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José firmaría cualquier cosa por estar con Ana

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Buenas tardes.

Como les conté antes, Ana y José volvieron a tener sexo en Tenerife. Como ya dije, fuimos a firmar el alquiler de una urbanización a explotar con una famosa empresa del sector turístico.

José y Ana, después de cenar y divertirnos, follaron la noche del sábado y durante el domingo más de lo mismo. El lunes regresamos a nuestras casas y ya en casa hablamos de todo lo sucedido y pautas a seguir.

Ana: “Gracias por este fin de semana, me hacía falta un buen polvo y volver a sentirme así”.

Yo: “Sabes que no tienes que dar las gracias. Me encanta verte así y sabía que José te deseaba”.

Ana: “Lo que sí sé es que José nunca se portó mal conmigo y sé de la confianza que depositas en él. Me gustaría volver a verlo y que siga siendo mi amante si a ti no te parece mal”.

Yo: “Siempre tú has elegido a tus amantes y nunca he dicho nada. José tiene su vida y nosotros la nuestra. Él será quien vigile ese nuevo negocio y tú serás la delegada de la empresa. Con esta nueva etapa estarás al frente del negocio. Viajarás a Tenerife cada 15 días y allí podrás dar rienda suelta a tus deseos ya que irás con uno de los dueños, con José. Nadie sabrá en ningún momento que eres la esposa del otro propietario”.

Ana: “¿Pero esto ya lo teníais hablado vosotros? Me parece bien, pero ¿tendré que esperar siempre 15 días?”.

Yo: “Esto lo he decidido yo ahora y José no pondrá reparo en ello. No tendrás que esperar tanto tiempo ya que tenemos una oficina donde tú y José llevaréis el control y allí lo que suceda es cosa vuestra. Ya en casa no tendrás sexo con ningún amante. Mañana hemos quedado en la nueva oficina. Te adelanto que no es una oficina al uso: es un piso y allí lo que es el salón está montada la oficina; el resto son tres habitaciones y dos baños”.

Ana: “Perfecto”.

Yo: “Ahora llama a José y queda con él ya que él sabe dónde está y mañana nos vemos los tres allí”.

Ana me hizo caso y llamó a José contándole lo hablado conmigo. Ya después de cenar y ducharnos, ella se retiró a su cama y yo a la mía.

Al día siguiente fuimos al centro de la ciudad a ver el lugar donde íbamos a utilizar como oficina. Al llegar y abrir la puerta, pudimos ver que José ya estaba dentro. Ana y José se saludaron cordialmente y yo estreché su mano.

Yo: “Bueno José, he hablado con Ana y yo no puedo estar viajando a Tenerife ya que mis negocios aquí no los puedo descuidar y delegó en Ana esta empresa. Será ella la que esté de delegada junto a ti en esta inversión”.

José: “Me parece ideal amigo, pero sabes que aparte del negocio lo que sentimos sexualmente uno por el otro. No quiero que haya malas interpretaciones”.

Yo: “El negocio es el negocio. Lo que hagáis siempre estará bien si los dos estáis de acuerdo”.

Ana: “Por mi parte no hay problema. Nadie sabrá que yo soy tu esposa y todos creerán que soy una empleada de los dos”.

José: “De acuerdo entonces”.

Le enseñamos la casa a Ana. José solía llevar alguna amiga allí, pero ahora ya eso quedó claro que no podía ocurrir. Dijimos de destinar una habitación a ser el archivo y las otras habitaciones se quedarían como están. En el salón teníamos montada una isla de cuatro mesas cara al futuro, pero ahora una mesa era de José y otra de Ana.

Yo: “Aquí podéis veros y nadie molestará. Como veis, la casa está vigilada con cámaras y yo soy el único que tiene control sobre ellas. O sea, cuando folliéis, si quiero me conecto y lo puedo ver. No sería la primera vez, ¿no?”.

Nos reímos y entonces les dejé y me fui.

Ese día no miré, pero por la tarde llamé a Ana y le pregunté:

“¿Cómo ha estado el primer día de trabajo? ¿Habéis hecho algo en el piso?”.

Ana: “Todo super bien, he organizado unas reuniones para esta semana con unas cuantas agencias de viajes y puse en marcha las impresoras, fax, y fui a comprar material ya que no había nada”.

Yo: “¿Y José? Te dejé allí con él para que rompierais el hielo”.

