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Diario de una Pasion Descargar Gratis

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Entrada del 15 de mayo

Qué chido es tener este diario donde desahogo todo lo que me pasa carnal. Hoy ando bien caliente pensando en él. Se llama Alejandro, un morro alto moreno con ojos que te tragan viva. Lo conocí en el café de la colonia Roma, aquí en la CDMX. Yo estaba sentada con mi latte de vainilla oliendo a puro cielo cuando entró él con esa camisa ajustada que le marca los músculos del pecho. Neta, mi corazón dio un brinco y sentí un cosquilleo entre las piernas que me hizo cruzarlas fuerte.

Me miró y sonrió con esa dentadura perfecta, blanca como perla. Órale güey, pensé, este pendejo me va a volver loca. Se acercó y me dijo: "Disculpa mami, ¿está ocupado este asiento?". Su voz grave me erizó la piel, como si me estuviera acariciando el cuello con los labios. Le contesté con una sonrisa coqueta: "Siéntate carnal, hay espacio para dos". Ahí empezó todo. Platicamos de música, de tacos al pastor y de lo bien que se siente el viento en Polanco en las noches.

Pero en mi cabeza ya lo imaginaba desnudo, su piel morena oliendo a colonia fresca y sudor masculino. Sentí mi panocha humedecerse solo de pensarlo. Al despedirnos me rozó la mano y juró que ese calor me quemó hasta los huesos. Ahora en mi depa, sola con la luz tenue del buró, me toco despacito recordando su mirada. Quiero más, neta quiero que me coma entera.

Nota: Algún día haré este diario de una pasion descargar gratis para que todos sientan lo que yo siento. ¿Quién sabe?

Entrada del 20 de mayo

¡No mames! Alejandro me invitó a su casa en Coyoacán. Llegué nerviosa, con un vestido rojo ceñido que me marca las curvas y unos tacones que hacen clic-clac en el piso de cantera. Él abrió la puerta en pants y playera sin mangas, oliendo a jabón y algo más, como deseo puro. "Pasa reina", me dijo y me jaló por la cintura. Su mano grande y cálida en mi espalda baja me hizo jadear bajito.

Nos sentamos en el sofá con unas chelas frías. La tele de fondo con una peli romántica pero ni pedo, porque sus ojos estaban fijos en mis tetas. Me acerqué y lo besé, suave al principio, saboreando sus labios carnosos con gusto a menta. Su lengua entró juguetona, explorando mi boca como si fuera mi concha. Gemí contra él y sentí su verga endurecerse contra mi muslo. Qué rica se sentía esa presión, dura como piedra.

Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. "Eres una diosa", murmuró mientras lamía mi cuello, bajando hasta mis pezones que ya estaban duros como balitas. Los chupó con hambre, mordisqueando suave, y yo arqueé la espalda gimiendo "¡Ay cabrón, sí!". Su olor a hombre me inundaba, mezclado con mi aroma de excitación que flotaba en el aire.

Pero paramos ahí, neta fue una tortura deliciosa. Me dijo: "Quiero tomarme mi tiempo contigo, no quiero apurarme". Me fui a casa con las calzones empapadas, tocándome en el camión imaginando su pinga dentro de mí. El pulso en mi clítoris latía como tamborazo en fiesta.

Entrada del 25 de mayo

La tensión ya no aguanta más. Hoy lo invité a mi depa en la Condesa. Preparé velitas con olor a jazmín, música de Natalia Lafourcade de fondo suave y una botella de mezcal ahumado. Cuando llegó, lo recibí en lencería negra transparente que deja ver mis pezones rosados y mi panocha depilada. "¡Virgen santa!", exclamó riendo, pero sus ojos se oscurecieron de puro deseo.

Lo jalé al cuarto, nuestros cuerpos chocando con urgencia. Nos besamos como locos, lenguas enredadas, saliva mezclándose con sabor a mezcal. Le quité la ropa a besos, lamiendo su pecho velludo, bajando hasta su abdomen marcado. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con la punta brillosa de precum. La tomé en mi mano, suave como terciopelo sobre acero, y la lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando su gusto salado y masculino. "¡Mamacita, qué chido!", gruñó él, enredando sus dedos en mi pelo.

Me puso en la cama boca arriba, abriéndome las piernas con manos temblorosas de emoción. Besó mis muslos internos, inhalando profundo mi olor a excitación. "Hueles a paraíso", dijo antes de enterrar la cara en mi concha. Su lengua mágica lamió mi clítoris en círculos lentos, chupando mis labios hinchados. Sentí jugos correr por mi raja, y gemí fuerte "¡Alejandro, no pares pendejo!". Metió dos dedos gruesos, curvándolos para tocar mi punto G, mientras succionaba mi botón con labios calientes. Mi cuerpo se convulsionaba, el sonido de mis jugos chapoteando era obsceno y delicioso.

Lo volteé y me subí encima, frotando mi panocha mojada contra su verga dura. "Te quiero dentro ya", le rogué. Él asintió, guiándola a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. "¡Qué apretadita estás!", jadeó. Empecé a cabalgarlo lento, sintiendo cada vena rozar mis paredes internas. El slap-slap de piel contra piel, nuestros gemidos mezclados con el crujir de la cama. Sudor perlando nuestros cuerpos, oliendo a sexo puro.

Aceleré, rebotando fuerte, mis tetas saltando. Él me agarró las nalgas, amasándolas, metiendo un dedo en mi ano para más placer. "¡Sí güey, fóllame duro!", grité. Cambiamos a perrito, él embistiéndome profundo, su pelvis chocando mi culo con palmadas resonantes. Sentí el orgasmo subir como ola, mi concha contrayéndose alrededor de su verga. "¡Me vengo!", chillé, y exploté en temblores, jugos chorreando por sus bolas.

Él gruñó animalesco y se corrió dentro, chorros calientes llenándome hasta rebosar. Nos derrumbamos jadeantes, su semen goteando de mí, mezclándose con sudor en las sábanas. Me besó la frente, suave. "Eres mi pasión, mi todo".

Entrada del 30 de mayo

Han pasado días desde esa noche inolvidable y aún siento su eco en mi cuerpo. Caminamos por Chapultepec tomados de la mano, riendo de tonterías. Pero en la noche, solo de recordarlo, me mojo de nuevo. Alejandro me dice que quiere más, que esto apenas empieza. Neta, este diario guarda mi secreto más caliente.

Actualización: Lo subí a la red como diario de una pasion descargar gratis. Que el mundo sienta esta llama. ¡Descárgalo y enciéndete!

Ahora duermo con su playera oliendo a él, soñando con la próxima vez. Mi piel aún vibra con su toque fantasma, mi corazón late al ritmo de su nombre. Qué chingón es el amor así, puro fuego mexicano.

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