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El Diario de Una Pasion Pdf

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El Diario de Una Pasion Pdf

Querido diario, hoy decidí digitalizarte y guardarte como el diario de una pasion pdf en mi nube, por si algún día quiero compartir esta locura con el mundo. O tal vez solo para releerla yo, cuando el calor de la noche me invada de nuevo. Todo empezó hace tres meses en esa fiesta en la Roma, ¿te acuerdas? El aire olía a mezcal ahumado y jazmín de los balcones, la música de cumbia rebajada retumbaba en el pecho como un corazón acelerado. Ahí lo vi: Diego, con su camisa negra ajustada que marcaba los músculos de sus hombros, el cabello revuelto como si acabara de bajarse de una moto. Sus ojos cafés me clavaron en el sitio, y sentí un cosquilleo en la nuca, como electricidad bajando por la espina.

Me acerqué con un trago en la mano, fingiendo casualidad. "Órale, wey, ¿vienes seguido por acá?" le dije, con esa voz ronca que sale cuando estoy nerviosa. Él sonrió, dientes blancos reluciendo bajo las luces neón, y su voz grave respondió: "Primera vez, pero si te veo a ti, vuelvo todos los días." Nos reímos, pero adentro yo ya ardía. Su mano rozó la mía al pasarme la cerveza, piel cálida y áspera de quien trabaja con las manos. Sudor fresco, olor a jabón y algo masculino, como tierra mojada después de la lluvia. Esa noche no pasó nada más, solo miradas que prometían fuego, pero me fui a casa con las bragas empapadas, tocándome bajo las sábanas imaginando sus dedos en mí.

¿Por qué me prende tanto este pendejo? Es alto, fuerte, con esa barba de tres días que rasparía delicioso en mis muslos. Quiero oler su cuello, probar el salado de su piel.

Acto siguiente, dos días después me mandó mensaje. "¿Café en la Condesa?" Claro que sí. Llegué con mi vestido rojo ceñido, el que hace que mis tetas se vean perfectas, y él ya estaba ahí, en una mesita al aire libre. El sol de mediodía calentaba el concreto, aroma a café de olla y churros fritos flotando del puesto de la esquina. Hablamos de todo: de su chamba como mecánico de motos custom, de mi rollo en la agencia de diseño. Sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa, y cada roce era como una chispa. "Tienes unos ojos que matan, Ana", murmuró, y su aliento cálido me llegó al oído. Me mordí el labio, sintiendo el pulso en mi entrepierna acelerarse.

Al despedirnos, me jaló suave por la cintura y me plantó un beso que me dejó temblando. Sus labios carnosos, su lengua explorando la mía con hambre contenida, sabor a café y menta. Manos grandes en mi espalda baja, apretándome contra su pecho duro. "No pares", pensé, pero se separó con una sonrisa pícara. "La próxima, prometo más." Llegué a mi depa en Polanco jadeando, el cuerpo en llamas. Me desvestí frente al espejo, admirando mis curvas, pezones erectos, y me metí bajo la regadera fría, pero nada apagaba el deseo. Esa noche escribí páginas enteras sobre cómo quería que me desnudara lento, besara cada centímetro.

La tercera cita fue la buena. Me invitó a su taller en la Narvarte, después de horas. El lugar olía a aceite de motor, goma quemada y metal caliente, luces fluorescentes parpadeando sobre motos desarmadas. Él con overol manchado, músculos brillando de sudor. "Ven, te enseño algo", dijo, y me llevó a un rincón con una Harley reluciente. Me subí, el cuero del asiento frío contra mis jeans ajustados, vibración fantasma cuando él encendió el motor. Su cuerpo pegado al mío desde atrás, erección presionando mi culo. "¿Sientes el poder?" susurró en mi oreja, manos en mis caderas guiándome.

