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Noche de Pasion Frases que Queman

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Noche de Pasion Frases que Queman

La noche caía sobre la Ciudad de México como un manto de terciopelo negro, con las luces de Reforma parpadeando a lo lejos desde el balcón de mi departamento en Polanco. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, pero el mensaje de texto de Javier me había puesto la piel chinita desde la mañana: "Esta noche será nuestra noche de pasion frases que no olvidarás, mi reina". Sonreí al recordarlo mientras me quitaba los tacones, sintiendo el fresco del mármol bajo mis pies descalzos.

Él llegó puntual, como siempre, con esa sonrisa pícara que me derretía. Javier, mi amor de años, alto, moreno, con ojos que prometían travesuras. Traía una botella de tequila reposado y flores silvestres que olían a tierra mojada después de la lluvia. "Mamacita, ¿lista para arder?" me dijo al entrar, su voz ronca rozándome el oído mientras me abrazaba por la cintura. Su aliento cálido con un toque de menta me hizo cerrar los ojos un segundo, imaginando ya lo que vendría.

Nos sentamos en la terraza, con mariachi suave de fondo en el Spotify, sorbos de tequila quemándonos la garganta. Hablamos de todo y nada, pero la tensión crecía como el calor de la ciudad en verano. Sus dedos jugaban con el borde de mi blusa, rozando mi piel expuesta.

"Ana, desde que te vi hoy en mis sueños, no aguanto más. Quiero devorarte con frases que te hagan mojar"
, murmuró, y sentí un cosquilleo entre las piernas. Esa era su arma secreta: las noche de pasion frases, esas palabras sucias y dulces que salían de su boca como miel caliente.

La cena fue ligera, tacos de arrachera que preparé con cilantro fresco y cebolla morada, el humo del comal impregnando el aire con ese aroma ahumado que nos volvía locos. Cada bocado era una excusa para que sus ojos se clavaran en mis labios, hinchados ya de anticipación. ¿Por qué este wey me pone así de caliente con solo mirarme?, pensé, mientras mi mano subía por su muslo bajo la mesa. Él se rio bajito, un sonido gutural que vibró en mi pecho.

Entramos al cuarto, la luz tenue de las velas de vainilla perfumando todo. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de mi cuello, su barba raspándome deliciosamente. "Tu piel huele a pecado, chula. Quiero lamerte hasta que grites mi nombre". Sus palabras me erizaron el vello, y respondí presionándome contra él, sintiendo su verga dura contra mi vientre. Noche de pasion frases, susurré en mi mente, recordando cómo empezó todo entre nosotros: una apuesta en una fiesta, quien dijera la frase más caliente ganaba.

Nos besamos con hambre, lenguas enredándose, sabor a tequila y sal en la boca. Sus manos grandes amasaban mis tetas, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. Gemí contra su boca, pinche Javier, sabe exactamente cómo volverme loca. Lo empujé a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me trepé encima, desabrochándole la camisa, besando su pecho tatuado con un águila mexicana, lamiendo el sudor salado que ya perlaba su piel.

"Quítate el calzón, quiero verte la panocha chorreando por mí", ordenó con esa voz de macho dominante que me encantaba. Obedecí, deslizando la tanga negra por mis caderas, el aire fresco rozando mi humedad expuesta. Él se incorporó, inhalando profundo. "Hueles a sexo puro, mi amor. Ven, siéntate en mi cara". Me monté en él, su lengua caliente y ávida lamiéndome los labios hinchados, chupando mi clítoris con succión perfecta. El sonido húmedo de su boca devorándome llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos y el tráfico lejano de la ciudad. Sentí mis jugos corriendo por su barbilla, mis caderas moviéndose solas, persiguiendo el placer.

Pero no quería correrme aún. Lo bajé, desabrochando su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillante de pre-semen.

"Mírala, Ana. Es toda tuya. Chúpala como la puta cachonda que eres"
. Me arrodillé, el piso alfombrado suave bajo mis rodillas, y la tomé en la boca, saboreando su sal marina, el pulso latiendo contra mi lengua. Lo mamé profundo, hasta la garganta, sintiendo cómo se hinchaba más. Él gruñía, "¡Así, carajo! Tu boquita es un paraíso", sus manos enredadas en mi pelo, guiándome sin forzar.

La tensión subía como fiebre. Me recostó boca arriba, abriéndome las piernas con ternura feroz. Te necesito dentro, wey, no aguanto, supliqué en silencio. Rozó su punta contra mi entrada, lubricándonos mutuamente. "Dime qué quieres, dime una de tus noche de pasion frases". Sonreí jadeante: "Cógeme duro, papi. Hazme tuya hasta que no pueda caminar". Empujó de un golpe, llenándome por completo, su grosor estirándome deliciosamente. Grité, uñas clavadas en su espalda, el dolor placer mezclándose.

Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida rozando mi punto G, sonidos de carne contra carne, sudor goteando. Aceleró, la cama crujiendo, mis tetas rebotando con cada choque. "Eres tan apretada, tan mojada para mí. ¿Te gusta mi verga, verdad?" Asentí, perdida, sí, pinche sí, no pares. Cambiamos posiciones, yo a cuatro patas, él atrás, azotándome el culo suave, el escozor avivando el fuego. Su mano bajó a mi clítoris, frotando círculos rápidos mientras me taladraba.

El clímax se acercaba como tormenta. Sentí el orgasmo construyéndose en mi vientre, pulsos en mi coño apretándolo.

"Córrete conmigo, Ana. Quiero sentirte ordeñándome"
. Exploté primero, un grito ronco saliendo de mí, paredes contrayéndose, jugos salpicando. Él rugió, hinchándose dentro, chorros calientes inundándome, su semen mezclándose con el mío. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor, olores a sexo y vainilla envolviéndonos.

Nos quedamos así, enredados, su cabeza en mi pecho, latidos sincronizándose. Esta noche de pasion frases fue épica, pensé, acariciando su pelo revuelto. Besó mi piel sensible. "Te amo, mi reina. Mañana repetimos, ¿va?" Reí bajito, el afterglow calentándome el alma. Fuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en nuestro mundo, todo era perfecto, eterno.

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