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Pasión Cap 16 Fuego en la Sangre

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Pasión Cap 16 Fuego en la Sangre

El sol de Puerto Vallarta se ponía como un beso ardiente en el horizonte, tiñendo el cielo de naranjas y rojos que se reflejaban en las olas del Pacífico. Yo, Ana, caminaba por la playa de arena blanca, el viento salado revolviéndome el pelo y pegándome el vestido ligero a la piel. Hacía calor, pero no tanto como el que me quemaba por dentro desde que supe que Javier me esperaba en esa casa de playa chida que rentamos para el fin de semana. Habían pasado semanas desde nuestra última noche, y cada mensaje suyo me había dejado con las chonas latiendo de anticipación.

Lo vi desde lejos, recostado en una hamaca junto a la terraza, con una cerveza en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace. Alto, moreno, con el pecho tatuado asomando por la camisa entreabierta. Pinche Javier, siempre sabiendo cómo hacerme agua la boca, pensé mientras me acercaba. El olor a mar se mezclaba con su colonia, esa que huele a madera y deseo puro.

Órale, mi reina, ya llegaste —dijo levantándose, su voz grave como un ronroneo que me erizó la piel.

Me abrazó fuerte, sus manos grandes bajando por mi espalda hasta apretarme las nalgas con esa posesión juguetona que me encanta. Sentí su dureza contra mi vientre, y un jadeo se me escapó sin querer.

Esto es Pasión Cap 16, pensé, como esos capítulos de las novelas que devoro, donde el fuego apenas empieza a arder de verdad.
Nos besamos ahí mismo, con el rumor de las olas de fondo, su lengua explorando mi boca con hambre acumulada. Sabía a cerveza fría y a sal marina, y yo me derretía como mantequilla en comal.

Entramos a la casa, una villa con ventanales enormes que dejaban entrar la brisa tibia. La cocina olía a tacos de mariscos que él había preparado, pero la comida podía esperar. Javier me cargó como si no pesara nada, riendo mientras subía las escaleras hacia el dormitorio principal. Neta que este carnal me tiene loca, me dije, sintiendo sus músculos tensos bajo mis piernas.

En la habitación, la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio, y velas ya encendidas que parpadeaban sombras suaves en las paredes de adobe blanco. Me dejó caer con gentileza, pero sus ojos negros brillaban con esa intensidad que promete tormenta. Se quitó la camisa despacio, dejándome admirar su torso esculpido por horas en el gym y el sol mexicano. Yo me incorporé de rodillas, jalando de su cinturón con urgencia.

Tranquila, amor, vamos a saborear esto —murmuró, deteniendo mis manos para besarme el cuello, mordisqueando esa zona sensible que me hace arquear la espalda.

Su aliento caliente me cosquilleaba, y el roce de su barba incipiente era como lija suave en mi piel. Bajó el tirante de mi vestido, exponiendo un pecho, y lo lamió con devoción, chupando el pezón hasta que se endureció como piedra. Gemí bajito, el sonido ahogado por el viento que entraba por la ventana abierta. Qué rico se siente su boca, pinche experto, pensé, mientras mis manos se enredaban en su pelo oscuro y ondulado.

El deseo crecía como marea alta, pero él quería jugar. Me tendió en la cama, quitándome el vestido con reverencia, besando cada centímetro de piel que descubría. Sus dedos trazaban patrones en mis muslos, subiendo lento hasta rozar mi humedad a través de las panties. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con el aroma de las velas de coco.

Estás empapada, mi vida. Todo por mí —dijo con voz ronca, quitándome la prenda y separándome las piernas.

Su lengua se hundió en mí sin aviso, lamiendo con maestría, succionando mi clítoris como si fuera el fruto más dulce. El placer me atravesó como rayo, mis caderas se alzaron solas, y grité su nombre mientras olas de calor me recorrían desde el ombligo hasta las yemas de los dedos. No aguanto más, pero qué chido es este tormento. Él gemía contra mi carne, vibraciones que me volvían loca, sus manos apretando mis nalgas para acercarme más.

Lo jalé del pelo, pidiéndole sin palabras que subiera. Se posicionó sobre mí, su verga dura y gruesa rozando mi entrada, caliente y pulsante. Nos miramos a los ojos, ese momento de conexión que hace todo más intenso.

Te quiero dentro, Javier. Hazme tuya —susurré, rodeándolo con las piernas.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome con ese dolor-placer que adoro. Sentí cada vena, cada latido de su miembro dentro de mí, llenándome por completo. Empezó a moverse, primero suave, como olas meciéndonos, el sonido de piel contra piel mezclándose con nuestros jadeos y el crujir de la cama. El sudor nos unía, salado en la lengua cuando lo besé.

La tensión subía, mis uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas que mañana le recordarán esta noche. Aceleró, embistiéndome profundo, golpeando ese punto que me hace ver estrellas.

Esto es pasión pura, Cap 16 de nuestra historia infinita, donde el fuego nos consume sin quemar.
Mi cuerpo se tensó, el orgasmo construyéndose como volcán, y cuando exploté, fue con un grito que ahogué en su hombro, contracciones milkingándolo mientras él gruñía mi nombre.

No paró, volteándome para entrar por atrás, sus manos en mis caderas guiándome. El espejo frente a la cama nos devolvía la imagen: yo de rodillas, tetas balanceándose, él sudado y feroz. El slap-slap de nuestros cuerpos era música erótica, su mano bajando a frotar mi clítoris hinchado. Olía a sexo crudo, a nosotros dos fundidos en uno.

Vente conmigo, Ana. Dámelo todo —ordenó, y su voz me empujó al borde otra vez.

El segundo clímax me dobló, piernas temblando, mientras él se vaciaba dentro de mí con un rugido gutural, caliente y abundante. Colapsamos juntos, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón latiendo contra mi pecho como tambor compartido.

Después, en la afterglow, nos duchamos bajo la regadera al aire libre, agua tibia lavando el sudor mientras nos besábamos perezosos. Regresamos a la cama, desnudos bajo las sábanas, con el mar cantando arrullo. Javier me acunó, su mano trazando círculos en mi vientre.

Esto fue épico, mi amor. ¿Lista para Cap 17? —bromeó, besándome la frente.

Sonreí en la oscuridad, el cuerpo saciado pero el alma anhelando más. Sí, pinche pasión cap 16, el mejor capítulo hasta ahora. El viento traía promesas de más noches así, en esta tierra de sol y fuego que nos vio nacer de nuevo.

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