Cañaveral de Pasiones Capítulo 77 Fuego en las Cañas
El sol del atardecer teñía de oro las altas cañas del cañaveral, haciendo que cada hoja pareciera arder con un fulgor suave y tentador. Ana caminaba entre los tallos verdes, sintiendo cómo rozaban su piel morena, como caricias furtivas de un amante impaciente. El aire estaba cargado del olor terroso de la tierra húmeda después de la lluvia, mezclado con el dulzor fermentado de la caña madura. Qué chido es este lugar, pensó, mientras su corazón latía con fuerza, anticipando el encuentro. Habían pasado semanas desde la última vez, pero en su mente, cada cita era un capítulo más en su cañaveral de pasiones. Este, lo sabía, sería el capítulo 77: el de la entrega total.
Sus sandalias se hundían ligeramente en el suelo blando, y el sonido crujiente de las cañas al partirse era como un susurro conspirador. Llevaba un vestido ligero de algodón floreado, ceñido a sus curvas generosas, sin nada debajo, solo por si acaso. Recordaba las veces anteriores: cómo Javier la tomaba contra un tronco grueso, sus manos callosas de jornalero explorando cada rincón de su cuerpo.
¡Ay, Dios, cómo lo deseo! Neta, este wey me vuelve loca.La brisa jugaba con el borde de su falda, subiéndola un poco, y un escalofrío de placer le recorrió la espina dorsal. Se detuvo en un claro natural, donde las cañas formaban un círculo perfecto, como un nido preparado para ellos.
De pronto, lo oyó. Pasos firmes, el roce de botas contra la hojarasca. Javier emergió de entre las sombras verdes, su camisa blanca abierta hasta el pecho, revelando el vello oscuro y los músculos tensos por el trabajo diario en la finca. Sus ojos negros la devoraron al instante, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios gruesos.
"¡Mi reina! ¿Me extrañaste?" dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel, acercándose con paso seguro.
Ana se mordió el labio inferior, sintiendo ya el calor entre sus piernas. "Más de lo que imaginas, cabrón. Ven pa'cá." Se fundieron en un abrazo apretado, sus cuerpos encajando como piezas perfectas. El olor de su sudor limpio, mezclado con el de la tierra y un leve toque de jabón de lavanda, la invadió. Sus bocas se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con urgencia, saboreando el dulzor de sus labios y el leve regusto a café que él traía.
Las manos de Javier bajaron por su espalda, apretando sus nalgas firmes bajo la tela delgada. Ana gimió bajito contra su boca, el sonido ahogado por el viento que mecía las cañas. Qué rico se siente su fuerza, pensó, mientras sus dedos se clavaban en la carne dura de su trasero. Ella respondió subiendo una pierna por su cadera, frotándose contra la dureza que ya palpitaba en sus pantalones.
Se separaron un segundo, jadeantes, mirándose con ojos nublados de deseo. "Este cañaveral es testigo de todo, ¿verdad? Capítulo 77, mi amor. Vamos a hacerlo inolvidable." Javier rio suave, su aliento cálido en su cuello. La besó ahí, chupando la piel sensible, dejando un rastro húmedo que la hizo arquearse.
La tensión crecía como una tormenta en el horizonte. Javier la recostó sobre una cama improvisada de hojas secas y tierra suave, el suelo aún tibio del sol. Le subió el vestido lentamente, revelando sus muslos torneados, la curva de sus caderas. "Eres una diosa, Ana. Mira cómo brillas." Sus dedos trazaron un camino ardiente desde sus rodillas hasta el centro de su ser, donde ya la humedad la delataba. Ella jadeó cuando la tocó, suave al principio, círculos lentos que la hicieron retorcerse.
¡No pares, por favor! Esto es puro fuego.Ana se arqueó, sus pechos subiendo y bajando con cada respiración agitada. El sonido de las cañas chocando era como un ritmo hipnótico, acompañando sus gemidos crecientes. Javier se quitó la camisa, dejando ver su torso sudoroso, brillante bajo los últimos rayos. Se inclinó y lamió su vientre, bajando más, hasta que su boca caliente cubrió su sexo palpitante.
El placer la golpeó como un rayo. Su lengua experta exploraba, saboreando su esencia salada y dulce, mientras sus manos sujetaban sus muslos temblorosos. Ana enredó los dedos en su cabello negro, tirando suave. "¡Sí, así, mi rey! ¡Qué chingón eres!" Gritó bajito, el viento llevándose sus palabras. El olor almizclado de su arousal llenaba el aire, mezclado con el de las cañas aplastadas bajo ellos. Cada lamida era un latido más fuerte en su pulso, la tensión enroscándose en su vientre como una serpiente lista para atacar.
Pero quería más. Lo jaló hacia arriba, desabrochando sus pantalones con dedos impacientes. Su miembro saltó libre, grueso y venoso, palpitando con necesidad. Lo tomó en su mano, sintiendo la piel suave sobre la dureza de acero, el calor irradiando. "Te necesito dentro, Javier. Ya." Él gruñó, posicionándose entre sus piernas abiertas. La miró a los ojos, pidiendo permiso con esa ternura que la derretía.
"¿Estás lista, preciosa?"
"¡Neta que sí! Entra, hazme tuya."
Se hundió en ella despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ana sintió cada vena, cada pulso, el roce íntimo que la llenaba por completo. Gritó de placer, sus uñas arañando su espalda. Él se quedó quieto un momento, permitiendo que se acostumbraran, sus respiraciones entrecortadas sincronizándose. Luego, empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo para volver profundo, golpeando ese punto que la volvía loca.
El ritmo aumentó, sus caderas chocando con un sonido húmedo y obsceno, piel contra piel sudorosa. Las cañas alrededor susurraban como público complaciente, el sol poniente pintando sus cuerpos en tonos rojos y naranjas. Ana lo montó entonces, invirtiendo posiciones con agilidad. Ahora ella arriba, cabalgándolo con furia, sus pechos rebotando libres. Javier los tomó, pellizcando los pezones duros, enviando chispas de placer directo a su núcleo.
Esto es el paraíso, wey. Capítulo 77 y contando.Pensó Ana, mientras el orgasmo se acercaba como una ola imparable. Sus movimientos se volvieron erráticos, el sudor goteando de su frente al pecho de él, salado en su lengua cuando lo lamió. Javier la sujetaba por las caderas, embistiéndola desde abajo con fuerza controlada.
"¡Me vengo, Ana! ¡Júntate conmigo!" rugió él, su voz quebrada.
El clímax la alcanzó como un estallido. Ondas de placer la recorrieron, contrayendo sus músculos alrededor de él, ordeñándolo. Gritó su nombre, el sonido raw y primal perdido en el viento. Javier se derramó dentro, caliente y abundante, su cuerpo temblando bajo el suyo. Se quedaron así, unidos, jadeando, mientras el mundo giraba lento a su alrededor.
Después, en el afterglow, se recostaron lado a lado, las cañas protegiéndolos como un velo verde. Javier la besó suave en la frente, su mano acariciando su vientre plano. "Eres lo mejor que me ha pasado, mi vida. Este cañaveral de pasiones no acaba aquí."
Ana sonrió, saciada y en paz, el olor de sus cuerpos mezclados impregnando el aire. "Capítulo 77 completado. ¿Listo para el 78?" Rio bajito, sabiendo que sí. El sol se ocultó, dejando estrellas que parpadeaban como testigos mudos de su amor ardiente.