Relatos
Inicio Erotismo Frases Intensas de Amor y Pasion Desnuda Frases Intensas de Amor y Pasion Desnuda

Frases Intensas de Amor y Pasion Desnuda

6888 palabras

Frases Intensas de Amor y Pasion Desnuda

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de mi departamento en la Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido que olía a café recién hecho y a las flores frescas que Javier siempre me mandaba. Neta, este carnal sabe cómo hacerme derretir, pensé mientras leía el mensajito en mi cel: "Ven, mi amor. Tengo frases intensas de amor y pasion que quiero susurrarte al oído hasta que grites mi nombre". Mi piel se erizó solo de imaginarlo. Javier, con ese cuerpo moreno y marcado por horas en el gym, esos ojos negros que me traspasaban como dagas de deseo. Habíamos estado separados una semana por su pinche viaje de trabajo a Guadalajara, y el vacío entre mis piernas era como un grito ahogado.

Me puse ese vestido rojo ceñido que le volvía loco, el que deja ver el encaje de mi brasier si me muevo chido. Salí caminando por las calles empedradas, el aire fresco de octubre rozándome las piernas desnudas, oliendo a tacos de la esquina y a jazmín de algún jardín. Cada paso era una promesa, mi corazón latiendo fuerte contra el pecho, anticipando el tacto de sus manos grandes y callosas.

Llegué a su puerta y toqué suave. La abrió de golpe, con una sonrisa pícara que mostraba esos dientes perfectos. "¡Órale, mi reina! Ven pa'cá", dijo tirando de mi mano y jalándome adentro. Su olor, ese mezcle de colonia cara y sudor limpio, me invadió como una droga. Me pegó a la pared del pasillo, su boca chocando contra la mía en un beso hambriento. Sabía a tequila reposado y a menta, su lengua explorando la mía con urgencia. Sus manos bajaron por mi espalda, apretando mi culo con fuerza posesiva pero tierna.

"Te extrañé tanto, pinche mujer. Eres mi vicio"
, murmuró contra mis labios, y yo solo pude gemir, sintiendo cómo mi centro se humedecía ya.

Nos fuimos a la sala, donde la luz tenue de las velas parpadeaba sobre una mesa con tacos al pastor y una botella de mezcal. Comimos sentados en el piso, riéndonos de tonterías, pero la tensión crecía como una tormenta. Cada mirada suya era fuego; cada roce accidental de su rodilla contra mi muslo, electricidad. "Mira esto", dijo sacando un cuaderno viejo de su bolsillo. Lo abrió y leyó en voz baja: "Tu piel es mi mapa, tus gemidos mi canción, te amo con la furia de un volcán que no se apaga". Eran frases intensas de amor y pasion, escritas de su puño y letra durante el viaje. Mi clítoris palpitó al oírlas, imaginando su voz ronca declarándolas mientras me penetraba.

Acto de escalada lenta, carnal. Lo jalé de la camisa, desabotonándola con dedos temblorosos. Su pecho ancho se reveló, pectorales duros salpicados de vello negro que olía a jabón y hombre. Lamí una gota de sudor que bajaba por su cuello, salada y adictiva. "Más frases, mi rey", le pedí jadeante. Él me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó al cuarto. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio, frescas y suaves. Me tiró con cuidado, gateando sobre mí como un lobo hambriento.

Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando la piel sensible hasta dejar marcas rojas que dolían rico.

"Eres fuego puro, mi vida. Quemo por ti cada noche"
, susurró mientras bajaba el vestido por mis hombros, exponiendo mis tetas. Chupó un pezón con hambre, la succión tirando de algo profundo en mi vientre. Gemí alto, arqueando la espalda, el sonido rebotando en las paredes. Sus manos masajearon mis muslos, abriéndolos despacio, el aire fresco chocando contra mi tanga empapada. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su aroma masculino.

Me quitó la tanga con dientes, rozando mi monte de Venus con la barba incipiente que raspaba delicioso. ¡Qué chingón es este pendejo!, pensé mientras su lengua lamía mis labios mayores, saboreando mi jugo. "Deliciosa, neta", gruñó, metiendo un dedo grueso dentro de mí, curvándolo para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Bombeó lento, luego rápido, su boca succionando mi clítoris hinchado. El placer subía en olas, mis caderas moviéndose solas contra su cara, el sonido húmedo de su boca y mis jadeos llenando el cuarto. Sudaba, el calor de nuestros cuerpos pegajosos, piel contra piel resbalosa.

Pero no quería correrme aún. Lo empujé, volteándolo boca arriba. "Mi turno, cabrón". Le bajé el pantalón, liberando su verga dura como piedra, venosa y gruesa, la cabeza brillando de precum. La tomé en la mano, sintiendo el pulso caliente, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su esencia salada y ligeramente dulce. Él gruñó, enredando dedos en mi pelo.

"Te amo así, salvaje y mía. Tu boca es paraíso"
. Otra de sus frases intensas de amor y pasion, y eso me prendió más. La chupé profundo, garganta relajada, saliva goteando por mi barbilla mientras él gemía ronco, caderas empujando suave.

La tensión era insoportable, como un elástico a punto de romperse. Me subí encima, frotando mi coño mojado contra su polla, lubricándola. "Entra en mí, Javier. Hazme tuya". Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estiraba, llenándome hasta el fondo. Dios, qué rico. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sus manos apretando mis caderas guiándome. El slap-slap de carne contra carne, sudor volando, olores intensos de sexo y amor. Él se incorporó, mamando mis pezones mientras yo subía y bajaba, su verga golpeando mi G-spot con cada embestida.

Cambié de posición, él encima ahora, misionero profundo. Sus ojos clavados en los míos, susurrando más frases:

"Tu alma es mi hogar, tu cuerpo mi templo. Te passiono hasta el delirio"
. Cada palabra era un latigazo de placer. Me follaba fuerte, mi clítoris rozando su pubis, el orgasmo construyéndose como una ola gigante. "¡Más duro, mi amor!", grité, uñas clavadas en su espalda. Él aceleró, gruñendo animal, su verga hinchándose dentro de mí.

El clímax nos golpeó juntos. Sentí las contracciones en mi útero, jugos saliendo en chorros mientras gritaba su nombre, visión borrosa de placer. Él se corrió segundos después, chorros calientes pintando mis paredes internas, su cuerpo temblando sobre el mío. Colapsamos, jadeantes, pieles pegadas en un charco de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo crudo, a nosotros.

En el afterglow, yacimos enredados, su cabeza en mi pecho escuchando mi corazón calmarse. "Esas frases intensas de amor y pasion fueron mi salvación en el viaje", confesó besando mi piel. Yo sonreí, acariciando su pelo revuelto. Este hombre es todo. Afuera, la ciudad zumbaba lejana, pero aquí, en su abrazo, era paz eterna. Nos quedamos así hasta que el sueño nos venció, sabiendo que el fuego solo empezaba a arder de nuevo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.