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Diario de una Pasion en Netflix

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Diario de una Pasion en Netflix

Querido diario, hoy es una de esas noches en las que el calor de la Ciudad de México se cuela por las ventanas entreabiertas de mi depa en la Condesa. Estoy sola, con el ventilador zumbando como un susurro insistente, y el control remoto en la mano. Diario de una pasion en netflix, eso es lo que busqué mientras el sudor me perlaba la piel bajo esta blusa ligera de algodón. La serie esa que todos comentan, con sus besos robados y miradas que queman. Neta, wey, no sé por qué me jaló tanto, pero desde el primer episodio, sentí un cosquilleo en el estómago que bajó directo hasta mis muslos.

Me recuesto en el sofá, las piernas cruzadas, el aire acondicionado del refri lejano trayendo un olor a tequila y limón de la botella que abrí hace rato. La pantalla ilumina mi cuarto con tonos azules y rojos, y la protagonista gime bajito mientras su amante le recorre el cuello con los labios. Mierda, pienso, mi mano se desliza sola por mi vientre, rozando la tela suave de mis shorts. El sonido de sus respiraciones agitadas se mezcla con el tráfico lejano de Insurgentes, y yo cierro los ojos, imaginando que soy ella. El calor entre mis piernas crece, húmedo y pegajoso, como el aire de verano.

¿Por qué carajos me pongo así con una pinche serie? ¿Será que hace meses no tengo acción de verdad? Esa escena del lago, con el agua lamiendo sus cuerpos... ay, wey, me estoy mojando nomás de recordarlo.

De repente, un mensaje en el celular vibra sobre la mesa de centro. Es él, mi carnal del gym, el que siempre me guiña el ojo cuando nos cruzamos en la clase de crossfit. "Oye, mami, ¿qué onda esta noche? ¿Series o algo más chido?" Sonrío, el pulso se me acelera como el bajo de una rola de rock en el Vive Latino. Le respondo sin pensarlo: "Ven, estoy viendo Diario de una pasion en netflix. Trae chelas." Mi corazón late fuerte, thump-thump contra las costillas, mientras pauso la serie y me levanto a arreglarme un poco. Me miro en el espejo del baño: el pelo revuelto, labios hinchados de morderme, y un brillo en los ojos que grita quiero cogerte.

Media hora después, tocan la puerta. Ahí está Rodrigo, con su playera ajustada marcando los pectorales sudados del entrenamiento de la tarde, y una six de chelas frías colgando de su mano morena. Huele a jabón Axe mezclado con ese sudor masculino que me vuelve loca, como tierra mojida después de la lluvia. "Qué buena onda que me invitaste, carnala", dice con esa voz grave, mientras entra y me da un beso en la mejilla que dura un segundo de más. Sus labios calientes rozan mi piel, y siento un escalofrío que me eriza los vellos de los brazos.

Nos sentamos en el sofá, las chelas abriéndose con un psssht fresco, y reanudo la serie. Al principio, charlamos pendejadas: del gym, de lo cara que está la vida en la CDMX, de cómo el Metro siempre está atascado. Pero conforme avanza el episodio, el aire se carga. Él se acomoda más cerca, su muslo musculoso presionando el mío, y yo siento el calor irradiando de su cuerpo como un horno. En la pantalla, la pareja se besa con hambre, lenguas enredándose, manos explorando curvas. Rodrigo suelta un "puta madre, qué caliente está esto" y su mano cae casual sobre mi rodilla, dedos ásperos de tanto levantar pesas trazando círculos lentos.

Mi respiración se entrecorta. No pares, pienso, mientras giro la cara y lo miro. Sus ojos cafés brillan con la luz parpadeante de la tele, y hay un hambre ahí que me hace apretar los muslos. "Neta, esta serie me tiene bien prendida", le digo, mi voz ronca, y él ríe bajito, ese sonido gutural que vibra en mi pecho. Su mano sube por mi muslo, despacio, como si probara el terreno, y yo no me muevo. Al contrario, abro las piernas un poquito, invitándolo. El olor de su excitación empieza a mezclarse con el mío, almizclado y dulce, como miel caliente.

Esto es lo que necesitaba. Su toque es eléctrico, quema justo donde duele la falta de él. ¿Y si lo jalo ahora mismo? Sí, carajo, ya fue.

En el siguiente corte de la serie, no aguanto más. Me volteo y lo beso, mis labios chocando contra los suyos con urgencia. Él responde al instante, su lengua invadiendo mi boca, saboreando a cerveza fría y deseo puro. Sus manos me agarran la cintura, fuertes, levantándome para sentarme a horcajadas sobre él. Siento su verga dura presionando contra mi concha a través de la tela, gruesa y pulsante, y gimo en su boca. "Te quiero, wey", murmura contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible mientras sus dedos se cuelan bajo mi blusa, pellizcando mis pezones que ya están duros como piedras.

Nos quitamos la ropa a manotazos, riendo entre jadeos. Su pecho ancho, cubierto de vello negro rizado, huele a sal y hombre. Le recorro los abdominales con las uñas, sintiendo cada músculo contraerse bajo mi toque. Él me baja los shorts, y cuando sus dedos rozan mi humedad, suelta un "estás chingona de mojada, mami". Me mete dos dedos adentro, curvándolos justo ahí, y yo arqueo la espalda, el sofá crujiendo bajo nosotros. El sonido de mis jugos chapoteando se mezcla con nuestros gemidos, y la serie sigue de fondo, ignorada, con sus pasiones ajenas.

Lo empujo para que se recueste, y bajo por su cuerpo, besando cada centímetro. Su verga se yergue, venosa y roja, goteando precúm que lamo con la lengua plana, salado y amargo en mi paladar. Él gruñe, enredando los dedos en mi pelo, guiándome mientras lo chupo profundo, hasta la garganta. "Así, cabrona, trágatela toda", dice, y yo obedezco, el placer de complacerlo haciendo que mi clítoris palpite solo.

Pero no quiero que acabe así. Me subo encima, frotándome contra él, lubricándonos mutuamente. "Cógeme ya", le ordeno, y él me agarra las caderas, hundiéndose en mí de un solo empujón. Ay, Dios, lleno, estirándome perfecto. Empiezo a moverme, cabalgándolo lento al principio, sintiendo cada vena rozar mis paredes internas. El sudor nos une, resbaloso, y el slap-slap de piel contra piel llena el cuarto. Acelero, mis tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando. Él empuja desde abajo, profundo, golpeando ese punto que me hace ver estrellas.

La tensión sube como una ola en Acapulco, mi vientre apretándose, el orgasmo acechando. "Me vengo, wey, no pares", grito, y él redobla, gruñendo mi nombre. Exploto alrededor de él, contrayéndome en espasmos, jugos chorreando por sus bolas. Él me sigue segundos después, llenándome con chorros calientes, su cuerpo temblando bajo el mío.

Colapsamos, jadeantes, su verga aún dentro, palpitando suave. El olor a sexo impregna todo: sudor, semen, mi esencia. Apagamos la tele, y nos quedamos así, piel con piel, el ventilador secando nuestro sudor. "Eso fue mejor que cualquier serie", dice riendo, besándome la frente. Yo sonrío, el corazón lleno, el cuerpo saciado.

Querido diario, Diario de una pasion en netflix fue solo el pretexto. La verdadera pasión fue esta noche, con él. Mañana, ¿repetimos? Neta, sí.

Me duermo en sus brazos, el tráfico de la ciudad como una nana lejana, sabiendo que esto apenas empieza.

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