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CRV Rojo Pasión

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CRV Rojo Pasión

El sol del mediodía en la carretera a Acapulco caía como plomo derretido sobre el asfalto. Manejar mi CRV rojo pasión era lo único que me mantenía cuerdo en ese viaje solo. Lo había bautizado así porque su color intenso, ese rojo que brillaba como labios hinchados de deseo, me hacía sentir vivo cada vez que lo encendía. El motor ronroneaba suave, el aire acondicionado escupía fresco contra mi piel sudada, y la radio sintonizaba cumbias norteñas que me ponían a fantasear con curvas ajenas.

Ahí estaba ella, parada en la orilla de la carretera federal, con el pulgar afuera como en las películas gringas. Una morra de esas que te hacen frenar en seco: cabello negro azabache suelto al viento, shorts vaqueros que abrazaban sus caderas anchas y una blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus chichis firmes. Parecía una diosa mexica salida de un sueño caliente. Órale, carnal, ¿y si le echo una plática? pensé, mientras reducía la velocidad. Detuve el CRV rojo pasión a su lado, bajé la ventanilla y le grité con mi mejor sonrisa de galán:

¡Ey, reina! ¿Te llevo? Este fierro está chido pa' la carretera.

Ella se acercó, sus ojos cafés brillando con picardía. Olía a coco y sal del mar, aunque todavía estábamos lejos de la playa. —Neta, güey, me salvarías la vida. Mi cuate me dejó tirada aquí nomás porque se le antojó otra peda. Su voz era ronca, juguetona, con ese acento chilango que me eriza la piel.

Subió al asiento del copiloto, y el CRV rojo pasión pareció cobrar vida con su presencia. Sus piernas morenas rozaron las mías al acomodarse, y el aroma de su perfume invadió la cabina como una promesa pecaminosa. Me dijo que se llamaba Karla, que iba pa'l puerto a relajarse después de una ruptura culera. Yo, Javier, le conté de mi escape del jale en la CDMX, buscando olas y chelas frías. La plática fluyó fácil, como tequila en una fiesta, mientras el kilómetro se devoraba bajo las llantas.

El calor subía, no solo el del sol. Cada bache hacía que su muslo se pegara al mío, piel contra piel, suave y cálida. La veía de reojo: sus labios carnosos mordidos, pezones marcándose contra la blusa fina. Pinche suerte la mía, ¿será que le late? Mi verga ya empezaba a despertar bajo los jeans, latiendo al ritmo del motor. Ella puso su mano en mi rodilla, casual, pero el toque fue eléctrico, como si me hubiera lamido el alma.

Este carro es una chulada, Javi. ¿Cómo le dices? preguntó, acariciando el tablero con dedos manicureados en rojo pasión.

CRV rojo pasión, le respondí, guiñándole el ojo. Como tú, pura tentación.

Rió, una carcajada que vibró en mi pecho. Aceleré un poco, sintiendo la adrenalina mezclarse con el deseo. Paramos en una taquería de carretera, pedimos tacos al pastor con todo. Sus labios chorreaban salsa mientras masticaba, y yo no podía dejar de imaginarlos enredados en mi pija. El sudor perlaba su escote, y cuando se inclinó por una servilleta, su blusa se abrió lo suficiente pa' ver el encaje negro de su bra.

De vuelta en el camino, la tensión era palpable, como el aire antes de la lluvia. Su mano subió por mi muslo, deteniéndose peligrosamente cerca de mi bultito endurecido. —¿Hace calor o qué, carnal? murmuró, su aliento caliente en mi oreja.

Encontré un desvío hacia una playa semidesierta, arena blanca y palmeras susurrando con la brisa marina. Aparqué el CRV rojo pasión bajo la sombra de un cocotero, el motor apagado dejando solo el romper de las olas y nuestros jadeos contenidos. Nos miramos, ojos en llamas. Ella se acercó primero, sus labios capturando los míos en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a salsa y sal. Sus manos exploraban mi pecho, desabotonando mi camisa mientras yo hundía las mías en su melena, tirando suave pa' arquear su cuello y morderlo.

Esto es lo que necesitaba, neta, pensé, mientras la bajaba del asiento al asiento reclinado. El cuero del CRV rojo pasión crujía bajo nuestros cuerpos, cálido y pegajoso por el calor acumulado. Le quité la blusa, liberando sus chichis perfectas, pezones duros como piedras preciosas. Los chupé con avidez, succionando hasta que gimió, ¡Ay, Javi, no pares, cabrón! Su piel sabía a sal y sudor dulce, aroma a mujer en celo llenando el aire confinado.

Deslicé sus shorts, encontrando su panocha depiladita y ya mojada, labios hinchados rogando atención. Metí dos dedos, sintiendo su calor viscoso apretarme, mientras ella me bajaba los jeans y liberaba mi verga tiesa, palpitante. —¡Qué chingona está tu pija, güey! exclamó, envolviéndola con su mano suave, masturbándome lento, el prepucio subiendo y bajando con sonidos húmedos.

Nos volteamos, ella encima, cabalgándome como amazona salvaje. Sus caderas giraban en círculos hipnóticos, su concha tragándome entero, jugos chorreando por mis bolas. El CRV rojo pasión se mecía con nosotros, resortes chirriando al ritmo de nuestros gemidos. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, el leve tufo marino colándose por la ventanilla entreabierta. Sus uñas arañaban mi pecho, dejando surcos rojos que ardían delicioso. Yo le amasaba el culo redondo, cacheteando suave, haciendo que rebotara más fuerte.

¡Más rápido, Javi, fóllame duro! —suplicaba, voz quebrada por el placer, ojos en blanco.

La volteé bocabajo, penetrándola por atrás, mi vientre chocando contra sus nalgas con palmadas sonoras. El cuero se pegaba a su piel, marcándola con su textura. Sentía su clítoris hinchado rozando mi mano mientras la cogía, círculos rápidos que la hacían temblar. El clímax nos alcanzó juntos: ella gritando ¡Me vengo, pinche amor!, su coño contrayéndose como puño alrededor de mi verga, ordeñándome hasta el fondo. Yo exploté dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un rayo.

Colapsamos jadeantes, cuerpos entrelazados en el CRV rojo pasión, ahora bautizado con nuestros fluidos. El sol se ponía tiñendo el cielo de rojo pasión, olas cantando our afterglow. Karla se acurrucó en mi pecho, su corazón latiendo contra el mío. —Esto fue chingón, Javi. ¿Seguimos juntos hasta Acapulco?

Sonreí, besando su frente sudada. Sí, mi reina, este viaje apenas empieza. Encendí el motor, el rugido familiar mezclándose con risas compartidas, rumbo a más noches de fuego en nuestro CRV rojo pasión.

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