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Su primer trío: la noche que compartí a mi esposa – I, II, III

8994 palabras

9 minutos

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Esto que contaré es totalmente cierto. Llevábamos mucho tiempo platicando de que ella estuviera con otro hombre. Siempre me decía que no, ya que fui el primero. Con el tiempo la dejaba charlar con un amigo de sexo y eso me calentaba. Ya sabíamos del tema. Pasó el tiempo, conocí a alguien por una página y le dije a mi esposa: “Tengo un amigo que quiero que conozcas”. Ella estaba algo asustada. Le dije: “Ponte una falda, toma dos tragos y fuimos a conocerlo a un bar”.

Llegamos primero, él llegó al ratito. Conversamos, los presenté. Me hice pasar ante la gente como el amigo de mi esposa para no ponerla en evidencia en el lugar. Ya animados, le dije a él y a ella que se besaran. Asustada, asintió y fue la primera vez que vi a mi esposa besándose apasionadamente con otro hombre. Pagamos la cuenta y le dije: “Demos una vuelta en mi carro, pero vete atrás”.

Salimos, busqué un sitio oscuro y dejé que se besaran y se acariciaran. Él le bajó el brasier y le cogía los senos. Viendo que estaban algo nerviosos, le abrí las piernas para que él le metiera la mano a su vagina. Entre los dos, yo adelante algo incómodo, le sacó un seno y se lo chupó. Él se sacó su pene y ella lo masturbó. Así pasó un rato. Esa noche no pasó nada más, lo dejamos en su vehículo y camino a la casa paré a tocarla y estaba super mojada. Eso me excitó más. Llegué a la casa a cogérsela como nunca.

Cabe decir que aunque fui el primero, ella era caliente, pero aquí no acaba todo. Faltan muchos secretos que luego me fui enterando y luego les contaré qué pasó luego con el amigo.

PARTE II

Ya pasado unos días hablamos de lo que había pasado. Ya entre ellos había más confianza, se decían cosas. Mi esposa me mostraba las charlas; era ya más confianza. Charla va, charla viene, pasaron varios meses. En una de esas tardes, al salir de trabajar, le dijo que si la podía recoger del trabajo. Ella me pidió permiso y yo acepté. Pensaba muchas cosas, me daba ansiedad y ganas de poder ver.

Pasó a recogerla. En el camino hacia la casa, besos en los altos de los semáforos. Yo alerta con el celular; si pasaba algo, me contaba por momentos dónde iban. En el camino existen muchas zonas oscuras, es campestre. Parquearon en uno de esos sitios. Ella le decía que si le adivinaba la tanga, se la regalaba esa noche. Se tocaron; ella lo masturbó, él le daba dedo y le chupaba los senos. Casi estaban, pero igual había algo de recato. Pasaron cositas, pero llegó a la casa. Me contó y, obvio, lo hicimos; estábamos calientes.

Tres días después le dijo que si pasaba al mediodía, que tenía espacio para ir ya a un sitio a finiquitar lo anterior sucedido. Me dijo que si la dejaba. Lo dudé un momento y dije: ya acepté cosas, pues al fin y al cabo es lo que se busca. Así que se subió al carro. Le dije: me mandas video y me vas contando paso a paso.

El motel era muy cerca del trabajo de mi esposa; llegaron rápido. Me escribió: amor, ya entramos al cuarto. En ese momento la ansiedad no me dejaba estar tranquilo; sudaba frío. Creo que muchos conocen esa sensación la primera vez. Me mandó una foto del cuarto y ella en ropa interior. Pasaron unos minutos; yo le escribía y ella no me decía nada, pero la sensación, la imaginación me ponía a pensar de todo.

A los 20 minutos me llegó el primer video. Se me hacía eterno que descargara. Cuando al fin pude ver lo que buscábamos: mi esposa desnuda, él la filmaba para mandarme. Fue un video de dos minutos; me parecía corto, pero vi a mi esposa piernas arriba y abierta mientras la penetraba con fuerza. Escuchaba cómo chocaban sus pelotas con la vagina grande de mi esposa; sonaba duro y lo hacía rápido. Por primera vez escuché los gemidos de mi esposa con otro hombre y lo disfrutaba. Ver cómo la besaba, la ensartaba duro y le chupaba los senos.

Del video pasaron casi media hora y me escribió que si quería que se le viniera adentro; que la tenía boca abajo dándole duro y que se iba a venir. Le dije que le hiciera y así lo hizo. El amigo le llenó la vulva de mucha leche; salió buen lechero. Pasó unos minutos, me dijo que se iba a duchar. Le dije que no se fuera a limpiar mucho, que quería verla llena de semen. La dejó en el trabajo.

Esa tarde se me hizo eterna. Pasadas las seis llegó en el transporte; yo la esperé para recogerla. Se subió, estaba que me la cogía. Nos miramos, nos reímos como cuando eres cómplice de algo. No veía la hora de que llegara al cuarto, se quitara todo y meterle los dedos para sentirla mojada de otro. Esperando que los hijos no estuvieran y la entretuvieran, y yo con esas ganas de revisarla y clavarla, batirle esa leche con la mía.