Ana: “Estuvo un par de horas y hablamos de todo y pusimos las cosas bien claras. Me gusta follar con él, pero esta aventura acaba de empezar. Hoy era poner todo al día y mañana ya se verá. Por ganas no será, amor”.

Yo: “Bien mirado, yo en una hora voy para casa”.

Ana: “Te quiero, nos vemos en casa”.

Al día siguiente ella estaba radiante y pregunté:

“¿Hoy tienes reunión? Te veo especialmente preciosa”.

Ana: “No, hoy quedé con José para desayunar y luego ir a la oficina porque nos mandan los contratos del personal de Tenerife”.

Yo: “A vale, míralo bien y más vale empezar con lo justo y ya iremos metiendo gente”.

Me despedí y salí de casa. Pasaron varias horas y ya en mi despacho me conecté a las cámaras y pude ver a mi esposa sentada junto a su ordenador, pero José no estaba allí. Llamé a Ana.

Ana: “Hola amor, ¿qué haces?”.

Yo: “En el despacho y te he visto por las cámaras y por eso te llamé”.

Ana: “Pues yo aquí pasando una oferta a una empresa. José se duchó aquí y salió que tenía que ir a ver a su padre. Ahora volverá y comeremos aquí que va a traer comida de un chino. Si quieres ver algo, conéctate luego después de comer o si quieres te mando un mensaje cuando vaya a ocurrir algo”.

Yo: “Vale, espero tu mensaje. Yo hoy no tengo mucha faena y me iré a casa”.

Ana: “De acuerdo. Besos, te quiero”.

Así fue, yo ya en casa viendo la televisión, me sonó el teléfono y era Ana que me decía:

“Conéctate, estoy en la habitación y me he cambiado de ropa para darle una sorpresa a José y a ti. Te quiero”.

No perdí un momento y me conecté a las cámaras y pude ver a mi mujer con un salto de cama negro que dejaba ver su tanga del mismo color. Puse el sonido y se le oía:

“Tú entra cuando yo te diga y con los ojos cerrados, tengo un regalo para ti”.

Se sentó en la cama y ordenó a José que entrara. José abrió la puerta y ella le dijo:

Ana: “Abre los ojos”.

José: “Joder qué pasada, eres una hermosa mujer, estás buenísima. Levántate y date la vuelta”.

Ana hizo lo que su amante le dijo y se acercó a él. Lo besó con un beso eterno y él la empezó a sobar sin parar. Le quitó el salto de cama y empezó a chupar sus pezones. Ella gemía sin parar.

Ana: “Cómo me gusta follar contigo, me gusta ser tuya. Quítate la ropa y dame tu polla”.

Él se quitó todo y ella se puso de rodillas y chupaba aquella polla con unas ganas brutales, lamió sus huevos sin parar y él solo le decía:

“No pares por favor, qué gusto. Eres fantástica. Qué perra, me pones muy caliente y parezco un perro en celo contigo. Ponte a cuatro patas”.

Ya en la cama, Ana se puso a cuatro patas y José le metió la polla y entonces mi esposa empezó a gemir.

Ana: “Yo sí que me siento como una puta contigo, quiero ser tu puta, tu zorra, tu perra, haré lo que me pidas. Sigue, sigue, qué gusto Dios, qué polla. Fóllame, fóllame. Hoy quiero follar sin parar contigo. Quiero comerme tu leche, la quiero en mis tetas, en mi coño. José, dame fuerte, no pares”.

Esa era Ana años atrás, cuando me la follaba yo después de salir a buscar algún amante. Se la follaban y luego me la follaba yo. Ahora eso le toca a ella y me jode, pero no puedo hacer más que mirar.

José: “Me corro dentro, me corro”.

Ana: “Sácala y échala en mi culo. En el culo”.

Así fue, José la sacó y meneándosela la echó en su culo.

Se tumbaron en la cama y Ana se puso junto a la polla de José y se la limpió entera.

José: “Qué bueno, es como un sueño”.

Ana: “Te propongo que todos los días me folles. Un día me vestiré así, otro de otra forma. Y lo que me pidas”.

José: “De acuerdo. Yo te compraré lo que quiero para cada día y eso se quedará aquí y cuando vayamos a Tenerife te llevas esos conjuntos”.

Ana: “Bien. Ahora me visto que he quedado con mi marido”.

Ella volvió a casa y me preguntó si me había gustado.

Yo: “Claro que me gustó”.

Ana: “Mañana más”.

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