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La Pasión Meme

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La Pasión Meme

El sol de Puerto Vallarta caía como una caricia ardiente sobre la playa, tiñendo de dorado la arena fina que se pegaba a mis pies descalzos. El sonido de las olas rompiendo contra la orilla se mezclaba con el ritmo de la cumbia que salía de los altavoces de la palapa cercana. Yo, Alex, había llegado solo para desconectarme del pinche estrés de la ciudad, con una cerveza fría en la mano y el corazón abierto a lo que el mar trajera. Neta, no esperaba nada más que relax, pero ahí estaba ella, recargada en la barra, con un vestido floreado que se ceñía a sus curvas como si el viento mismo lo hubiera diseñado para provocarme.

Se llamaba Meme, me dijo con una sonrisa que iluminaba más que el atardecer. Sus ojos cafés, profundos como pozos de chocolate derretido, me atraparon de inmediato. "Qué onda, guapo, ¿vienes a mojar el hueso o nomás a ver el paisaje?", soltó con esa voz ronca, juguetona, típica de las morras de la costa que saben cómo hacerte sudar sin tocarte. Su piel morena brillaba con un aceite que olía a coco y algo más salvaje, como jazmín en flor. Me acerqué, sintiendo ya el cosquilleo en el estómago, esa pasión meme que empezaba a encenderse sin que yo lo pidiera.

Charlamos de todo y nada: del mar que nos mecía, de las fiestas locas en las que había crecido ella en Guadalajara, de cómo el tequila sabe mejor con buena compañía. Su risa era contagiosa, un gorgoteo que vibraba en mi pecho. Cada vez que se inclinaba para tomar su chela, el escote de su vestido dejaba ver el valle suave de sus senos, y yo tenía que apartar la vista para no delatarme como un pendejo ansioso.

"¿Qué pasa, wey? ¿Te comí con los ojos?",
bromeó, rozando mi brazo con sus dedos. Ese toque fue eléctrico, como una chispa que recorrió mi espina dorsal hasta el centro de mi ser. La tensión crecía, lenta pero imparable, como la marea subiendo.

La noche cayó envuelta en un manto de estrellas y el humo de las fogatas improvisadas. La música se volvió más sensual, un son jarocho que invitaba a los cuerpos a pegarse. "Baila conmigo", me dijo Meme, tomándome de la mano sin pedir permiso. Sus palmas eran cálidas, suaves, con un leve sudor que hacía la fricción deliciosa. En la pista improvisada de arena, nos movimos al ritmo, caderas chocando accidentalmente al principio, luego con intención. Sentía su aliento en mi cuello, caliente y con sabor a limón y sal, mientras sus muslos rozaban los míos. Carajo, mi verga ya palpitaba dura contra los shorts, traicionándome con cada giro.

"Sientes eso, ¿verdad? Esa la pasión meme que no se apaga fácil",
murmuró en mi oído, su lengua rozando apenas el lóbulo. Mi mente era un torbellino: ¿Esto es real o nomás un sueño mojado en esta playa? La quería ya, pero no quería apurarla. Le respondí con un beso en el hombro, saboreando la sal de su piel, ese néctar que me volvía loco. Sus manos bajaron por mi espalda, clavándose en mis nalgas, apretándome contra ella. El mundo se redujo a nosotros: el tamborileo de su corazón contra mi pecho, el roce de su pubis contra el mío, el olor almizclado de su excitación mezclándose con el mar.

Nos escabullimos de la fiesta, caminando por la orilla donde las olas lamían nuestros pies. La luna pintaba su silueta de plata, y cada paso era una promesa. Llegamos a mi cabaña, un rincón chido con vista al océano. Apenas cerré la puerta, Meme me empujó contra la pared, sus labios devorando los míos con hambre voraz. Su boca sabía a tequila y deseo puro, su lengua danzando con la mía en un duelo húmedo y feroz. Le arranqué el vestido, revelando sus tetas firmes, pezones oscuros endurecidos como piedras preciosas. Los chupé con avidez, oyendo sus gemidos roncos:

"¡Ay, wey, no pares! Dale duro"
.

La llevé a la cama, mis manos explorando cada centímetro de su cuerpo voluptuoso. Sus caderas anchas, su culo redondo que rebotaba al tocarlo, su coño ya empapado cuando metí los dedos. Olía a mujer en celo, ese aroma dulce y salado que me hacía babear. Ella me desvistió con maña, arañando mi pecho, bajando hasta mi polla tiesa. Madre santa, su boca era fuego: succionaba la cabeza con labios carnosos, lamiendo el tronco con lengua experta, mientras sus ojos me miraban fijo, desafiantes. Gemí como loco, mis caderas empujando instintivamente, sintiendo el calor de su garganta envolviéndome.

La tensión era insoportable, un nudo en el estómago que pedía explosión. La volteé boca abajo, besando su espalda arqueada, mordiendo suave sus nalgas.

"Métemela ya, cabrón, no me hagas rogar"
, suplicó con voz entrecortada. Me posicioné, frotando mi verga contra sus labios hinchados, sintiendo su humedad resbaladiza. Entré despacio al principio, centímetro a centímetro, gozando el estiramiento apretado de su interior. Ella jadeaba, empujando hacia atrás: ¡Qué chingón se siente!. Aceleramos, piel contra piel en un slap slap rítmico, sudor perlando nuestros cuerpos, el aire cargado de nuestros olores mezclados.

Cambié posiciones, ella encima ahora, cabalgándome como una diosa salvaje. Sus tetas botaban hipnóticas, yo las amasaba mientras ella giraba las caderas, su clítoris rozando mi pubis.

"¡Sí, así, pendejito! ¡Siente la pasión meme!"
gritó, sus uñas en mi pecho. El clímax se acercaba como una ola gigante: mi polla hinchándose dentro de ella, sus paredes contrayéndose en espasmos. Eyaculé con un rugido, llenándola de chorros calientes, mientras ella se corría temblando, su jugo empapando las sábanas. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando en mis oídos, cuerpos pegajosos fundidos.

Nos quedamos así, jadeantes, el ventilador zumbando sobre nosotros. Meme se acurrucó en mi pecho, su cabeza en mi hombro, trazando círculos perezosos en mi piel con el dedo. "Eso fue la neta de la pasión, wey", susurró, besándome el cuello. Yo sonreí en la oscuridad, oliendo su cabello a sal y sexo, sintiendo la paz de un cuerpo satisfecho. Afuera, el mar susurraba secretos, y en mi mente, esa noche se grababa como un tatuaje eterno. Mañana quién sabe, pero esta la pasión meme ya era mía para siempre.

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