Subimos al cuarto, echamos seguro. La desvestí lo más rápido que pude; la ansiedad me mataba. Ella abrió las piernas estando desnuda; no se veía mucho, sólo sus labios vaginales hinchados. Metí dos dedos y le salió la leche del amante; le iba saliendo bastante, chorreando de la vagina a un lado y otro. No aguanté más y la clavé con fuerza, dándole parejo, imaginándome cómo se la cogían, batiéndole esa leche con mi pene. No duré mucho en venirme; tenía muchas ganas. Le bombié otro ratico; llenita de sus dos hombres el mismo día. Se durmió con la leche de ambos hasta el otro día que madrugaba a trabajar.

Ese otro día fue extraño; le preguntaba los detalles, muchas ganas. Todos esos días no me arrepiento; fue super ser cornudo. Seguiré más adelante con otras cosas que hemos vivido después y secretos que ella me confesó con el tiempo y la confianza, pero sin darme cuenta. Aclaro: todo lo que cuento es un relato ficticio solo para mayores de 18 años.

PARTE III

Al final de mi anterior relato decía que no era real, pero en realidad lo fue. Al enviarlo me salió esa acotación, no sé si por la página, pero igual seguiré narrando lo más real posible. Pasó un año o algo más, no sé. No volvió a repetirse. Nuestro amigo consiguió un trabajo mejor en una población cercana, pero ya era difícil por el tiempo, aparte de que él está casado. Se dio la oportunidad de volver a intimar con mi esposa. En su fantasía quería ver a una pareja teniendo relaciones. Me dijo: vamos los dos. La adrenalina que sentí fue fuerte. Una cosa es ver videos o escuchar un audio, a verlo en persona. Cuadramos todo. Sucedió a la hora del almuerzo. Recogí a mi esposa, fui a un motel cercano. Cabe acotar que por donde trabaja mi esposa hay muchos moteles. Llegamos, nos miramos a los ojos y lo más difícil fue decirle a la encargada que llegaba alguien más en un momento. Daba vergüenza, pero qué más da, soy su esposo. Ella nerviosa: una cosa es sola y otra conmigo viéndola.

Entramos al cuarto. Nos íbamos a empezar a desvestir cuando tocaron. Sabíamos quién era. Se abrió la puerta, nos saludamos. El tiempo no era mucho, así que decidí quitarle la blusa. Quedó en brasier. Yo la abracé y empecé a besarla mientras él se hizo atrás, besándole el cuello. Ya la cuestión se calentó. Él le bajó el pantalón. Yo me retiré un momento para acomodar los dos celulares que había llevado para grabar de varios ángulos. Ellos siguieron en su cuento. Ella se desvistió, se sentó al borde de la cama y él, parado sin ropa, la besaba con pasión mientras le metía el dedo, masturbándola. Ella cogió su pene e igual lo masturbó. Él la acostó y bueno, era mi fantasía: mi primer trío con ella. La abrió de piernas y la penetraba duro y despacio. Yo mientras grababa. Ver a mi esposa en vivo cogiendo no tiene precio.

Luego él le bajó, le chupaba su vulva. Después de un rato la volteó, la puso en cuatro y yo, con la luz del celu, grabé sin chistar. Era hermoso ver cómo se le abría cuando se la metían. Yo quise participar un momento, pero estaban entretenidos, no hice mucha fuerza. Luego la puse a chuparme mientras él le daba duro. La acaricié. Él seguía en varias posiciones: con una pierna levantada, con las dos, de medio lado. Luego ella se le subió y ver cómo le cabalgaba, se besaban, fue súper. Después ella boca abajo, él le decía cosas, estaba muy caliente. Yo mientras filmaba, sin antes darle una bombeada. Él seguía dándole, pero más suave, mientras mi esposa gemía fuertecito, hasta que se vinieron ambos al tiempo. Él se salió, se fue a la ducha. Yo la volteé y tenía su vulva llena de semen, le escurría. No aguanté y se la metí, pero antes le metí el dedo y le sobaba toda su cuca con ese semen para dejarla bien untada. Yo feliz de clavarla con ese semen adentro. No duré mucho. Cuando tuve una venida de esas que te duele hasta los huevos, quedó súper untada de semen de ambos.

Se duchó. Le dije que no se limpiara mucho para en la noche cogerla de nuevo. La dejé en el trabajo bien culiada y esa tanga untada de semen. Me imagino que olía a sexo. En la noche cogimos delicioso, recordando su primer trío.

Hola sigue escribir

Creo que tu esposa aún no estaba preparada mentalmente para ese tipo de encuentro. Pero siempre hay un comienzo.

Si resultó placentero para ella y para ti hacerlo . Supongo lo hayan repetido .. cuéntanos..

Besos. Belu.

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