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Diario de una Pasion Pelicula Completa en Espanol

7346 palabras

Diario de una Pasion Pelicula Completa en Espanol

Querido diario, hoy empiezo a escribirte como si fueras el guion de mi diario de una pasion pelicula completa en espanol, una historia caliente que solo yo vivo en carne propia. Neta, todo empezó en esa fiesta en Polanco, con luces neón parpadeando y el olor a tequila reposado flotando en el aire. Yo, Ana, veintiocho años, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como diosa, bailando al ritmo de cumbia rebajada. El sudor perlaba mi piel, y el calor de la noche mexicana me tenía ya con las hormonas alborotadas.

Allí lo vi: Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba trouble pero del bueno. Sus ojos cafés me escanearon de arriba abajo, y sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas con alas de fuego. Se acercó con un trago en la mano, oliendo a colonia cara mezclada con ese aroma masculino que te hace mojar sin permiso.

Órale, Ana, no seas pendeja, piénsalo bien. ¿Es solo un flirt o algo más?

Pero qué iba a pensar cuando me dijo: "¿Bailas conmigo, preciosa? Neta que luces como para comerte a besos." Su voz grave me erizó la piel. Bailamos pegaditos, su mano en mi cintura baja, rozando justo donde empieza el calor. Sentía su aliento en mi cuello, cálido, con sabor a limón del margarita. Mi corazón latía como tamborazo en las fiestas de pueblo, y entre sus piernas presionaba algo duro que me hacía imaginar mil locuras.

Al día siguiente, me mandó mensaje: "Anoche no pude dormir pensando en tus curvas, wey. ¿Café?" Acepté, claro. Nos vimos en una terraza en la Roma, con el sol calentando las banquetas y el aroma de churros fritos invadiendo el aire. Hablamos de todo: de lo chido que es vivir en la CDMX, de sueños locos, de cómo el deseo nos hace tontos. Sus dedos rozaron los míos al pasar el azúcar, y fue como electricidad pura. Me quiere comer viva, pensé, y yo a él también.

La tensión crecía como tormenta en verano. Esa noche, en mi depa con vista al skyline, lo invité a "ver una peli". Mentira, los dos sabíamos qué íbamos a ver. Entró, quitándose la chamarra, mostrando esos brazos fuertes de quien juega fut en el parque. Nos sentamos en el sofá, yo con shortcito y blusita escotada. Puso una rola de Natalia Lafourcade bajita, romántica pero sexy.

Sus labios encontraron los míos despacio, saboreando como si fuera el primer bocado de un taco al pastor jugoso. Su lengua exploró mi boca, dulce y húmeda, mientras sus manos subían por mis muslos, acariciando la piel suave, erizándola. Gemí bajito, "Diego, qué rico besas, cabrón." Él rio ronco: "Tú no te quedas atrás, nena. Me traes con la verga parada desde anoche."

Me cargó como pluma hasta la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. El cuarto olía a velas de vainilla que encendí antes, mezclado con nuestro sudor incipiente. Se quitó la playera, revelando pecho marcado, vello oscuro que me invitaba a lamer. Yo me desvestí lento, provocándolo, dejando que viera mis tetas firmes, pezones duros como piedras de obsidiana.

¡Dios, Ana! Su mirada te desnuda más que sus manos. Esto es puro fuego.

Me tumbó suave, besando mi cuello, bajando por el valle de mis senos. Chupó un pezón, succionando con hambre, mientras su mano bajaba a mi entrepierna. Sentí sus dedos rozar mi panocha ya empapada, resbalosos de miel. "Estás chorreando, mi amor", murmuró, y metió un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí donde explota el placer. Jadeé, arqueando la espalda, el sonido de mi humedad llenando el cuarto como música prohibida.

Quería más. Le bajé el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, piel caliente como brasa, oliendo a hombre puro. La lamí desde la base, saboreando el precum salado, hasta meterla en mi boca profunda. Él gruñó, "¡Qué chido chupas, Ana! No pares." Lo mamé con ganas, sintiendo cómo crecía, latiendo contra mi lengua.

Pero la espera terminó. Me puso a cuatro patas, el aire fresco rozando mi culo expuesto. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Ay, wey, qué grande estás!" grité, pero era placer puro. Empezó a bombear, lento al principio, sus bolas chocando contra mí con un plaf plaf rítmico. El olor a sexo nos envolvía, sudor, fluidos, pasión cruda.

Aceleró, agarrando mis caderas, piel contra piel resbalosa. Sentía cada embestida en el alma, mi clítoris hinchado rozando sus dedos que lo masajeaban. "Córrete conmigo, Diego, neta que te amo así." Él jadeaba: "Ya mero, nena, agárrate." El orgasmo llegó como volcán, mi panocha contrayéndose alrededor de él, chorros de placer escapando. Él se vino adentro, caliente, llenándome hasta rebosar, gruñendo mi nombre.

Nos derrumbamos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa brillando bajo la luz tenue. Su corazón tronaba contra mi pecho, al ritmo del mío. Besos suaves, risas cansadas. "Esto fue épico, como una peli completa", dijo él, y yo asentí, oliendo su cuello salado.

Pero no paró ahí, diario. Al día siguiente, en la regadera, con vapor empañando los azulejos y agua caliente cayendo como lluvia tropical, volvimos a enredarnos. Jabón resbaloso en sus manos, explorando cada curva mía. Me apoyó contra la pared fría, contrastando con su calor, y me penetró de pie, piernas enredadas. El agua amplificaba todo: sonidos chapoteantes, gemidos ahogados, sabor a sal en su piel mojada.

¿Por qué se siente tan bien? Es como si su pija fuera hecha para mí, wey. Pura adicción.

Sus manos amasaban mis nalgas, dedos juguetones rozando mi ano, pero suave, consensuado. "¿Te late por atrás algún día?" preguntó pícaro. "Tal vez, si sigues así de rico", respondí, riendo. Otro clímax nos sacudió, piernas temblando, agua lavando el sudor pero no la memoria.

Semanas después, nuestra pasión no menguó. Paseos por el Bosque de Chapultepec, besos robados bajo árboles centenarios, olor a tierra húmeda y flores. Noches en su depa en Condesa, con vinilos sonando boleros y cuerpos fusionándose. Cada encuentro escalaba: juguetes vibradores que zumbaban contra mi clítoris mientras él me comía viva, lengua experta lamiendo mi esencia dulce. "Sabes a gloria, Ana."

Una vez, en la playa de Puerto Vallarta –un viaje sorpresa–, arena tibia bajo las estrellas, olas rompiendo con estruendo salado. Nos amamos al aire libre, viento fresco en piel desnuda, su boca en mi concha bajo la luna llena. El riesgo nos encendía más, gemidos mezclados con el mar. Él me volteó, entrándome por atrás por primera vez, lubricante resbaloso, dolor placentero convirtiéndose en éxtasis. "¡Sí, cabrón, así!" grité, mientras él me llenaba profunda.

Ahora, escribiendo esto, siento el eco de su toque fantasma en mi piel. Nuestra historia es diario de una pasion pelicula completa en espanol, con escenas calientes, risas y ese amor que quema sin consumir. Diego no es solo un polvo; es mi cómplice, mi fuego eterno. ¿Qué sigue? Quién sabe, pero neta que no quiero que acabe el rodaje.

Fin de esta entrega, diario. Mañana más, con todo el detalle jugoso.

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