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David Un Hombre de Pasion y Destino

7312 palabras

David Un Hombre de Pasion y Destino

Eres David, un cuate de treinta y cinco tacos que vive en un depa chido en Polanco, Ciudad de México. Trabajas en una oficina de marketing, rodeado de pantallas y juntas eternas que te dejan con el ánimo por los suelos. La vida te parece una rutina culera: café negro por la mañana, tráfico infernal en Insurgentes, noches solo con Netflix y una cerveza fría. Pero algo cambia esa noche de viernes.

Estás tirado en el sillón de cuero, con el cel en la mano, scrolleando sin rumbo en la red. Buscas un pinche ebook de autoayuda o qué sé yo, y de pronto das con un link rarito. Lo bajas sin pensarlo dos veces: david un hombre de pasion y destino charles swindoll pdf. "¿Qué chingados es esto?", murmuras mientras abres el archivo. Es un libro de un pastor gringo sobre el rey David de la Biblia, lleno de lecciones sobre vivir con pasión y aceptar tu destino. No eres de misa ni nada, pero las palabras te pegan duro. Habla de un vato que no se raja, que abraza sus deseos con todo, que encuentra fuego en lo que ama. Sientes un cosquilleo en el pecho, como si te hubieran despertado algo dormido.

¿Y si yo también soy un hombre de pasión y destino? ¿Y si dejo de ser este pendejo tibio y voy por lo que quiero?

Te levantas de un brinco, te pones una playera ajustada que marca tus pectorales de gym, jeans oscuros y botas. "Hoy la armo", te dices. Sales al bar de la esquina, un lugar con luces neón y música electrónica suave, lleno de morras y vatos bien puestos.

Ahí la ves: Laura, una chava de curvas de infarto, cabello negro largo hasta la cintura, ojos cafés que brillan como chocolate derretido. Lleva un vestido rojo ceñido que deja poco a la imaginación, tacones altos y un perfume que huele a vainilla y jazmín. Está en la barra, riendo con unas amigas. Te acercas con el corazón latiéndote como tambor.

"¿Qué onda, reina? ¿Me invitas a una chela o qué?", le sueltas con sonrisa pícara. Ella te mira de arriba abajo, se muerde el labio y suelta una carcajada. "Órale, güey, qué directo. Pero me caes bien. Soy Laura". Charlan como si se conocieran de toda la vida. Ella es diseñadora gráfica, independiente, con un taller en la Roma. Habla con esa voz ronca que te eriza la piel, gesticulando con manos suaves y uñas pintadas de rojo fuego.

El deseo empieza como una chispa. Sientes el calor de su cuerpo cuando se acerca para escucharte sobre el tráfico, su aliento dulce con toques de tequila rozando tu oreja. El bar huele a sudor limpio, cítricos de cocteles y ese aroma suyo que te pone la verga tiesa bajo los jeans.

Acto dos: La escalada

La pista de baile los llama. La tomas de la mano, su palma cálida y húmeda contra la tuya. La música retumba, bajos profundos que vibran en tu pecho. Bailan pegados, sus caderas ondulando contra las tuyas. Sientes sus nalgas firmes presionando tu entrepierna, el roce deliberado que te hace jadear. "Estás cañón, David", te susurra al oído, su lengua rozando el lóbulo. Tú le agarras la cintura, dedos hundiéndose en carne suave, oliendo su cuello salado.

Esto es pasión pura, carnal. El PDF tenía razón: el destino es esto, este fuego que me quema vivo.

La tensión crece con cada roce. Sus tetas se aprietan contra tu torso, pezones duros como piedritas bajo la tela. Tú le acaricias la espalda baja, bajando hasta el borde del vestido, sintiendo la curva de su culo. Ella gime bajito, un sonido gutural que te recorre la espina dorsal. "¿Nos largamos de aquí?", preguntas con voz ronca. "Sí, pendejo, llévame a tu casa", responde ella, ojos encendidos de lujuria.

En el Uber, no aguantan. Se besan como hambrientos, lenguas enredadas, sabor a tequila y menta. Tus manos suben por sus muslos, tocando piel sedosa, ella te aprieta la verga por encima del pantalón, masajeando con maestría. "Estás durísimo, cabrón. Me mojas toda". Llegan al depa, tropiezan en la puerta. El elevador es un horno: la empotras contra la pared, chupando su cuello, mordisqueando mientras ella araña tu espalda. Huele a sexo inminente, a feromonas y sudor fresco.

En la recámara, luces tenues de la ciudad filtrándose por las cortinas. La desvestís despacio, reverente. El vestido cae como cascada roja, revelando lencería negra de encaje. Sus tetas perfectas, pezones oscuros erectos. La besas por todo el cuerpo: labios carnosos, cuello perfumado, clavícula salada. Bajas a sus pechos, mamando un pezón mientras pellizcas el otro. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, David, qué rico chupas!". Su piel sabe a sal y deseo, suave como terciopelo caliente.

Le quitas el tanga, exponiendo su concha depilada, labios hinchados brillando de jugos. La lames despacio, lengua plana desde el clítoris hasta el ano, saboreando su miel dulce y almizclada. "¡Sí, cabrón, cómetela toda!", grita, manos enredadas en tu pelo, caderas empujando contra tu boca. Tú metes dos dedos, curvándolos, frotando su punto G mientras chupas el botón. Ella tiembla, chorros calientes en tu lengua, orgasmo que la hace gritar tu nombre.

Ahora ella te ataca. Te baja los jeans, tu verga salta libre, venosa y palpitante, goteando precum. "Qué verga chingona, David", dice admirada. La mama con hambre, labios suaves envolviéndote, lengua girando en la cabeza sensible. Sientes su garganta profunda, saliva caliente chorreando, el sonido obsceno de succiones. "¡No pares, mamacita, me vas a hacer venir!", jadeas, pero te detiene. "No aún, quiero que me cojas".

La pones en cuatro, admirando su culo redondo. Escupes en tu verga, frotas la punta en su entrada resbalosa. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretadas ordeñándote. "¡Qué prieta estás, Laura! ¡Me aprietas delicioso!". Empiezas a bombear, lento al principio, luego feroz. Piel contra piel, slap slap slap, sudados y brillantes. Ella empuja hacia atrás, gritando "¡Más duro, pendejo! ¡Chíngame como hombre de pasión!". Agarras sus caderas, embistes profundo, bolas golpeando su clítoris. Cambian posiciones: ella encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, uñas en tu pecho. Tú abajo, chupando pezones mientras ella gira las caderas.

El clímax se acerca como tormenta. "¡Me vengo, David!", aúlla ella, concha convulsionando, ordeñándote. Tú explotas dentro, chorros calientes llenándola, gruñendo como bestia. Colapsan juntos, pegajosos de sudor y semen.

Acto tres: El resplandor

Abrazados en las sábanas revueltas, el aire huele a sexo crudo, a sus jugos y tu semen mezclado. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón galopando calmándose. Acaricias su cabello húmedo, besas su frente. "Eso fue épico, carnal", murmura ella, dedo trazando tu abdomen marcado.

El PDF lo dijo todo: soy David, un hombre de pasión y destino. Esto no es casualidad, es mi camino. Con Laura, encontré mi fuego verdadero.

Hablan bajito hasta el amanecer. Ella se queda, prometiendo más noches. Sales al balcón, café en mano, viendo el sol nacer sobre el skyline de la CDMX. Sientes paz, poder. Ya no eres el mismo pendejo; ahora vives con pasión, listo para lo que el destino traiga. Y todo empezó con ese pinche PDF.

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