La Pasión de Cristo 2 Fecha de Estreno
El calor de la noche en la Condesa te envuelve como un amante impaciente. Mañana es la pasión de cristo 2 fecha de estreno y no puedes dejar de pensar en eso mientras te arreglas frente al espejo de tu depa. Tu piel morena brilla con un toque de aceite de coco que huele a playa y deseo. Llevas un vestido negro ajustado que marca tus curvas, esas que sabes que vuelven locos a los vatos. Órale, piensas, esta noche va a ser épica. Invitaste a Cristo, ese pendejo guapo que te conoció en una expo de cine y desde entonces no han parado de revolcarse cada que pintan.
El timbre suena y tu pulso se acelera. Abres la puerta y ahí está él, Cristo, con su camiseta blanca pegada al pecho musculoso por el sudor de la calle, jeans rotos que dejan ver sus piernas fuertes. Sus ojos cafés te recorren como si ya te estuviera desnudando. —Qué chida te ves, nena —dice con esa voz ronca que te eriza la piel— Hoy es la noche antes del gran estreno, ¿no? La pasión de cristo 2 fecha de estreno mañana, pero nosotros podemos adelantar la nuestra.
Te ríes, juguetona, y lo jalas adentro. El olor de su colonia, mezcla de madera y especias, te invade las fosas nasales mientras cierras la puerta. Se sientan en el sofá de terciopelo rojo, con una chela fría en la mano. La tele pasa el tráiler de la peli, esas imágenes crudas de sufrimiento y redención que contrastan con el fuego que sientes entre las piernas.
Neta, este wey me prende con solo mirarme. ¿Cuánto aguantaré antes de saltarle encima?
Charlan de la película, de cómo la primera te dejó con un nudo en la panza, pero esta secuela promete más intensidad. Cristo se acerca, su muslo roza el tuyo, y sientes el calor irradiando de su cuerpo. —La pasión no es solo dolor, mi reina —murmura, su aliento cálido en tu oreja— Es entrega total, como lo que tú y yo tenemos. Su mano sube por tu pierna, despacio, trazando círculos con los dedos callosos que te hacen mordirte el labio.
El primer beso es suave, exploratorio, sus labios carnosos saben a cerveza y a menta. Pero pronto se vuelve hambriento. Tus lenguas se enredan, húmedas y urgentes, mientras sus manos aprietan tu cintura. Sientes su verga endureciéndose contra tu cadera, dura como piedra, y un gemido escapa de tu garganta. —Cristo, pendejo, me estás volviendo loca —susurras contra su boca.
Lo empujas al sofá y te subes a horcajadas. El vestido se sube por tus muslos, revelando la tanga de encaje negro. Él gime, sus manos grandes amasan tus nalgas, el tacto áspero enviando chispas por tu espina. Bajas la cabeza y besas su cuello, saboreando la sal de su sudor, ese gusto salado que te hace salivar más. Sus dedos se cuelan bajo la tela, rozando tu chochito ya empapado. Estás chorreando, carnala —dice con voz entrecortada— Neta, qué rico hueles a excitada.
La habitación se llena de sonidos: el jadeo pesado de sus respiraciones, el roce de la tela al quitarse la camiseta, revelando su torso tatuado con cruces y rosas mexicanas. Tocas sus pectorales firmes, sientes los latidos desbocados bajo tu palma. Él te quita el vestido con un movimiento fluido, quedas en bra y tanga, tus pezones endurecidos apuntando a él como balas.
Quiero devorarlo entero, que me llene hasta el fondo. Esta es nuestra pasión de cristo 2, la secuela que nadie espera.
Te recuestas, él se arrodilla entre tus piernas. Sus besos bajan por tu vientre, la barba incipiente raspando deliciosamente tu piel sensible. Llega a tu monte, inhala profundo tu aroma almizclado de mujer en celo. —Déjame probarte, mi santa pecadora —gruñe. Su lengua lame tu clítoris hinchado, círculos lentos que te arquean la espalda. Gimes fuerte, tus uñas en su cabello negro revuelto. El placer sube en olas, chupetea tu jugo dulce y salado, mete dos dedos gruesos que curvan justo en tu punto G. Tus caderas se mueven solas, follándote su boca.
No aguantas más, lo jalas arriba. Le bajas el zíper, liberas su verga gruesa, venosa, palpitante. La acaricias, sientes la piel aterciopelada sobre acero, el precum perlando la punta. Él gime como animal, —Chúpamela, reina, hazme tuyo. Te agachas, tu boca envuelve la cabeza, saboreas su esencia salobre. Lo mamas profundo, garganta relajada, mientras él te agarra el pelo y empuja suave. Los sonidos húmedos llenan el aire, slurps y gemidos que te empapan más.
La tensión crece, insoportable. —Te quiero adentro, Cristo, ya —suplicas, voz ronca. Él te voltea boca abajo en el sofá, te pone a cuatro patas. Sientes la punta rozando tu entrada, lubricada al mil. Empuja despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. ¡Ay, wey, qué grande estás! —gritas de placer. Lleno por completo, pausamos, sintiendo los pulsos mutuos, su pubis contra tus nalgas redondas.
Empieza el ritmo, lento al principio, cada embestida mandando ondas de éxtasis. El slap slap de piel contra piel, sus bolas golpeando tu clítoris. Acelera, sus manos en tus tetas rebotando, pellizcando pezones. Sudor gotea de su frente a tu espalda, cálido y resbaloso. Tu olor a sexo impregna todo, mezclado con su masculinidad cruda.
Esto es mejor que cualquier estreno, neta. Mañana la peli, pero esta noche es nuestra pasión desatada.
Cambio de posición, te sube a su regazo, cara a cara. Cabalgas fuerte, tus jugos chorreando por sus huevos. Sus ojos clavados en los tuyos, conexión profunda. —Te amo así, salvaje —jadea. Sientes el orgasmo construyéndose, vientre contrayéndose. Él aprieta tu culo, embiste arriba. Explotas primero, grito ahogado, paredes apretándolo en espasmos. Él ruge, se corre dentro, chorros calientes inundándote, marking you as his.
Colapsan juntos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Besos suaves ahora, post-orgasmo glow. Su mano acaricia tu cabello, —Mañana vamos al cine por la pasión de cristo 2 fecha de estreno, pero esto... esto es nuestra religión. Te ríes bajito, satisfecha, el corazón latiendo en paz. La noche envuelve su afterglow, prometiendo más secuelas en su pasión infinita.