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La Pasion Fernando Lima Sarah Brightman Letras Ardientes

7107 palabras

La Pasion Fernando Lima Sarah Brightman Letras Ardientes

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con las luces bajas y el aire cargado de ese calor pegajoso de la noche mexicana. Afuera, el bullicio de la ciudad se colaba por la ventana entreabierta: cláxones lejanos, risas de borrachos en la calle y el zumbido eterno de la urbe. Pero adentro, solo existía La Pasion, la rola de Fernando Lima y Sarah Brightman que acababa de poner en el Spotify. Sus voces se entrelazaban como amantes enredados, las letras hablando de fuego interno, de un deseo que quema la piel. "La pasión", cantaba ella con esa voz etérea, y él respondía con grave intensidad. Me recosté en el sofá de terciopelo rojo, cerré los ojos y dejé que las palabras me invadieran.

¿Por qué carajos esta canción siempre me prende tanto? Neta, cada vez que escucho La Pasion Fernando Lima Sarah Brightman lyrics, siento un cosquilleo en el estómago que baja directo a mi entrepierna. Es como si me estuvieran susurrando al oído promesas de placer prohibido.

Mi piel se erizaba con cada acorde del piano, el aroma de mi perfume de jazmín flotando en el aire. Llevaba solo una camisola de seda negra que rozaba mis pezones endurecidos, y mis manos, casi sin querer, se deslizaron por mis muslos. Diego llegaría en cualquier momento; lo había citado con un mensajito caliente: "Ven ya, wey, te extraño el calor de tu cuerpo". El deseo me picaba como chile en la lengua, anticipando su llegada.

La puerta sonó con tres golpes secos, y mi pulso se aceleró. Abrí de un jalón, y ahí estaba él: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me deshace. Olía a colonia fresca mezclada con el sudor de la noche, camisa blanca ajustada marcando sus pectorales. "Órale, mamacita", murmuró, jalándome hacia él. Sus labios capturaron los míos en un beso hambriento, su lengua explorando mi boca con sabor a tequila y menta. Lo empujé adentro, cerrando la puerta con el pie, mientras la canción seguía sonando de fondo.

"¿Escuchas eso?", le dije jadeando, pegada a su pecho que subía y bajaba rápido. "Es La Pasion de Fernando Lima y Sarah Brightman. Sus letras me tienen loca por ti". Él rio bajito, esa risa ronca que me moja al instante. "Pues déjame mostrarte la pasión de verdad, ricura". Sus manos grandes subieron por mi espalda, desatando la camisola que cayó al piso como una promesa rota. Me quedé desnuda ante él, mi piel oliva brillando bajo la luz ámbar de las velas que había encendido. Él me miró con ojos oscuros, hambrientos, recorriendo mis curvas: pechos firmes, cintura estrecha, caderas anchas listas para él.

Nos movimos al ritmo de la música, bailando lento en la sala. Sus caderas contra las mías, sintiendo su verga ya dura presionando mi vientre. El roce era eléctrico, piel contra piel sudada. Olía a nosotros: su almizcle masculino y mi aroma dulce de excitación. "Te sientes tan chingona", susurró en mi oído, mordisqueando el lóbulo. Sus dedos trazaron mi espina dorsal, bajando hasta mis nalgas que apretó con fuerza juguetona. Yo gemí, arqueándome contra él, mis uñas clavándose en su espalda a través de la camisa.

¡Qué pendejo soy por no haber venido antes! Este cuerpo, esta mujer, es mía esta noche. Quiero devorarla entera, hacerla gritar mi nombre hasta que se olvide del mundo.

Lo desvestí con urgencia, arrancando botones que volaron por el aire. Su torso desnudo era un mapa de músculos tensos, vello oscuro bajando hasta donde su pantalón aún lo aprisionaba. Caímos al sofá, él encima, besando mi cuello con labios calientes que dejaban huella húmeda. Bajó a mis pechos, lamiendo un pezón mientras pellizcaba el otro. El placer era un rayo: punzante, dulce, haciendo que mis caderas se alzaran solas. "Más, Diego, no seas mamón, dame más", le rogué, mi voz ronca como la de Sarah en la canción que repetía en loop.

Sus manos bajaron, separando mis muslos temblorosos. El aire fresco rozó mi panocha expuesta, ya empapada y palpitante. Él se arrodilló, inhalando profundo. "Hueles a miel y pecado, Ana". Su lengua tocó mi clítoris primero suave, luego voraz, chupando y lamiendo como si fuera el postre más rico. Grité, mis dedos enredados en su cabello negro, tirando fuerte. El sonido de su boca devorándome se mezclaba con las letras: "La pasión que nos consume". Cada lamida era fuego líquido, mi cuerpo convulsionando, el olor de mi propia excitación llenando la habitación.

No aguanté más. Lo jalé arriba, desabrochando su cinturón con dientes. Su verga saltó libre: gruesa, venosa, goteando precum que lamí con deleite salado. "Qué rica verga tienes, cabrón", murmuré, engulléndola hasta la garganta. Él gruñó, caderas empujando suave, respetando mi ritmo. El sabor era puro vicio: sal, hombre, deseo. Pero quería más, lo necesitaba dentro. "Fóllame ya, Diego. Métemela hasta el fondo".

Me volteó boca abajo, poniéndome a cuatro patas en el sofá. Su cuerpo cubrió el mío, pecho contra espalda, su aliento caliente en mi nuca. Entró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí largo, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. "¡Ay, wey, qué chido se siente!", exclamé, empujando contra él. Empezó a bombear, lento luego rápido, piel chocando con palmadas húmedas. El sudor nos unía, resbaloso y caliente. Sus manos en mis tetas, pellizcando, mientras yo me tocaba el clítoris, acelerando el fuego.

La tensión crecía como tormenta: mis músculos apretándolo, su verga hinchándose más. "La Pasion Fernando Lima Sarah Brightman lyrics", balbuceé entre gemidos, recordando las palabras que nos habían encendido. Él aceleró, gruñendo "Te voy a llenar, mi reina". El clímax me golpeó como ola en Acapulco: visión borrosa, cuerpo temblando, un grito gutural escapando mi garganta. Él se corrió segundos después, caliente dentro de mí, colapsando sobre mi espalda jadeante.

Quedamos así, enredados, el corazón latiendo al unísono con el fade out de la canción. Su beso en mi hombro fue tierno, contrastando la ferocidad de antes. "Eres mi pasión, Ana. Neta, no hay letras que describan esto". Rodamos, yo encima ahora, trazando su rostro con dedos suaves. El aroma de sexo impregnaba todo: semen, sudor, jazmín. Afuera, la ciudad seguía viva, pero nosotros en nuestra burbuja.

Esto es lo que necesitaba. No solo el cuerpo, sino el alma conectada. Con él, cada rola se hace real, cada letra un preludio a este éxtasis.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando rastros pero no memorias. Sus manos jabonosas en mi piel, risas compartidas. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos por app, platicando de tonterías mientras la noche se volvía madrugada. La pasión no se apaga; solo espera la próxima rola, el próximo beso. Y yo, con el eco de La Pasion en el alma, supe que esto era solo el principio de muchas noches ardientes.

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