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Como Sorprender a Tu Pareja en una Noche de Pasión (1)

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Como Sorprender a Tu Pareja en una Noche de Pasión

Imagina que has planeado todo el día pensando en como sorprender a tu pareja en una noche de pasión. Eres un tipo común de la Ciudad de México, con un trabajo que te absorbe de lunes a viernes, pero esta noche es tuya. Ana, tu morra, llega cansada del metro y el tráfico infernal de Insurgentes, sin saber la sorpresa que le tienes guardada. El departamento huele a velas de vainilla y jazmín que prendiste hace rato, el aire tibio de la noche entra por la ventana entreabierta, trayendo el rumor lejano de los cláxones y un mariachi callejero que toca en la esquina.

Tú esperas en la sala, con una camisa negra ajustada que resalta tus hombros anchos, jeans ceñidos y los pies descalzos sobre el piso de loseta fría. El corazón te late fuerte, como tamborazo zacatecano, mientras repasas el plan en tu cabeza.

¿Y si no le gusta? Neta, wey, relájate, ella siempre dice que quiere más chispa en la cama
, piensas, sintiendo un cosquilleo en el estómago que baja hasta tu entrepierna. Preparaste la mesa con tacos de cochinita de un puesto chido de la Condesa, una botella de tequila reposado Don Julio y fresas bañadas en chocolate que derretiste tú mismo. Pero lo mejor está en el cuarto.

La puerta se abre y ahí está ella, con su falda plisada que se pega a sus caderas anchas, blusa blanca algo sudada por el calor, el pelo negro suelto cayendo como cascada sobre sus hombros morenos. Sus ojos cafés brillan cansados pero pícaros al verte. "¡Hola, cabrón! ¿Qué onda con las velas? ¿Estás de buenas o qué?" dice riendo, quitándose los zapatos y caminando hacia ti con ese contoneo que te enloquece desde el primer día que la viste en una fiesta en Polanco.

La abrazas fuerte, inhalando su olor a perfume barato de La Vicenta mezclado con el sudor salado de su piel. Tus manos bajan por su espalda hasta apretar sus nalgas firmes. "Shh, mi reina, hoy te voy a consentir como nunca", le susurras al oído, mordisqueando su lóbulo. Ella gime bajito, un sonido ronco que te pone duro al instante. La besas lento, saboreando sus labios carnosos con sabor a chicle de tamarindo, las lenguas enredándose como serpientes en celo.

La guías a la mesa, sirviéndole un taco y un shot de tequila. Beben, el licor quema la garganta y sube la temperatura. Sus risas llenan el aire, hablando de pendejadas del trabajo, pero tus ojos no dejan de recorrer sus tetas que se marcan bajo la blusa, los pezones ya duros como piedritas.

Esto apenas empieza, carnal, la noche es larga
, te dices mientras le das una fresa, lamiendo el chocolate que chorrea por su barbilla.

Después de cenar, la tomas de la mano y la llevas al cuarto. Las luces bajas de las velitas parpadean sobre la cama king size que armaron con tanto esfuerzo. En el buró, un antifaz de seda negra. "Confía en mí, amor. Cierra los ojos", le ordenas suave, poniéndole el antifaz. Ella tiembla un poco, excitada, su respiración acelerada hace que su pecho suba y baje rápido. La sientas en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso, y empiezas el masaje.

Tus manos, untadas en aceite de coco que huele a playa de Cancún, recorren sus hombros tensos. Sientes los músculos relajarse bajo tus dedos fuertes, amasando la piel suave y cálida. Baja por su espalda, desabrochando el brasier con un chasquido experto. "Qué chingón se siente esto", murmura ella, arqueando la espalda. El aire se llena del aroma almizclado de su excitación, mezclado con el coco y el jazmín. Tus pulgares presionan sus vértebras, bajando hasta las nalgas, separándolas un poco para rozar su rajita húmeda por encima de las panties.

La volteas boca arriba, ahora desnuda de la cintura para arriba. Sus tetas grandes y redondas se mueven con cada jadeo, pezones oscuros erectos pidiendo atención. Los chupas despacio, succionando uno mientras pellizcas el otro, saboreando el salado de su piel sudada. Ella gime más fuerte, "¡Ay, wey, no pares! Me estás volviendo loca". Tus manos bajan, quitándole la falda y las panties de encaje rojo que compraste en Naucalpan. Su coñito depilado brilla mojado, los labios hinchados y rosados invitándote.

Pero no vas directo, no, esta es la sorpresa: la besas por todo el cuerpo, lengua trazando caminos de fuego desde el ombligo hasta los muslos internos. El sabor salado-musgoso de su piel te embriaga, el calor de su sexo cerca de tu boca te hace latir la verga contra los jeans. Le abres las piernas con gentileza, inhalando profundo su aroma íntimo, como tierra mojada después de la lluvia. Tu lengua roza su clítoris hinchado, chupándolo suave al principio, luego más rápido, metiendo un dedo dentro de su calor resbaloso.

Ana se retuerce, las sábanas crujiendo bajo sus uñas,

¡Dios mío, este pendejo sabe lo que hace! Nunca me había comido así
, piensa ella aunque tú no lo oyes, solo sientes sus caderas empujando contra tu cara, el jugo dulce chorreando por tu barbilla. Le metes dos dedos, curvándolos para tocar ese punto que la hace gritar, "¡Sí, ahí, cabrón, más fuerte!". Su cuerpo se tensa como cuerda de guitarra, el primer orgasmo la sacude violento, piernas temblando, un chorro caliente mojando las sábanas.

Te quitas la ropa rápido, tu verga dura como piedra saltando libre, venosa y gruesa, goteando pre-semen. Ella, aún con el antifaz, extiende la mano tanteando y la agarra, masturbándote con maestría. "Qué rica la tienes, amor, ven a dármela", suplica. La pones a cuatro patas, el culo redondo alzado perfecto, y frotas la punta contra su entrada empapada. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo las paredes calientes apretándote como guante de terciopelo. El sonido chapoteante de la piel contra piel llena el cuarto, mezclado con sus gemidos y tus gruñidos roncos.

Empujas más profundo, agarrando sus caderas, el sudor perlando tu pecho y goteando sobre su espalda. "¡Métemela toda, wey, rómpeme!" grita ella, empujando hacia atrás. Aceleras, el ritmo como pistones, bolas golpeando su clítoris. Sientes el orgasmo construyéndose en tus huevos, pero la volteas para mirarla a los ojos cuando le quitas el antifaz. Sus pupilas dilatadas, boca abierta en éxtasis. La besas mientras la penetras misionero, piernas enredadas, piel resbalosa pegándose.

El clímax llega como avalancha: ella se aprieta alrededor de tu verga, ordeñándola, gritando tu nombre mientras convulsiona. Tú explotas dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador haciendo que veas estrellas. Colapsan juntos, jadeando, el corazón martilleando al unísono. El olor a sexo impregna todo, semen y jugos mezclados en las sábanas revueltas.

Después, la abrazas en la penumbra, besando su frente sudada. "¿Te gustó la sorpresa, mi vida?" preguntas, voz ronca. Ella ríe bajito, acurrucándose contra tu pecho. "Neta, fue lo máximo. ¿Cómo se te ocurrió esto de como sorprender a tu pareja en una noche de pasión? Eres el mejor cabrón del mundo". Duermen así, envueltos en el calor mutuo, el amanecer tiñendo las cortinas de rosa, prometiendo más noches así en su vida chilanga llena de pasión.

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