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Triada Oscura de la Personalidad PDF Mi Tentación Prohibida

6746 palabras

Triada Oscura de la Personalidad PDF Mi Tentación Prohibida

Estaba en mi depa en Polanco, con el calor de la noche de México City pegándome en la piel como una promesa sucia. El ventilador zumbaba pendejo, moviendo el aire caliente sin refrescar nada. Agarré mi laptop, aburrida hasta la madre, y empecé a googlear chingaderas sobre psicología, porque neta, a veces me late entender por qué los cabrones me prenden tanto. Ahí lo vi: triada oscura de la personalidad pdf. Un link directo a un archivo gratis, prometiendo revelar los secretos de los tipos narcisistas, maquiavélicos y psicópatas. ¿Y qué pedo? Pensé, descargándolo sin chistar. El archivo se abrió rápido, páginas llenas de texto denso, explicando cómo esos rasgos oscuros hacen a un vato irresistible, manipulador, sin empatía pero con un carisma que te deja mojadita.

Leí un rato, y de repente, todo encajó como rompecabezas chueco. Diego, mi carnal ocasional, el wey que me voltea los ojos con solo una mirada. Narcisista total, siempre queriendo ser el centro, presumiendo su cuerpo marcado en el gym. Maquiavélico, planeando cada cita como si fuera una conquista estratégica. Y psicópata leve, sin remordimientos cuando me deja temblando de placer sin piedad.

¿Será que este triada oscura de la personalidad pdf me abrió los ojos o solo me calentó más?
Mi pulso se aceleró, el calor entre mis piernas ya no era solo del clima. Le mandé un whats: "Ven ya, tengo algo que mostrarte". Respondió en segundos: "En camino, nena".

Media hora después, la puerta sonó con ese golpe firme que me eriza la piel. Abrí y ahí estaba Diego, alto, moreno, con esa sonrisa de tiburón que dice "te voy a devorar". Olía a colonia cara mezclada con sudor fresco del tráfico, un aroma que me pega directo en el clítoris. "Qué onda, Ana, ¿qué traes?", dijo entrando, quitándose la chamarra y quedando en playera ajustada que marcaba sus pectorales. Lo jalé al sillón, le pasé la laptop abierta en el triada oscura de la personalidad pdf. "Lee esto, wey. Eres tú al cien".

Se rio bajito, ese sonido grave que vibra en mi pecho. Se acercó, su muslo rozando el mío, calor irradiando como fogata. "Neta? ¿Y te prende o te espanta?" Sus ojos, negros como pozos, me clavaron. Sentí mi blusa pegajosa de sudor, pezones endureciéndose contra la tela. "Me prende, pendejo. Me hace querer que me muestres lo oscuro que eres". Él hojeó el PDF un segundo, luego lo cerró de un golpe. "Olvida el pinche pdf. Te voy a enseñar la triada en carne viva".

Su mano grande subió por mi muslo, despacio, dedos ásperos de tanto gym rozando mi piel suave. El roce era eléctrico, como chispas en piel mojada. Mi respiración se entrecortó, olor a su aliento mentolado invadiendo mi nariz mientras se inclinaba. Es manipulador, lo sé, pero qué chido se siente rendirme. Me besó el cuello, lengua caliente lamiendo el sudor salado, saboreando mi pulso acelerado. "Narcisista: quiero que grites mi nombre hasta ronca", murmuró, mordiendo suave. Grité bajito, "¡Diego!", y él sonrió triunfante.

Me levantó como si nada, cargándome al cuarto. La luz tenue de la lámpara pintaba sombras en su espalda ancha. Me tiró en la cama, el colchón hundiéndose suave bajo nosotros. Se quitó la playera, músculos flexionándose, piel bronceada brillando de sudor. Olía a macho puro, testosterona y deseo crudo. "Maquiavélico: sé exactamente cómo hacerte rogar". Sus manos expertas desabrocharon mi jeans, bajándolos lento, besando cada centímetro de piel expuesta. Mis bragas ya empapadas, olor a mi excitación flotando en el aire caliente.

Pinche PDF, me abrió las piernas antes que él
.

Me abrió las piernas con rodillas firmes, su boca descendiendo. Lengua experta lamiendo mi clítoris hinchado, chupando con succión perfecta. Gemí fuerte, "¡Ay, wey, no pares!", saboreando mi propio jugo en su barbilla cuando levantó la vista. El sonido húmedo de su boca en mí, slap-slap rítmico, me volvía loca. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, el punto G que explotaba placer. Mi cuerpo arqueado, uñas clavándose en sus hombros, dejando marcas rojas. Es psicópata en la cama, sin piedad, pero me encanta, me empodera sentirlo todo. "¡Más, cabrón!", exigí, y él aceleró, mi primer orgasmo rompiéndome en olas, jugos salpicando su mano.

Pero no paró. Narcisista, quería más adoración. Se puso de pie, bajándose el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precum que olía salado y dulce. "Chúpamela, Ana. Muéstrame lo que te hago". Arrodillada, la tomé en boca, lengua rodeando la cabeza hinchada, saboreando su esencia masculina. Él gruñó, manos en mi pelo guiándome, follándome la boca profundo pero cuidadoso, siempre chequeando mi mirada de "sí, sigue". El sonido de succión, glug-glug, y sus gemidos roncos llenaban el cuarto.

Me levantó de nuevo, volteándome de perrito. Su cuerpo pegado al mío, pecho peludo contra mi espalda, verga rozando mi entrada mojada. "Psicópata: te voy a romper sin remordimientos". Empujó lento al inicio, estirándome delicioso, cada vena sintiéndose en mis paredes. Luego aceleró, embestidas fuertes, piel chocando piel con palmadas resonantes. Olía a sexo puro, sudor mezclado con nuestros fluidos. Mis tetas rebotando, pezones rozando sábanas ásperas. ¡Qué chingón! Grité, "¡Fóllame más duro!", y él obedeció, mano en mi cadera, otra pellizcando mi clítoris. El calor building, tensión en espiral, mi mente nublada solo en su polla llenándome.

Cambié de posición, montándolo yo. Poder en mis manos ahora. Sus ojos devorándome, narcisista complacido. Reboté fuerte, verga hundiéndose profundo, golpeando mi cervix con placer punzante. Sudor goteando de su frente a mis tetas, salado en mi lengua cuando lo lamí. Gemidos sincronizados, "¡Sí, Diego, eres mi triada oscura!", jadeé. Él de abajo, caderas subiendo brutal, manos amasando mis nalgas. El clímax nos pegó juntos, mi coño contrayéndose ordeñándolo, chorros calientes llenándome, desbordando por mis muslos. Grité su nombre, él rugió el mío, cuerpos temblando en éxtasis compartido.

Colapsamos, enredados, piel pegajosa y palpitante. Su corazón latiendo fuerte contra mi oreja, olor a sexo impregnando las sábanas. Me besó la frente, suave ahora, "Eres la única que maneja mi oscuridad, Ana". Reí bajito, el PDF tenía razón, pero en la vida real es mejor. Nos quedamos así, respiraciones calmándose, el ventilador zumbando de fondo. Mañana borraría el archivo, pero la triada oscura de Diego ya era parte de mí, una adicción consensual que nos unía más. Qué chido ser follada por la oscuridad.

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