno con músculos de gimnasio y una sonrisa pícara que gritaba "te voy a volver loca". Me jaló contra su pecho sus manos grandes apretando mi cintura. "¿Entonces este libro tuyo es una invitación?" murmuró besándome el cuello su aliento cálido con sabor a chicle de menta. Asentí gimiendo bajito mientras sus dedos subían por mis muslos rozando la humedad que ya empapaba mis labios. Las primeras horas serían de caricias lentas como lo escribí en el capítulo uno.
Empezamos en el sillón de terciopelo rojo la luz de las velas parpadeando sombras en su torso desnudo. Sus labios sabían a tequila reposado que nos echamos de la botella directo a la boca pasando el líquido de lengua en lengua. Tocó mi piel suave como seda sus callos de mecánico rozando mis senos haciendo que mis pezones se endurecieran más. "Estás cañón Luisa" gruñó lamiendo mi oreja el sonido húmedo enviando ondas de placer hasta mi centro. Yo le arañé la espalda sintiendo los músculos tensos bajo mis uñas el olor a sudor fresco mezclándose con mi aroma almizclado de excitación.
Esto es mejor que cualquier página del libropensé mientras lo montaba a horcajadas frotando mi panocha mojada contra su verga dura a través del pantalón. Las horas dos a seis volaron en besos voraces explorando cada centímetro. Le chupé el pecho salado mordisqueando sus pezones oscuros él jadeaba "¡Pinche loca me vas a matar!" con esa risa juguetona mexicana que me derretía. Le bajé el cierre liberando su miembro grueso venoso palpitante lo lamí desde la base hasta la punta saboreando la gota salada de pre-semen. El sonido de su gemido gutural llenó la sala como una ranchera sensual.
Para la séptima hora nos mudamos a la cama king size sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel caliente. Aquí la tensión subió él me abrió las piernas besando el interior de mis muslos el calor de su aliento cerca de mi clítoris hinchado. "Te voy a comer entera mami" prometió y su lengua mágica se hundió en mí lamiendo chupando succionando mis jugos dulces y cremosos. Grité arqueándome el placer como electricidad recorriendo mi espina dorsal oliendo mi propio sexo mezclado con su sudor.
En el libro lo describí pero vivirlo es fuego puro. Mis caderas se movían solas follándole la cara hasta que exploté en un orgasmo que me dejó temblando piernas flojas pulso desbocado.
Él no paró la octava hora me volteó de rodillas penetrándome despacio desde atrás su verga llenándome estirándome deliciosamente. El slap slap de piel contra piel resonaba como tambores aztecas su mano en mi clítoris frotando en círculos. "¡Más duro pendejo!" le pedí riendo entre gemidos y él obedeció embistiéndome fuerte profundo tocando ese punto que me hacía ver estrellas. Sudábamos como en sauna el olor almizclado envolviéndonos toques resbalosos de cuerpos lubricados. Las horas nueve a doce fueron un torbellino posiciones del libro el misionero con miradas intensas donde vi su alma en sus ojos cafés el vaquero donde yo cabalgaba controlando el ritmo mis tetas rebotando él amasándolas gruñendo "¡Qué chingonas!".
En la pausa de la decimotercera hora comimos tacos de pastor recién traídos de la taquería de la esquina el picor de la salsa en la lengua avivando el fuego. Nos besamos con boca a cebolla y cilantro pero qué rico. "Eres mi musa Luisa este libro va a ser un éxito porque lo estamos escribiendo con el cuerpo" dijo él acariciándome el cabello húmedo. La decimocuarta hora en la ducha agua caliente cayendo como lluvia tropical jabón espumoso resbalando por curvas él enjabonándome frotando mi culo redondo metiendo un dedo juguetón. Gemí contra el azulejo fresco el vapor empañando todo el sonido amplificado de nuestros jadeos.
La intensidad creció en las horas quince a veinte explorando fetiches del libro ligaduras suaves con mi bufanda de seda atándolo a mí besos en el ano rimming mutuo que nos dejó temblando de tabú delicioso. Su lengua ahí era pecado puro sabor terroso y íntimo yo devolviéndole succionando sus bolas pesadas oliendo su masculinidad cruda.
¿Cómo diablos escribí esto sin haberlo sentido antes? Alejandro me despierta todo. Lo monté reverse cowgirl sintiendo su mirada en mi culo moviéndose arriba abajo el sudor goteando el slap constante hasta otro clímax que me dejó gritando su nombre.
Las últimas horas veintiuna a veinticuatro fueron lentas profundas conexión emocional. Misionero cara a cara sus ojos en los míos susurrando "Te amo pinche loca" embistiendo suave pero profundo rozando mi G-spot. Lágrimas de placer rodaron por mis mejillas el olor a sexo maduro impregnando la habitación toques tiernos manos entrelazadas pulsos sincronizados. Explotamos juntos él llenándome con chorros calientes yo contrayéndome ordeñándolo gemidos fusionados en uno.
Al amanecer hora veinticuatro terminada nos quedamos abrazados piel pegajosa sábanas revueltas el sol filtrándose dorado. Bebimos café con leche besándonos perezosos.
El libro Las 24 horas de la pasion de Luisa Piccarreta libro ahora es real grabado en mi carne en mi alma. Alejandro y yo somos eternos en esas páginas. Él sonrió "¿Secuela?" Reí besándolo. Sí carnal la pasión no termina en veinticuatro horas.