Apagó todo y me volteó, ojos oscuros devorándome. "Te quiero desde esa fiesta, Ana. Dime que tú también." "Más que nada, carnal", respondí, y lo besé con furia. Lenguas enredadas, gemidos ahogados. Sus manos subieron mi blusa, dedos callosos rozando mi piel suave, enviando escalofríos. Olía a sudor limpio, a hombre excitado. Le quité el overol, revelando torso definido, vello oscuro bajando al ombligo. Lo empujé contra la pared de ladrillo fresco, besando su cuello, lamiendo sal. Él gruñó, "Estás cañón, wey", y me cargó a una mesa de trabajo, papeles volando.

Mi corazón late como tamborazo zacatecano. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, dolor placer mezclado. Quiero su verga dentro, llenándome.

Me desvistió despacio, besando cada prenda que caía. Jeans por los tobillos, bragas negras empapadas. "Mira cómo estás de mojada por mí", dijo, dedo rozando mi clítoris hinchado. Gemí alto, eco en el taller vacío. Boca en mis senos, chupando fuerte, mordisqueando. Bajó, lengua trazando mi vientre, ombligo, hasta mi coño depilado. Aire fresco en mi humedad, luego calor de su aliento. Lamidas lentas, saboreándome, "Sabes a miel, pinche rica". Piernas temblando, manos en su pelo, empujándolo más profundo. Dedos dentro, curvándose en mi punto G, jugos chorreando por sus nudillos.

No aguanté más. "Cógeme ya, Diego". Se puso de pie, verga gruesa saliendo de los boxers, venas pulsantes, prepucio atrás mostrando glande rosado. Condón del bolsillo, rollo rápido. Me abrió las piernas, frotando la punta en mi entrada resbalosa. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Ay, cabrón, qué grande!" grité, uñas en su espalda. Empezó a moverse, embestidas profundas, mesa crujiendo. Piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando mi culo. Olor a sexo crudo, sudor perlando nuestros cuerpos. Besos salvajes, dientes chocando.

Cambié posiciones, yo encima, cabalgándolo como reina. Sus manos en mis nalgas, guiando, "Muévete así, mi amor, qué chingón se siente". Senos rebotando, pezones rozando su pecho. Clítoris frotándose en su pubis, oleadas de placer subiendo. Él debajo, caderas subiendo fuerte, gruñendo mi nombre. "Me vengo, Ana". Eso me llevó al borde. Espasmos, coño apretándolo, chorro caliente saliendo. Grité, visión borrosa, mundo explotando en éxtasis. Él se arqueó, llenando el condón con chorros calientes.

Caímos exhaustos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Su olor impregnado en mi piel, sabor salado en labios. "Eres increíble", murmuró, acariciando mi cabello. Nos vestimos riendo, promesas de más noches. Caminamos a la calle, aire nocturno fresco lavando el calor, tacos al pastor en la esquina sellando la noche con cebolla crujiente y salsa picosa.

Esta pasión me consume, pero qué rico. ¿Seguiremos? Lo sabré en la próxima entrada de este el diario de una pasion pdf. Por ahora, duermo con su fantasma entre mis piernas.

Han pasado semanas, y cada encuentro es más intenso. Ayer en mi depa, luces tenues, velas de vainilla perfumando el aire. Exploramos lento: aceites calientes en masaje, sus dedos en mi culo por primera vez, suave, consensual, abriéndome a placeres nuevos. Gime cuando lo monto de reversa, viendo mi espalda arqueada. Saboreamos jugos mutuos en 69, su verga en mi garganta, bolas en mi barbilla, yo ahogada en su lengua. Climax múltiple, cuerpos temblando en sintonía.

Pero no todo es puro fuego; hay ternura. Hablamos de sueños, miedos. Él de su infancia en Guadalajara, yo de mi divorcio chueco. Esto es real, empoderador. Me hace sentir mujer total, dueña de mi deseo. Mañana lo veo de nuevo. ¿Quién sabe? Tal vez comparta este pdf con amigas, para que envidien.

Fin de entrada, diario. La pasión sigue ardiendo, y yo con ella.

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