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Frases Sobre La Pasión Por Tu Cuerpo

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Frases Sobre La Pasión Por Tu Cuerpo

Estás sentada en el sillón de tu departamento en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas, pintando rayas doradas en el piso de madera. El aire huele a café recién hecho y a las gardenias que trajiste del mercado esa mañana. Tus dedos hojean un cuadernito viejo, de esos que venden en las tienditas de la esquina, con tapas de cartón gastadas. Ahí dentro, frases sobre la pasión por algo, garabateadas con la letra chueca de él. "La pasión por tu cuerpo es como un volcán que no para de erupcionar", dice una. Sonríes, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Hace semanas que no lo ves, por su pinche trabajo en la fábrica del otro lado de la ciudad, pero hoy te mandó un mensajito: "Llego en una hora, prepárate, mamacita".

Tu piel se eriza solo de imaginarlo. Tú, con tu blusa floja de algodón que deja ver el encaje negro de tu brasier, y esos shorts que apenas cubren tus muslos morenos. El calor de México en primavera te hace sudar un poquito, y ese olor salado se mezcla con tu perfume de vainilla. Cierras los ojos y recitas en voz baja una de esas frases: "Quiero perderme en la pasión por algo tan suave como tus curvas". Neta, ese wey sabe cómo ponerte caliente con palabras.

El sonido de la llave en la chapa te saca del trance. Ahí está él, tu carnal, con la camisa blanca pegada al pecho por el sudor del camión, el pelo negro revuelto y esa sonrisa pícara que te deshace. "Órale, qué chula estás", dice, cerrando la puerta con el pie. Se acerca, y sientes su aroma: jabón barato mezclado con el sol y el esfuerzo del día. Sus manos grandes, callosas de tanto jalar fierros, te toman la cintura. "Leíste mis frases?", pregunta, besándote el cuello. Asientes, y le pasas el cuadernito. Sus labios rozan tu oreja, calientes y húmedos, mientras murmura: "Hay frases sobre la pasión por algo que escribí pensando en ti, en esto". Sus dedos aprietan tu nalga, y un jadeo se te escapa.

¿Por qué sus palabras siempre me prenden como yesca? Esa pasión por algo tan simple como mi cuerpo, pero que él hace eterna.

Lo jalas hacia ti, sentándolo en el sillón. Te subes a horcajadas sobre sus piernas, sintiendo la dureza de su verga presionando contra tus shorts. El roce es eléctrico, como chispas en la piel. "Lee una", le exiges, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Él obedece, con voz ronca: "La pasión por tu cuerpo me quema las entrañas, quiero lamer cada gota de tu sudor". Sus manos suben por tus muslos, arañando suave, y tú arqueas la espalda, dejando que tus tetas rocen su pecho. El sonido de vuestras respiraciones agitadas llena la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la avenida.

Te quitas la blusa despacio, provocándolo. Tus pezones se endurecen al aire, oscuros y tiesos, y él gime, "Neta, estás para comerte viva". Baja la cabeza y chupa uno, succionando con hambre, su lengua caliente girando alrededor. Sientes el tirón en tu clítoris, un pulso que crece. Tus uñas se clavan en su nuca, oliendo su pelo a champú de coco. "Más frases", susurras, y él sigue, con la boca ocupada: "Pasión por algo que gime mi nombre en la noche". Te mueles contra él, húmeda ya, el algodón de tus shorts empapándose.

El beso viene después, profundo, con lenguas enredadas que saben a menta de su chicle y a tu gloss de fresa. Sus manos desabrochan tu brasier, liberando tus tetas pesadas, y las amasa, pellizcando los pezones hasta que gritas bajito, "¡Ay, cabrón!". Pero es placer puro, consensual, ese fuego que ambos avivan. Lo empujas al piso, sobre la alfombra suave que huele a limpio. Te paras un segundo, quitándote los shorts y la tanga, dejando tu coño al descubierto, depilado y brillante de jugos. Él se lame los labios, ojos fijos en ti, y se saca la verga, gruesa y venosa, palpitando.

Te arrodillas, tomándola en la mano, sintiendo el calor que irradia, el pulso rápido bajo la piel. La lames desde la base, saboreando el gusto salado de su pre-semen, y él gruñe, "La pasión por algo tan chulo como tu boca...". La chupas hondo, garganta relajada, oyendo sus gemidos roncos, "¡Qué rico, wey!". Tus jugos corren por tus muslos, el olor a excitación fuerte en el aire, almizclado y dulce.

Esto es lo que amo, esa entrega total, sin prisas, saboreando cada roce como si fuera el último.

Él te jala arriba, volteándote para ponerte de rodillas. Sus dedos exploran tu culo, abriendo las nalgas, y lame tu raja desde atrás, lengua metiéndose en tu coño empapado. Gritas, "¡Sí, así, pinche rico!". El sonido húmedo de su chupada, el cosquilleo en tu clítoris cuando lo roza, te hace temblar. Introduce un dedo, luego dos, curvándolos contra ese punto que te hace ver estrellas. "Estás chorreando, mi amor", dice, y tú respondes con caderas moviéndose, follando su mano.

La tensión sube como el calor de un comal. Te voltea boca arriba, abriéndote las piernas anchas. Su verga roza tu entrada, untándose de tus mieles, y entra despacio, centímetro a centímetro. Sientes el estirón delicioso, llenándote hasta el fondo, golpeando tu cervix con cada embestida lenta. "¡Fóllame duro!", le ruegas, y él acelera, piel contra piel chapoteando, sudor goteando de su frente a tu pecho. Tus uñas marcan su espalda, oliendo el sexo puro, ese aroma animal que enloquece.

Cada thrust trae una frase susurrada: "Pasión por algo que aprieta mi verga como guante". Tus paredes lo ordeñan, contrayéndose, y el orgasmo se acerca, un nudo en el vientre que explota. Gritas su nombre, "¡Aaaah, carnal!", piernas temblando, chorros calientes saliendo de ti. Él sigue, gruñendo, hasta que se corre dentro, semen caliente inundándote, mezclándose con tus jugos.

Caen juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor. Su peso sobre ti es reconfortante, su corazón latiendo contra el tuyo. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Esas frases sobre la pasión por algo", murmuras, "fueron el preludio perfecto". Él ríe bajito, "La pasión por tu cuerpo no necesita palabras, pero qué chido escribirlas".

Se quedan así, en el piso, con el sol bajando y el cuarto oliendo a sexo y amor. Tus dedos trazan su espalda, sintiendo la paz después de la tormenta. Mañana será otro día de rutina, pero esta noche, esa pasión por algo tan real como vuestros cuerpos, los une más que nunca. Te acurrucas, sabiendo que volverá a pasar, porque el deseo no se apaga, solo espera el próximo verso.

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